Media y mediana

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Luis Soravilla

Luis Soravilla

Ingeniero industrial, licenciado en humanidades y escritor

Tendrá cuarenta y tantos años. Es alcohólico y drogadicto. Su vida se ha arruinado. Vive solo, sin familia ni más conocido que algún compañero de penas. Vive en medio de la confusión, la pena y la estupefacción, en un cuchitril atentamente vigilado por las vecinas, que ven pasar, de vez en cuando, a gente muy rara. Aquel, hace ya demasiado tiempo, fue su hogar, donde creció bajo el cuidado de una madre. Cuando a él le llegó el turno de cuidar de ella, enajenada por culpa de una temprana demencia senil, no pudo hacerlo. No sabía cómo, no podía. No tenía trabajo, estaba enganchado, su proveedor le perseguía exigiéndole que pagase lo que le debía y de vez en cuando se llevaba una paliza. Le sisaba lo que podía a su madre, un poco, otro poco y otro poco más de una pensión de viudedad que no daba para alegrías. Con el fruto de semejante préstamo, se colocaba para sobrellevar su miseria, en vano. 

Una fundación tutelar se hizo cargo de la señora madre. Hace poco, recibió un mensaje de WhatsApp comunicándole que había muerto. Pocos días después, pasó por el tanatorio. Un empleado abrió un armario y sacó varias cajas de cartón reciclable. En cada una se guardaban las cenizas de alguien. Le entregaron la urna, que cargó en su mochila, donde apenas cabía. Más confuso, apenado y estupefacto que nunca, al salir del tanatorio se sentó en un banco y abrazó la mochila durante un largo rato, mientras lloraba a lágrima viva, pero en silencio. Sólo decía, en voz baja y de vez en cuando, "Joder, que era mi madre". 

Una historia no tiene valor estadístico, pero sirve para recordarle a usted, a usted o a cualquiera de ustedes que podrían haber acabado como el protagonista. La vida da muchas vueltas y nunca se sabe a dónde iremos a parar. El Estado del Bienestar es el sistema que nuestra sociedad escogió para protegerse a sí misma de la calamidad y es, o quizá ya fue, en mi modesta opinión, lo mejor que ha dado la historia de nuestra sociedad occidental. 

La pobreza, lectores míos, es más que una anécdota. Con los datos del INE y del Idescat en la mano, sabemos que la renta media disponible de una familia española es de unos 30.000 euros al año, en números redondos, y de una familia catalana, de unos 32.000. 

Luego está la mediana. La mediana de la renta disponible por hogar en España se sitúa alrededor de los 20.000 euros y en Cataluña no llega a los 22.000. En otras palabras, la mitad de los hogares catalanes ingresan menos de 22.000 euros al año y la otra mitad, más. Eso es la mediana, que no es el valor medio, como han visto. 

Porque familias que ingresen la renta media o una renta superior son una de cada cuatro o cinco. Que ingresen el doble, no llegan a una de cada diez. Las familias cienmileuristas son menos de una cada cincuenta. La mitad de las familias catalanas vive con menos de 22.000 euros al año, como ya les he dicho.

La consecuencia es evidente. Un tercio de los niños catalanes vive en riesgo de pobreza. Si son hijos de madre soltera o viuda, más de la mitad. Un tercio de las personas que viven solas también corren riesgo de exclusión social. Etc. Añadan a este panorama las últimas novedades económicas, como la inflación, y la ineficacia de las ayudas sociales que gestiona nuestro gobierno autonómico, si es que algo gestiona, que no lo sé.

Visto el panorama, es obligado preguntarse por qué la derecha y la ultraderecha española (y la catalana, en el Govern) se apuntan al desmantelamiento del Estado del Bienestar como psicópatas enloquecidos. Quiero recordar en voz alta que ERC y Junts votaron en contra del aumento del salario mínimo, de la reforma laboral o de las ayudas a las familias en el Congreso de los Diputados. Y su obra en Cataluña, que cuenta con el beneplácito de la CUP, no lo iguala ni una Ayuso desatada en diez años. Una salvajada neoliberal que ha hecho, y sigue haciendo, mucho, pero mucho, daño.

En medio de esta locura, me pregunto por qué cierta izquierda catalana, y no miro a nadie, señor Asens, se dedica a discutir sobre el sexo de los ángeles con el procesismo en vez de ejercer de izquierda, que ya sería hora. Su discurso es hoy hueco y cursi, no tiene nada detrás.

Les recuerdo que vienen elecciones y que a nosotros nos toca presionar y reclamar lo que es justo. Es bueno hacer memoria y centrarse en lo importante.

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