Ofrecer una posibilidad, por pequeña que sea, a aquellos jóvenes que por circunstancias de la vida se han encontrado solos ante los retos del futuro. Ayudar a encontrarles una salida, darles un punto de apoyo, ofrecerles un consejo y darles la mano cuando lo necesiten, es la función de la asociación Punt de Referència.

Desde hace más de 20 años, un grupo de profesionales trabaja con jóvenes que, cumplidos los 18, se ven obligados a abandonar el sistema de protección que las administraciones ofrecen a los menores de edad. Es a partir de ese instante, cuando chicos y chicas deben formarse para labrarse un futuro digno y buscar un trabajo que les permita afrontar la vida con garantías, cuando más necesitan un apoyo emocional, alguien que les dé la mano cuando lo necesiten y luche con ellos para evitar que caigan en el riesgo de la exclusión social.

"Nacimos hace 20 años por una reflexión de los propios jóvenes, que decían: es verdad que la administración nos da pisos, nos ayuda a encontrar trabajo, pero estamos solos en este proceso. Y es ese punto de soledad lo que nos pesa más. No tenemos un adulto de referencia con quien hablar, a quien consultar, que nos acompañe y nos guie, que esté a nuestro lado, que nos dé la mano". Así explica Rita Grañé, directora del equipo profesional de la asociación, las motivaciones que llevaron al nacimiento de Punt de Referència, que cuenta con el apoyo de la Fundación La Caixa.

MENTORES VOLUNTARIOS

Como la mayoría de las asociaciones que se encargan se suplir las carencias de la administración en temas sociales, Punt de Referència recurre al voluntariado para sacar adelante sus proyectos. Esos voluntarios se conocen como mentores, personas que actúan como guías, maestros, padrinos, amigos y cuidadores. Personas que dedican su tiempo libre a los demás sin otro interés que el de ayudarles a integrarse en la sociedad.

Los jóvenes y sus mentores realizan las actividades más diversas
Los jóvenes y sus mentores realizan las actividades más diversas

"Trabajamos con voluntarios"·, explica Rita, "a los que seleccionamos y formamos. Les ponemos en contacto con los jóvenes y poco a poco se van conociendo, van haciendo actividades y se va creando un círculo de confianza entre ellos. Siempre bajo nuestra supervisión, ya que cada semana estudiamos como evoluciona cada caso. El mentor se va convirtiendo en una persona de confianza para el joven. El objetivo es que en seis meses la relación sea como si fueran amigos autónomos".

Es un modelo de acompañamiento, ahora ya implantado en la universidad y en el mundo empresarial, que Punt de Referència empezó a practicar hace años. "Somos los referentes a nivel español en el uso de mentores para las personas en riesgo de exclusión".

PISOS ASISTIDOS

La asociación desarrolla varios modelos de relación entre mentores y jóvenes. Por un lado, cuenta con pisos asistidos en los que los jóvenes, siempre bajo la tutela de un profesional, aprenden a desenvolverse en la vida cotidiana, a asumir responsabilidades, a relacionarse, a mantener la convivencia y a cumplir los objetivos marcados. Nada se deja al azar.

También existe la posibilidad de que el joven conviva durante unos meses con una familia de acogida, que igualmente contará con el apoyo profesional necesario para conseguir que el proyecto funcione.

Una tercera opción es aquella en la que los voluntarios ceden una vivienda. En ella se instalan los jóvenes, que cuentan con el apoyo de los voluntarios que viven cerca de ellos, logrando establecer una relación, pero si compartir piso.

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN

Para la asociación, la educación es clave para el futuro de los jóvenes, aunque hay una cifra escalofriante. "El índice de fracaso escolar es del 50 %", afirma Rita. "Siempre que podemos, seguimos sus estudios, les ayudamos a lograr becas y buscamos que asuman su responsabilidad. Les acompañamos para que mantengan un buen nivel de estudios y, además, les enseñamos a vivir de manera independiente. Muchos ni saben cocinar, ni poner una lavadora, y mucho menos gestionar el presupuesto de una vivienda. Les enseñamos a que tengan cuidado de las cosas y de sí mismos".

El futuro de muchos jóvenes depende de su educación
El futuro de muchos jóvenes depende de su educación

Sin embargo, el problema de la educación se agrava en muchos casos por las dificultades con el idioma, porque son jóvenes que en sus países de origen nunca han sido escolarizados, o por las enormes contrariedades vitales que cargan sobre sus espaldas. Algunos son menores, que viajen sin familia, con la esperanza de encontrar un trabajo que nunca llega, y que acaban, en el mejor de los casos, al amparo de las entidades sociales que se encargan de ayudarles.

"Nosotros estamos con ellos desde los 18 años hasta más o menos los 25. Todos deben salir de aquí con un trabajo que les permita ser autónomos, ya que entonces ya no hay un sistema que les ayude". dice Rita. "Para ello hemos puesto en marcha un proyecto laboral en el que voluntarios les ayudan a hacer prácticas en las empresas en las que ellos trabajaron, y estamos en contacto con otras organizaciones para buscar ofertas de trabajo".

MÁS DIFÍCIL

Más dificultades parecen tener las chicas para integrarse en el sistema. Lo reconoce Rita: "No sé si es porque son más autosuficientes o porque tienen una red natural más fuerte, pero les cuesta más pedirnos ayuda. Ahora estamos trabajando intensamente para que crezca su número, pero hay muchas chicas que lo que hacen es buscar una relación personal que sustituya la relación familiar que les ha faltado en su vida".

Y eso puede conllevar muchos problemas, entre otros el del embarazo. "Hay muchas maternidades en menores de edad. Si llegan a nosotros embarazadas o con hijos, el mentor o la mentora están con ella y con su hijo y se organizan actividades para las dos. Y también se busca un espacio para que ella pueda estar sin su hijo, para que pueda establecer relaciones individuales".

Para Punt de Referència, que cuenta entre sus profesionales con educadores sociales, psicólogos, antropólogos y sociólogos, entre otros, la satisfacción mayor es que uno de los jóvenes que recurren a sus servicios salga de allí preparado para enfrentarse a la vida, con un camino recorrido que le sirva de referencia e integrado en la sociedad que le rodea. Es el triunfo de un trabajo tan necesario como complicado, tan exigente como satisfactorio, tan absorbente como ilusionante, y en el que la palabra desánimo no tiene cabida. Por el bien de todos.