- ¿Quiere usted un consejo?

- Claro. Dígame.

- Si tiene usted un comprador del piso y va a ganar dinero con la venta, negocie con los okupas y págueles un precio para que se vayan.

Quien da el consejo es un agente de la Policía Nacional, a la que uno de mis vecinos en Madrid ha acudido para denunciar la teórica okupación de un piso que tiene en venta. Pero hablemos claro: esto no es okupación, sino ocupación, puesto que la primera, en el origen del movimiento, tenía un componente reivindicativo, político, una especie de ejercicio del "derecho a la vivienda". El fenómeno, que hizo de Barcelona una de las referencias internacionales, está en la capital mayoritariamente en manos de las mafias. Los afectados se preguntan quién protege su "derecho a la propiedad privada".

Esa diferencia, siempre términos generales, puesto que existen casos de todos los tipos en las dos ciudades, puede haber provocado la diferente forma en la que reaccionaron dos alcaldesas en sintonía política, Ada Colau y Manuela Carmena. Mientras la primera ordena a la policía que proteja a los okupas de desalojos contra la ley, la segunda, juez antes que alcaldesa, los tacha de "movimiento tercermundista".

Las zonas okupadas u ocupadas también diferencian el perfil del fenómeno en ambas ciudades. Mientras en Barcelona se concentra en Sant Gervasi, Sarrià, Gracia o Ciutat Vella, en Madrid se centra en Usera, Puente de Vallecas o el Ensanche de Vallecas, un distrito de nuevo desarrollo en la época de la burbuja inmobiliaria, conocido, hoy, como el nuevo Bronx. También se han dado casos en el barrio de Salamanca y otras zonas de mayor poder adquisitivo de Madrid, pero son más minoritarias. Una de esas okupaciones la llevó a cabo, incluso, un grupo de extrema derecha, Hogar Social Madrid. 

A pesar de que con Colau los okupas han aumentado, hasta un 66% según el PP, la cifra, hoy, es mucho mayor en Madrid, donde las autoridades municipales estiman que hay entre 4.000 y 5.000 viviendas okupadas u ocupadas, más de las segundas. En Barcelona, en 2016, la cifra era de 1.065. Por ello, la Delegación del Gobierno de la Comunidad de Madrid creó la figura del coordinador de seguimiento de viviendas okupadas y habilitó un número de teléfono y un correo electrónico: [email protected] En esta dirección, ocupación es con C. El teléfono se colapsó.

Del mismo modo que los okupas llegaron antes a Barcelona que a Madrid, después de las experiencias en Gran Bretaña, Holanda y Alemania, también lo han hecho los desokupas. La primera empresa, que se llama del mismo modo, facturará unos cinco millones de euros en 2017. No pregunten cómo desalojan. Este vecino de Madrid, cuenta, la habría contratado sin hacerlo, pero únicamente le quedó hacer caso al policía. Pagó.