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El 9 de julio de 1939, Alfonso Laurencic, un yugoslavo de origen austriaco, era fusilado en el Campo de la Bota por crear las dos checas más crueles de Barcelona durante la Guerra Civil. Por ser un torturador refinado. En las checas que él diseñó en las calles Vallmajor y Zaragoza, se convirtió en un artista de la tortura.

El Servicio de Inteligencia Militar quiso construir nuevas celdas de castigo en Barcelona como las antes construidas en Madrid y Valencia, siguiendo los modelos de las temidas cárceles rusas. Laurencic ideó unas celdas llamadas “neveras”, que eran cuadrangulares y estrechas, recubiertas en su interior de cemento poroso. Un depósito de agua situado en la parte superior iba filtrando un líquido a través del techo y las paredes. El habitáculo pasaba a ser una nevera, una tortura para las víctimas, que podían estar allí horas casi a oscuras. Junto al techo solo había una minúscula abertura como respiradero.

La periodista y escritora Susana Frouchtmann Corachán investigó la vida de este siniestro personaje porque, de pequeña, la viuda del arquitecto de las checas, sirvió como asistenta en su casa. Su libro El hombre de las checas repasa la vida de este tétrico artista de la tortura.

Su familia le ocultó la historia de esa sirvienta que les cuidaba.
Soy hija de un falangista, que fue secretario provincial de la Falange en Barcelona. También soy nieta de un republicano que fue Consejero de Sanidad con Companys. Esta mezcla en mis padres siempre funcionó. Mi madre defendió que la monarquía estaba obsoleta, que no tenía sentido. Pero se entendía muy bien con mi padre y el matrimonio funcionó. Siempre me ocultaron la historia de esa señora que tuvimos sirviendo en casa durante 30 años y de quién había sido su marido.

¿Y por qué se lo ocultaron?
No lo sé. Sólo me dijeron que los rojos habían encarcelado a su marido y le obligaron a construir las checas. Pero no era así, claro. Fue impactante saber la verdad. Mirando documentación sobre la Guerra Civil, vi un artículo titulado “Laurencic, el monstruo de las checas”. Yo sabía que la institutriz que teníamos en casa había estado casada con Laurencic. Nunca pregunté nada a mi madre ni a la señora. ¡Cómo somos los hijos! No nos importa nada un pito cuando somos pequeños… Si no has vivido la guerra, todo eso te suena a pasado. Mi familia también se encargó de que no lo supiéramos.

Laurencic era el responsable de las temidas checas de la calle Zaragoza y Vallmajor.
Exacto. La de la calle Vallmajor fue más importante. Era un monasterio de monjas que ocuparon los responsables de las checas. Instalaron allí las celdas de tortura y también sus residencias para vivir que, por cierto, decoraban muy bien. En los sótanos estaban las checas y las celdas.

Pero Laurencic no era político.
No, nada. Ni tampoco se sentía catalán o español. Alfonso Laurencic era un apátrida. Nació en París pero de origen húngaro expulsado de Francia durante la Primera Guerra Mundial, como todos los húngaros. Fue el ideólogo de las checas de Barcelona, pero hizo de todo para sobrevivir. Vendía pasaportes falsos, engañó y era un buscavidas. Se inventó que era arquitecto para sobrevivir en la Barcelona de la Guerra Civil.

"Algunas celdas eran húmedas. Eran un habitáculo incómodo, inclinado, donde el preso no podía descansar"

En realidad, sólo sabía dibujar.
Sí, sí. Sólo tenía conocimientos de un poco de todo y los empleó para poder seguir viviendo bien, ya que estaba acostumbrado a vivir bien antes de la Guerra Civil y quería seguir igual.

¿Hizo todo eso y no tenía ideología política?
Ninguna. Es cierto que se estaba afiliado a los sindicatos CNT y UGT, pero porque era obligatorio para seguir trabajando como músico. Tampoco tuvo simpatía ninguna por los presos, esto por descontado. Es curioso que los torturadores no sentían desprecio por los torturados cuando confesaban, no los veían como traidores que habían delatado a sus compañeros. Entendían que era normal confesar en las condiciones tan duras psicológicas y físicas a las que les sometían.

¿Y esas checas tan temibles cómo eran?
Un terror. 30 personas prisioneras podían dormir en pocos metros cuadrados. Allí comían y hacían sus necesidades. Cuando los querían interrogar, para hacerlos confesar, los ponían antes en estas celdas de castigo que diseñó Laurencic. Algunas celdas eran húmedas. Eran un habitáculo incómodo, inclinado, donde el preso no podía descansar. También los tiraban a algún pozo con el agua al cuello, a punto de ahogarse, o les colocaban unos segundos boca abajo en el agua. O hacían simulacros de fusilamientos con la tumba cavada al lado para infundir más miedo todavía en el preso. Un horror.

"Utilizó sus conocimientos para seguir vivo en un conflicto que, en el fondo, le importó un pito"

La foto de Alfonso Laurencic de la portada de su libro tiene su historia también.
Sí, porque no encontraba ninguna. La tuve que encontrar en los archivos de Salamanca, en los papeles que no han devuelto. No todo lo han devuelto a Catalunya. Se ve en la foto que Laurencic era muy presumido, muy atildado. Para poder sobrevivir, sobrepasó todos los límites morales. Era muy prepotente. Lo describo como un pijo rematado porque no se me ocurre nada más. Utilizó sus conocimientos para seguir vivo en un conflicto que, en el fondo, le importó un pito. Él solo quería salir de esa Guerra Civil.

¿Los dibujos y diseños de las checas también los he encontrado en el archivo de Salamanca?
Sí, Laurencic les dijo a los responsables de las checas que sus dibujos se inspirarían en la escuela de la Bauhaus, cuando los chequistas ni siquiera sabían lo que era la Bauhaus. Les prometió que sus diseños volverían locos a los presos. Todo para sobrevivir.

¿Y por qué la izquierda no quiere recordar ese pasado estalinista, ni esas torturas?
A ver… Yo no intento politizar la historia. Una vez has entrado en una guerra civil, ya todo es espantoso. Te enfrentas a alguien de tu familia, posiblemente. O a un amigo tuyo. Las familias se fueron separando por ideología. A la izquierda no le gusta hablar de ese enfrentamiento entre el POUM y el PSUC, entre los trotskistas y los estalinistas.

A veces, ser crítico con uno mismo no es fácil.
Claro. Contigo mismo no es tan fácil. Pero yo he intentado ser muy apolítica en este libro. Sin esconder nada, he intentado ser apolítica. Que cada uno haga la lectura que quiera. Sólo he explicado la vida de una persona que, en tiempos de guerra, ayudó a unos criminales a que la vida de los presos fuera peor. Y no sintió ninguna empatía, ni humanidad. No sintió ningún límite moral porque no lo tenía. Primero estaba él.

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