Al síndic de greuges de Cataluña, Rafael Ribó, no le gusta Barcelona. De ahí que se pasé la vida viajando. En la ciudad tiene de todo. Empezando por una sede barcelonesa en la que para poco en razón de sus múltiples viajes, una web y una oficina de prensa que publicita sus hazañas. En una de las últimas entradas figura el siguiente titular: “El síndic comparece en el Parlamento británico para explicar la situación de los derechos humanos en Cataluña”. Ya se sabe: un desastre infinito. Aquí, por discrepar del gobierno central te meten un puro y te hunden en la miseria. Por ejemplo, a Quim Torra, por opinar en contra le pagan casi 150.000 euros al año, como hacen las buenas dictaduras. Al propio Ribó le sueltan una pasta y además le costean los desplazamientos que hace sentimentalmente acompañado, para sobrellevar el dolor de la represión con mayor entereza.

Ahora ha ido nada más ni nada menos que al Parlamento británico a denunciar todo lo denunciable. La noticia fue recogida acríticamente por parte de la prensa subvencionada, pero hubo un observador (el autor del blog Cita Falsa) a quien le pareció algo muy raro y se puso a investigar. Gracias a internet y a la transparencia de las instituciones británicas no le resultó difícil descubrir que Ribó no intervino en el Parlamento propiamente dicho sino en un anexo destinado a diversas asociaciones de parlamentarios. La que invitó a Ribó se llama, según el gabinete del síndic, The All Party Parliamentary Group On Catalonia (APPC). Es una asociación de parlamentarios del Reino Unido promovida en su día por un tal Raül Romeva, el encargado (sin gran éxito) de conseguir que la república catalana fuera reconocida por las potencias occidentales y por algunas de otras galaxias. Tan vinculada está esa asociación al Ejecutivo catalán que su dirección de correo tiene la terminación Gencat.cat.

Nota intermedia: hay fotos de la intervención de Ribó, acompañado de un irlandés que sabe mucho de Barcelona. Están los dos solos en la mesa y en el público se cuentan exactamente tres cabezas. Es posible que alguna sea del área de prensa de la sindicatura. Es decir, su presencia sólo le interesó a él y a sus escribas.

Pero no está de más ver quiénes son o han sido miembros de la asociación, presentada como si fuera una comisión parlamentaria. Hay algunos diputados del Scottish National Party (SNP): normal. Hay además un par de diputados nacionalistas galeses; un laborista de Gales y otro, partidario del brexit y de limitar la presencia de inmigrantes. Y dos conservadores, ambos partidarios del brexit duro.

Está también una tal Natalie McGarry que figura como diputada independiente. En realidad fue elegida como miembro del SNP, pero acabó fuera de él, acusada de fraude. El 24 de abril pasado se declaró culpable de malversación y fue condenada a 18 meses de prisión.

Hay dos o tres nobles. De ascendencia. Uno de ellos se llama Cris Rennard, Lord Rennard para sus amigos más íntimos. Es miembro del partido Liberal demócrata, aunque no se lleva bien con todos sus miembros. Sobre todo con algunas mujeres. Hasta cuatro lo denunciaron por acoso. Una investigación del propio partido llegó a la conclusión de que sería muy difícil conseguir una condena judicial, pero la autora del informe sobre su conducta aconsejó que pidiera disculpas y que en adelante modificara sus pautas de comportamiento porque parecía claro que, al menos, había violado “el espacio personal y la autonomía” de las denunciantes.

Una información aparecida en el Times en enero de 2014 señalaba que la dirección no había procedido contra él porque “sabía donde se escondían los cadáveres” del partido y habría amenazado con hacer públicos comportamientos sexuales internos inadecuados de otros dirigentes, repetidos durante décadas.

Resumen oído a una mujer en el autobús: “Si los malos tuvieran vergüenza, las cosas irían mejor”. Pues eso.

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