Por una vez, y sin que sirva de precedente, me veo obligado a aplaudir una iniciativa de la administración Colau. Bueno, la iniciativa no era suya, sino de Ciudadanos, pero secundarla me parece muy acertado, aunque se reboten algunos lazis de esos que siempre están refunfuñando. El ayuntamiento ha decidido rendir homenaje público a dos escritores barceloneses que contribuyeron notablemente, cada uno a su manera, a situar a nuestra ciudad en el mapa de la literatura universal, Juan Marsé y Carlos Ruíz Zafón, fallecidos ambos, por distintos motivos, en el maldito año del coronavirus. No sé si la noticia habrá sentado muy bien entre los ediles de ERC y Junts x Puchi, siempre dispuestos a decretar quién es un escritor catalán y quién no, pero, por lo menos, no han optado por convertir la cosa en un casus belli de esos a los que son tan aficionados. Agradeceré, eso sí, que los políticos nos ahorren una nueva edición de la legendaria controversia acerca de si se puede considerar catalán a alguien que escribía en castellano, y, por si acaso, les recuerdo que nadie duda de que Kafka es checo, aunque redactara toda su obra en alemán.

Cuando se produjeron los fallecimientos de Zafón y Marsé, al primero lo dejaron más o menos en paz los columnistas de la prensa online subvencionada con el dinero del contribuyente, pero al segundo me lo pusieron de vuelta y media por usar la lengua que no era y por, según ellos, ofrecer una imagen engañosa de Barcelona. Ni muerto te deja en paz esa gente, aunque lo que escriben en sus ratos libres esos columnistas apesebrados no suele servir ni para envolver un bocadillo de fuet. Hubo quien —puestos a negarle el pan y la sal al pobre Marsé— sostuvo que era un escritor mediocre que había logrado engañar a unos cuantos españolistas. Y alguno llegó al extremo de reivindicar a Mercé Rodoreda (¡como si le hiciera falta a la autora de La plaça del diamant!) en su condición de presunta némesis positiva del vendido de Marsé, a quien solo faltó que me lo acusaran de franquista (todo se andará).

No sabemos muy bien en qué consistirá el homenaje, pero no duden ustedes que, a medida que se vaya acercando, los rebuznos del lazismo irán en aumento. De momento, a modo de aviso, ya se han registrado algunos tuits de Carlota, la hija de Josep Maria Benet i Jornet, preguntándole a la alcaldesa que para cuándo un homenaje de la ciudad a un escritor catalán que escribía en catalán, como su señor padre, sin ir más lejos. La hija del dramaturgo dice que ha flipado, literalmente, con la noticia de que nuestro ayuntamiento va a rendir tributo a Marsé y Zafón. Es decir, que se ha apoderado de ella un estupor paralizante que la tiene sin vivir en sí.

Chica, no es para tanto: tu padre fue un autor respetado y de mucho éxito popular, y nadie tiene nada en contra de que la ciudad le rinda también un homenaje, pero, ¿no sería mejor esperarlo pacientemente, mientras se mueven todos los hilos necesarios, sin tener que aguarles la fiesta a los dos gloriosos difuntos del año pasado? Un homenaje no invalida ni imposibilita a otro. Benet i Jornet explicó Cataluña a su manera, igual que hicieron Marsé y Zafón. Y el trabajo sucio ya se lo harán a la buena de Carlota los columnistas citados, que deben estar mojando sus plumas en veneno patriótico en estos mismos momentos.

Barcelona ya ha olvidado a muchos autores locales que escribían en español —pienso en Cirlot o en Fonollosa, que se tuvo que conformar con un homenaje musical a cargo del atrabiliario Albert Pla— y no hace falta añadir más nombres a la lista de marginados por el régimen.

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