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Les digo muy en serio que no me gusta nada y me cuesta mucho tener que escribir para ustedes con mal humor en el cuerpo. Pero pueden conmigo. Hace unos días hablé con el médico de una residencia de ancianos. Me contó que llevaba media docena de muertos por el coronavirus, aunque oficialmente ninguno lo era, porque las pruebas para residentes o para el personal ni habían llegado ni se esperaban. Cualquier ayuda del exterior quedaba descartada, porque su hospital de referencia estaba saturado. No tenía ni camas ni habitaciones suficientes para aislar a los enfermos, no tenía material ni personal ni nada, hacía lo que podía, desamparado por las consejerías de Salud y Asuntos Sociales. No lo he leído en un periódico, sino que me lo contó a mí. Otras residencias con las que he tratado estos días me han dicho cosas parecidas.

Entonces veo que las consejerías de Salud y Asuntos Sociales (en manos de JxCAT y ERC) obstaculizan obstinadamente la intervención de la UME en la lucha contra la epidemia. En Barcelona, es digno de señalar, el Ayuntamiento decidió actuar por su cuenta y riesgo ante la indiferencia y la pasividad de la Generalitat, pero no todos los ayuntamientos del área metropolitana tienen capacidad para ello. Cuántos alcaldes y cuántos directores de residencias han pedido la intervención de la UME, desesperados, mientras la Generalitat hace todo lo posible para impedirlo. El caso de Sabadell es de juzgado de guardia, pero no es el único. También lamento tener que señalar al Gobierno, que ante una urgencia tan palmaria no se atreve a imponer lo que es una urgente necesidad.

Cómo les diría… En esta situación, no hacer nada es tremendo. Pero negarse entonces a recibir la ayuda de quien puede ofrecerla es, simplemente, un acto de maldad. Esta manifiesta estupidez es hija de un perverso rencor y lo peor es ver a tanta gente compartiendo esta inquina irracional y, por qué no decirlo, criminal.

Por eso estaba de mal humor. Por eso he borrado y borrado tantas palabras que decían en voz alta lo que pienso de esa canalla. No podía dejar por escrito algo así. Siento de corazón tener que transmitir mi mal humor y les ruego que me perdonen. Pero sigo, porque no todo va a ser malo.

Lo cierto es que vivimos una situación para muchos inédita. Comprobamos con estupor no sólo la existencia de una epidemia, sino qué frágil es nuestra vida, cuán endeble nuestra economía y qué poca altura de miras tienen algunos de nuestros dirigentes. Nos enfrentamos a un futuro incierto y tendríamos que afrontarlo con algunas lecciones aprendidas, que no digo que vayamos a aprenderlas: qué poca cosa somos frente al mundo, qué importante es mantenernos unidos, cuántos beneficios aporta un sólido Estado del Bienestar y una buena gestión de lo público y que la gente de a pie es capaz de cosas maravillosas… con las debidas excepciones, que de todo hay en la viña del Señor.

Mi hermano tiene una virtud maravillosa. Sabe hacer de las tripas corazón. «Nunca había estado ni nunca estaré tanto tiempo con mis niños», me dijo el otro día. Juega con ellos y hace los deberes, habla y escucha, los disfruta ahora que puede. Visto así, tiene mucha suerte, ¿no les parece? La tenemos todos, o podemos buscarla.

Yo mismo no encuentro tiempo libre para tantas cosas como quiero o me hubiera gustado hacer. Parece mentira, ¿verdad? Leo, pero no tanto como quisiera: Calderón de la Barca, brutal; Stefan Zweig, siempre correcto; lo último de Hernán Díaz, un «western» magnífico; «La princesa prometida», que alegra el día; y tengo esperando «Las cruzadas», de Asbridge, que tiene muy buena pinta, o la divina «Comedia», de Dante, entre muchos otros. Dibujo. Escribo. Veo alguna película… Por cierto, las televisiones podrían dejar de alarmarnos y pensar en distraernos, digo yo. También intento luchar contra lo inevitable y hago algún ejercicio de esgrima mientras las galletas me piden «¡Cómeme!». ¡Una batalla perdida! En fin, qué les voy a contar, que todos ustedes están en la misma situación que yo, poco más o menos.

Ya pasaremos cuentas cuando esto acabe con la tripa que habremos criado comiendo de más y con quienes han gestionado la crisis. Ahora toca ser buenos chicos y no complicarnos la vida. Si podemos ayudar, ayudamos; si podemos aportar, aportamos y, si no, nos apartamos.

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