El martes tuve la brillante idea de quedar a cenar con una amiga en la terracita de un restaurante situado junto a los Jardinets de Gràcia y con vistas a los disturbios: furgonetas policiales, tipos con hoodie deambulando por allí, sensación de revuelta no especialmente sonriente…A petición del dueño del establecimiento, acabamos papeando dentro y comentando la coyuntura. Ambos coincidíamos en que lo más demoledor del prusés ha sido darnos cuenta de cómo le funciona el cerebro a una parte importante de nuestros conciudadanos. Eso ya no hay quien lo arregle: la mitad del paisito nos da asco, y esa mitad nos detesta.

 Volví a casa entre hogueras y bomberos que se tocaban los huevos a dos manos en vez de apagarlas. Los responsables del fuego, agradecidos, coreaban cosas como Els bombers seran sempre nostres o Menys policía i més bombers. No circulaba ni un coche y todo tenía un aspecto fantasmal, como de paisaje después de la batalla. A mi amiga la dejaron a oscuras -a ella y a los habitantes de su edificio y del de al lado- esos seres de luz que, a falta de luces propias, se dedicaban a prender fuego a la ciudad para iluminarse y porque, probablemente, un incendio es uno de los pocos espectáculos que pueden entender y disfrutar.

A mí no me habían dejado a oscuras, así que, para cultivar un poco mi masoquismo, me enchufé a TV3: mientras la ciudad ardía, Xavier Graset entrevistaba a las parientas de Romeva y Sánchez, indignadísimas ante esa sentencia tan implacable que les permitirá recuperar a sus mariditos dentro de no mucho tiempo. En El Nacional -apagué la tele y me metí en Internet- destacaban que el premio Planeta se había mostrado especialmente unionista al concedérselo a Javier Cercas, a quien llamaban “el soldado Cercas”: hace falta ser miserable, aunque nada que provenga de un sujeto como Pepe Antich pueda ya sorprenderme. Una persona normal se habría alegrado de que el Planeta haya ido a parar a dos escritores de los de verdad como Javier Cercas y Manuel Vilas, pero sicofantes mega subvencionados solo se fijaban en la ideología del triunfador.

En Vilaweb, ese agitador valenciano no menos subvencionado que atiende por Vicent Partal la tomaba con los mossos d´esquadra y los hacía responsables de la violencia de la jornada, por provocar a los pobres CDR, que solo quieren lo mejor para todos nosotros. También exigía la retirada inmediata de las fuerzas de ocupación -sigue soñando, Vicentet, que es gratis, y a chupar del bote hasta que te chapen el panfleto por alentar el terrorismo urbano-, mientras, tal vez, revisaba las cuentas de La botiga de Vilaweb, con la que se lucra vendiendo merchandising procesista…No encontré en ninguna parte una reflexión sobre este episodio de insania colectiva que algún día se acabará estudiando en las facultades de Historia.

Me fui a la piltra pensando en todo este disparate y encontrando cierto alivio en las páginas de un thriller de C.J. Tudor, aunque sin dejar de pensar en esta fractura imbécil que me ha cambiado para siempre la imagen que yo tenía de mi paisito. Hay por ahí dos millones de personas que me desprecian tanto como yo a ellos. Y les aseguro que ése no es el mejor pensamiento para antes de quedarse frito.

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