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Cuando era pequeñito, mi hermano y yo nos sentábamos frente al televisor para ver el Torneo de las Cinco Naciones. Rugby del bueno. Todavía sigo sin comprender del todo las reglas de ese juego, pero qué espectáculo. Un buen partido de rugby es cosa de ver. En cambio, perdonen ustedes, el fútbol me aburre una barbaridad. Soy incapaz de aguantar un minuto de partido sin cambiar de canal y hay días en los que la frontera entre el aburrimiento y el aborrecimiento es tan fina que se diría inexistente. Por eso me enteré de casualidad que el Real Madrid Club de Fútbol y el Fútbol Club Barcelona se iban a ver las caras en el terreno de juego, tan lejos me caen los asuntos del balompié.

Esta vez, sin embargo, el encuentro venía adornado con promesas de folclore procesista, por eso me enteré de que se jugaba. Una vez más, acudieron gentes de pueblo a la ciudad reclamados por una voz anónima (ejem), sin saber muy bien a qué venían ni qué iban a hacer. «A lo que nos digan», respondían ante los micrófonos, tal cual. Tanta fe, si no fuera trágica, sería enternecedora. Los anónimos promotores han agradecido el esfuerzo de los voluntariosos visitantes, aunque reconocen que no les fue tan bien como hubieran querido.

Cuentan en los periódicos que querían sobrevolar el campo de fútbol con un par de drones de los que habrían colgado proclamas procesistas. Una hubiera proclamado que somos un pueblo oprimido y tal. Ya saben: como explica con tanta pasión la inefable Pilar Rahola, es una opresión insoportable que a las rentas de más de 90.000 euros al año les procuren una subida de impuestos de 60 euros. La otra hubiera sido evangélica, aunque en vez de «Levántate y anda» hubiera dicho «Sit & Talk». No es el nombre de una taberna irlandesa, sino «Siéntate y habla», en imperativo. Pues me parece a mí que llevan ya mucho tiempo sentados y hablando los de ERC con el PSOE por ver si nos vamos a elecciones o qué, y me da que volvemos a vernos en las urnas de aquí a poco.

En fin, que lo de sobrevolar el campo como que no. Lo normal, porque es una precaución policial contraterrorista muy lógica impedir que un artefacto no autorizado sobrevuele un estadio lleno de gente, porque vete a saber qué puede llevar colgando y alguno podría hacerse daño. En su defecto, tiraron unas pelotitas amarillas al campo, muy cursi todo.

En el exterior del estadio no estaban para cursiladas y salió lo peor del procesismo. De nuevo destrozos en la vía pública. Quemaron contenedores y hubo cargas policiales. Me pregunto si el Ayuntamiento de Barcelona tomará cartas en el asunto y se personará como parte afectada contra quienes destrozan el mobiliario urbano, interrumpen el tráfico, joden a los vecinos y, encima, contaminan el aire de la ciudad, que ya tenemos bastante cargado estos días.

También destacaría el trato dispensado a la prensa. Dando sobradas muestras de tolerancia y respeto, una vez más abuchearon a los corresponsales de las cadenas de televisión que retransmitían el espectáculo, con la intención de hacerles la vida imposible. En éstas, apareció una señora con un capazo muy grande a cuestas y empezó a arrojar excrementos de burro alrededor de una corresponsal, en directo. Venga a echar mierda a mano desnuda, además, lo que no me parece muy higiénico. Sabemos que eran bostas de borrico porque la señora lo especificó en voz alta, mientras el público jaleaba la «performance».

Pero vamos a ver. ¿Esta señora se vino con un capazo lleno de caca de burro desde su pueblo hasta la ciudad para aquí arrojarla al suelo o tenía previstos otros planes con esa mercancía?¿Hizo todo el viaje con la mierda a cuestas? ¿En transporte público o privado? Esto ¿en qué cabeza cabe? ¿Es esto normal? ¿Se limpió las manos después? Seamos benévolos: ¿era abono para los geranios?  Ni Berlanga en sus mejores días.

¡Cuántas preguntas sin respuesta! Lo único que quedó claro es que la periodista tuvo que hacer su trabajo rodeada de mierda.