Rosa Alarcón tendrá mucha faena en TMB. La gestión de la empresa municipal en el último lustro ha sido calamitosa, con el ya destituido Enric Cañas como consejero delegado. El llamado portal de transparencia fue cualquier cosa menos una web transparente, donde los sueldos de sus directivos estuvieron más de tres años sin actualizarse y sus responsables lanzaban evasivas y promesas de una pronta resolución.

Con Cañas como máximo ejecutivo, algunos problemas se enquistaron y otros se multiplicaron por su mala gestión. Por su incapacidad y talante altivo con los sindicatos. Como siempre, las molestias las sufrieron los usuarios, habituados a las huelgas de los trabajadores del metro, ya sea por sus demandas laborales o por la actual crisis del amianto. El mensaje del departamento de prensa y comunicación de TMB siempre ha sido confuso. Sospechoso.

Oriol Pàmies, máximo responsable de comunicación, no confirma ni las evidencias. Amparándose en subterfugios e imprecisiones, negó este lunes que la sanguinaria pelea que acabó con la vida de una persona en Badalona terminara en el metro, cuando las imágenes mostraban al herido tendido en el banco de la estación de Gorg. Pàmies ni tan siquiera admitió que dicha persona hubiera fallecido, cuando el mensaje llevaba horas circulando entre los empleados de TMB. Ni el entrañable Pinocho hubiera sido tan osado en el engaño.

El máximo responsable de comunicación de TMB no acepta las críticas. También detesta que Metrópoli Abierta airee algunos sucesos que ocurren en el suburbano o en los autobuses, como la expulsión de un guardia de seguridad por consumo de pornografía en su puesto de trabajo o cualquier pelea salvaje de las muchas que hay durante los fines de semana. Y se ofusca con las preguntas comprometidas de los medios a sus jefes, tal vez porque se cree el guardián de las esencias de una empresa que necesita mucho Fairy.

 

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