Rajoy, Felipe, Barcelona

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Actualizado: 28/03/2017 17:35 h.
Patrycia Centeno

PATRYCIA CENTENO

Experta en comunicación no verbal

La separación debe entreverse tan inminente (o, por lo menos, tan intimidante) que no sólo ha aparecido por casa el marido ausente con un enorme ramo de rosas (“lamento haberte ignorado durante décadas: venga, aquí tienes 1.900 millones de euros para que te compres los trenes que quieras"), también amenaza con instalarse la suegra ("hija, en la convivencia siempre hay que aguantar cosas"). Según apuntan algunos medios, Felipe VI planea aumentar su presencia en Barcelona y recuperar el Palauet Albéniz como residencia oficial. Ya durante la celebración del Mobile World Congress, el actual rey hizo noche por primera vez en sus reales aposentos. Aprecien aquí toda una declaración de intenciones: “Esta es mi casa”. 

Ubicado en Montjuïc y fortificado por los jardines de Joan Maragall, el edificio fue levantado a principios del siglo XX para alojar a Alfonso XIII y su familia en el espacio firal durante la Exposición Universal de 1929. Sin embargo, el Palauet Albéniz no sigue las pautas de la arquitectura modernista o mediterránea, ni siquiera sucumbe al apogeo minimalista de aquella época propuesto por la Bauhaus, sino que se inspira en las influencias madrileñas (piedra, pizarra y tocho)... Es decir, este elemento escenográfico se antoja menos empático con la capital catalana que aquella cinta de Woody Allen protagonizada por Johansson, Bardem y Cruz. Alojarse en Pedralbes tampoco parece hoy mejor opción -esta es otra película: "Iñaki, Cristina, Barcelona"-. 

Pese a sus esfuerzos, la estrategia de imagen que persigue Felipe VI para potenciar los símbolos de la grandeza histórica de España y la Corona (mensaje de Navidad y recepciones de Estado desde el Palacio Real) y reconquistar así a la ciudadanía no le servirá aquí. Por suerte o por desgracia, Barcelona funciona como una sociedad burguesa mientras el resto de España, en mayor o menor grado, sigue regida por el feudalismo y la aristocracia. La diferencia se aprecia en el diseño (la sobriedad frente a la pompa): tanto en las ropas de gala (aquí, lo más que toleramos es un smoking; el frac, el chaqué y los uniformes con medallas nos producen alergia) como en el ropaje informal (en los años 80, en el Parlament ya teníamos a Guti con greñas y sin corbata). Que "els catalans no tenim rei" puede sonar tan desafiante pero certero como que "Catalonia is not Spain". No es una simple proclama republicana e independentista para ofender y malmeter, es una realidad estética distintiva para cualquiera que esté dispuesto a atender, entender o, incluso, resolver el conflicto. Para bien o para mal, Barcelona is different.  

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