Sales de la parada del metro de Bogatell y te diriges a tu domicilio al caer la tarde. Al acercarte descubres que está pasando algo especial. Debe ser gordo porque una calle está cortada y descubro que hay coches de bomberos, policía municipal y una ambulancia. Las sirenas luminosas en marcha le confieren un aire de mayor tensión. Me encuentro con una vecina conocida y le pregunto qué está pasando. “Alguien dice que se va a tirar a la calle”, me explica. Desde donde estamos no podemos ver a ese hombre y los policías municipales no dejan que nos acerquemos.

Me dicen que han extendido una lona por si el presunto suicida acaba lanzándose al vacío pero no la veo. Por otra parte, tengo entendido que muchos cuerpos de bomberos dudan de la eficacia de estas lonas de salvamento y que prefieren desplegar grúas mecánicas hasta alcanzar a esa persona y retenerla o intentar disuadirla del propósito que quitarse la vida.

Cuando me estoy planteando si avisar a los compañeros de Metrópoli Abierta del incidente, veo como un bombero y un sanitario introducen a alguien que anda con dificultades en la ambulancia que está cerca de mí. Al poco rato se marcha y se desmonta el dispositivo de seguridad.

Indago quien era el protagonista del caso. Me explican que se trata de una de las personas que viven y duermen en las calles de nuestro barrio. A saber cómo se subió ahí arriba. Inútil intentar averiguar por qué amenazaba con quitarse la vida.

Probablemente esa persona tenga la sensación que molesta. Algunos vecinos seguramente se lo habrán demostrado. Hace unos meses, para que no durmieran en algunos soportales, algunas comunidades invirtieron dinero en mover hacia el exterior los portones de rejas para dificultar que esas personas durmieran en el suelo ante la entrada de las casas. Sirvió de bien poco, porque pasaron a dormir más al descubierto o en otros rincones del barrio.

¿Qué habrá sido de ese hombre? ¿Dónde lo llevaron? ¿Volverá a intentar quitarse la vida? ¿Tendrá más éxito y decisión en una nueva tentativa?

Al día siguiente todos hablábamos de él en las tiendas y bares de la zona. Dos días después lo habíamos olvidado.

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