Turistas, padres, profesores y alumnos comparten puerta para acceder al Park Güell. Primera hora de la mañana. Clima agradable. Un grupo de turistas asiáticos atienden a las explicaciones del guía frente a la entrada. Otros sacan fotografías con entusiasmo. Un padre se abre paso en la cola: “Voy a dejar a mi hija a la escuela”, especifica a la controladora del monumento. “Adelante”, contesta ella con naturalidad. El padre y la niña sortean la marea de visitantes –ensimismados con la creación de Gaudí– hasta llegar a su destino: la escuela pública Baldiri Reixac, que habita –literalemente– en las entrañas del Park Güell.

Allí me reúno con Sandra Martí, la directora del centro, una persona llena energía y nuevos proyectos. La escuela –que cuenta con más de 200 alumnos– no solo es especial por su localización privilegiada, sino porque ha sabido sacar el máximo provecho del entorno, integrando todo lo que está relacionado con el Park Güell y la figura de Gaudí. “Los alumnos son tan especialistas que cuando hacemos encuentros con monitores del Park Güell se lo saben todo”, explica Martí. “La Sala Hipòstila, el Banc Ondulat...”, empieza a enumerar.

Para que adquieran este conocimiento, la escuela ha impulsado proyectos interdisciplinares incluidos en el programa lectivo. “Siempre se había trabajado Gaudí en la escuela, pero de forma puntual. Este curso hemos decidido hacerlo todos juntos durante un periodo”, relata la directora.

Uno de los proyectos es el teatro. “Es importante para que pierdan la vergüenza y aprendan a memorizar”, cuenta. También incluyen las creaciones de Gaudí en la asignatura de plástica donde algunos años asiste un especialista en trencadís para enseñarles la famosa técnica que caracteriza a Gaudí.

El trabajo de los alumnos relacionado con Gaudí | P.B.
El trabajo de los alumnos relacionado con Gaudí | P.B.

Por otra parte, los alumnos imparten conferencias sobre el Park Güell entre ellos. “Se lo explican mutuamente y así aprenden a adaptar su discurso a grupos de otras edades”, especifica. Asimismo, realizan cursas en el parque al mismo tiempo que aprenden los nombres de los árboles a través de juegos. “Pretendemos que sea un proyecto innovador. Por ejemplo, los alumnos de inicial se fijaron en las escalinatas, luego observaron las escaleras de su casa, y tuvieron que diseñar las que les gustaría tener en un futuro”, narra entusiasmada.

En la escuela –que en su momento era la masía de Joan Güell– Gaudí dejó su imprenta con un luminoso invernadero. Sin ir más lejos, existe un libro sobre la historia del lugar y ahora dentro han colocado un pequeño museo para que los alumnos entiendan dónde están. “Aquí había una vida y la sientes, ¡la tocas!”, exclama Martí.

CONVIVEN EN SINCRONÍA CON LOS TURISTAS

Según Martí, una de las preguntas más frecuentes es la relación de la escuela con los turistas. “Los que visitan el parque durante el año no molestan nada”, confiesa. “En verano, que es cuando vienen más escuelas, hay más ruido, pero no es insoportable”.

Un padre caminando con su hija por el Park Güell en dirección a la escuela | P.B.
Un padre caminando con su hija por el Park Güell en dirección a la escuela | P.B.

De hecho, también han sabido encontrar el lado positivo de la situación. Aprovechando la asignatura de inglés, los alumnos salen por el parque a hacer encuestas a los turistas. Les preguntan de dónde vienen, por ejemplo. “¡Aplicamos la lengua de una forma útil!”, cuenta la directora.

La parte más graciosa de localizarse en las entrañas del Park Güell es que algunos turistas se confunden y terminan haciendo cola donde no les toca. Por ejemplo, se suman a la fila para recoger a los niños de P3. Entonces, a alguien le toca especificar: “This is not a museum, this a school”, zanja riendo la directora.