El retorno de atentados contra la libertad de circular por la Meridiana de Barcelona indica que la nueva normalidad de los bandoleros CDR es no fiarse ni de su malasombra. Por eso ya no avisan de los cortes a sus compadres de la consejería de Interior. Desde que entre los chivos detenidos por manejar sustancias explosivas había una, uno o más Judas ya nadie es de fiar. ¿Quiénes chivaron demasiado? ¿Los primeros que soltaron? ¿Los que ni pasaron por el calabozo? ¿Los últimos que liberaron para encubrirlos mejor?

La sospecha de que en los CDR de la Meridiana y aldeas amarillas hay más confidentes e infiltrados que revolucionarios viene de lejos. Por eso la Cupijada abomina de Anna Gabriel, su copa menstrual y su nueva vida en Suiza desde que el CNI hace un favor a ella y a su familia. También la lideresa Mireia Boya tiene cremallera en boca sobre su acosadora o acosador. Como quienes encubren tocamientos impuros en la CUP y en ERC. ¿Será que las y los espías españolistas seducen como 007 para hundir la catalana república? ¿Es fiable Mireia Vehí, niña bien de Figueres e hija insumisa de un buen policía, novelista y profesor de historia? Pero como estas criaturas no estudian nada positivo, no saben quién fue el Lobo de ETA, ni para quién trabajaba el chofer del torero batasuno Jon Idígoras.

 Varias cloacas confluyen en la Meridiana. El Forajido de Waterloo traiciona a republicanos frailunos. Carlistones meapilas desobedecen al chupacirios Torratafía. La señorona Borràs visita a los pobres resistentes sin su Jaguar. El bodeguero Llach cantó allí sus estertores. Colau se hace la sueca. El guarda-esquinas Buch da un palo y una zanahoria ¿A quién venden y a quién sirven aquella joven embozada y aquel anciano? El vejete con coleta ya trabajó para la brigada política de Creix y Billy el Niño. Ella es moza autonómica y su acompañante un policía que no lo parece.

¿A quién beneficia cortar la Meridiana cuando hasta la costra más purulenta de la Generalitat pide limosna turística a comunidades vecinas opresoras y colonizadoras? ¿Buscan los muertos y heridos que no hubo aquel 1-O?  Con la excusa de Nissan o de protestas raciales en Estados Unidos, la foto de un yayo por los suelos bajo botas de policía confirmaría que los catalanes son negritos del África tropical que alegres cantan la canción de la Colau. Gracias a que antepasados del astuto Mas y más apellidos de JxCat traficaron con esclavos. Negros, por supuesto. Como los que no hace tanto eran explotados en el poblado de Torratafía.

El año 1835, una mala corrida de toros en la Barceloneta fue el inicio de una quema de conventos saldada con diez frailes muertos. Ningún problema. Si ocurriese en la Meridiana, la culpa sería de espías y picoletos españoles. Tan toreros, que uno emparejó y rompía lechos con una estrella de TV3 que nunca fue de fiar. Según cuentan en ERC y otras víctimas colaterales de unos arroces sospechosamente amarilleados y retratados.

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