Los autores fantasma o negros literarios no han firmado libros este domingo y sus nombres tampoco han aparecido en las listas de los más vendidos, aunque probablemente hayan escrito muchos de ellos. Son la cara B de Sant Jordi.

La figura del ghostwriter es casi tan vieja como la literatura. Cuentan las malas lenguas que escritores como Molière, Isaac Asimov o Stephen King utilizaron plumas anónimas para firmar buena parte de sus obras. El prolífico Alejandro Dumas (padre), por ejemplo, llegó a tener a 76 negros literarios a sueldo, que le ayudaron a completar sus más de 160 títulos publicados. En una conversación con su hijo, Dumas le preguntó si había leído su última novela, a lo que éste contestó: “No, ¿y tú?”

Ni siquiera el propio Shakespeare se ha librado de la acusación. En universidades tan reputadas como Cambridge y Oxford se han presentado tesis doctorales en las que se argumenta que las obras más célebres del padre de la literatura inglesa las escribió en parte un dramaturgo llamado Christopher Marlowe, del que ahora se está reivindicando su figura.

Pero no todo está perdido para los escritores fantasma de este Sant Jordi. Autores como Paul Auster, Larry McMurtry o Lovecraft (que ejerció de negro en las obras del ilusionista Houdini) dieron sus primeros pasos literarios juntando letras para terceros. El propio Mario Vargas Llosa reconocía hace unos años que en sus tiempos mozos había sido el negro literario de una millonaria peruana incapaz de escribir la ‘o’ con un canuto.

El mercado de escritores por encargo en Barcelona goza de buena salud. Muchas son las editoriales que encomiendan a jóvenes juntaletras los libros de políticos, presentadores de televisión, deportistas y cocineros. Eso sí, su trabajo no llega en muchas ocasiones a los mil euros. La precariedad de la literatura alcanza con estos jóvenes su máxima expresión. ¡Feliz Sant Jordi también para ellos!

 

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