Los vigilantes de Colau suben de nivel

Actualizado: 20/06/2017 18:01 h.
Lluís Regàs

LLUÍS REGÀS ROCAMORA

Director de Metrópoli Abierta

Artículos de opinión del director de Metrópoli Abierta Lluís Regàs Rocamora, en los que expresa su opinión sobre los temas de más actualidad de Barcelona.

Ada Colau y los suyos han cambiado su discurso. La alcaldesa, aquella activista que en el pasado desafió a la autoridad policial, concede ahora nuevos poderes a los vigilantes de los parquímetros, para malestar de muchos ciudadanos, hartos de la presión del actual equipo de gobierno contra el vehículo particular y su afán recaudatorio en las zonas de aparcamiento.

La medida, que entrará en vigor a partir del 1 de julio, provocará muchos debates y controversias. Aplaudida por la Síndica, Maria Assumpció Vilà, tras acumular algunas denuncias, disgusta (por decirlo sin ofender a nadie) a muchos conductores, que perciben Barcelona como una ciudad cada vez más incómoda para sus desplazamientos.

Los vigilantes de la zona azul pasarán a ser, en breve, agentes de seguridad. A efectos jurídicos, tendrán el mismo rango que un guardia urbano, aunque falta por ver cuál es su verdadera formación. La medida fue defendida este martes por el socialista Jaume Collboni, teniente de alcalde y principal aliado de los 'comuns' en el Ayuntamiento de Barcelona.

El tráfico es, según una encuesta reciente realizada por Time Consultants, el segundo motivo de preocupación de los barceloneses. El gobierno de Colau, preocupado por los altos índices de contaminación de la ciudad, opta por medidas drásticas para combatirlo y se empeña en prolongar el tranvía por la Diagonal, pese a algunos informes que desaconsejan tal medida por el impacto negativo que tendrá en algunas calles próximas. La mejor respuesta al problema no pasa por potenciar las medidas disuasorias, sino por ofrecer alternativas viables, por un servicio público de nivel, un deseo muy lejos de la realidad. Los paros parciales de cada lunes en el metro y la amenaza de huelga en el autobús no invitan al optimismo.

Sólo la masificación turística es percibida por los barceloneses como un asunto más delicado que el tráfico. En los últimos meses, las tensiones han subido de tono. Las manifestaciones y algunas actitudes beligerantes contra los turistas se han multiplicado en la misma medida que el gremio de hoteles y los comerciantes están que trinan con los planes del consistorio.

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