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Las críticas nunca han gustado al poder, y mucho menos a quienes se consideran intocables. Por encima del bien y del mal. Pasa en la política, en la economía, en el deporte y, por supuesto, en la cultura. En Barcelona, desde hace años, los periodistas que cubren el Primavera Sound saben que impera la ley del silencio y que la organización no consiente la menor crítica. El problema es que todos, o casi todos, callan, no vaya a ser que les nieguen su deseada acreditación.

Gabi Ruiz es el fundador y director del Primavera Sound, festival de música Indie y Electrónica de Barcelona, que reunirá a más de 200.000 personas, muchas de ellas procedentes de otros países, del 30 de mayo al 1 de junio. Sus modales siempre han sido obscenos, insultantes para la industria musical y la prensa especializada, a quienes nunca han tolerado la discrepancia.

Apodado Gabi Soprano por sus métodos mafiosos, el jefe del Primavera Sound siempre fue un personaje muy controvertido. En los años 90 su talante despectivo ya era conocido en las salas barcelonesas, expulsando a los responsables de la revista Rockdelux. Gabi Ruiz, por entonces, calificaba a los periodistas de parásitos.

Los métodos dictatoriales y canallas de Gabi Ruiz subieron de tono con la consagración del Primavera Sound. Periodistas de El País, El Periódico de Catalunya y El Confidencial han sufrido el despotismo de un personaje tan siniestro por el simple hecho de cuestionar los horarios de los artistas locales, para quienes pedían un mayor protagonismo.

Metrópoli Abierta, en la perturbada mente de Gabi Ruiz, cometió el imperdonable desliz de cuestionar la presencia del trapero Yung Beef en el cartel de este año. El motivo de la crítica era tan sencillo como las letras ofensivas y machistas del cantante granadino. El artículo de opinión titulado “La incoherenca machista del Primavera Sound con Yung Beef”, firmado por Paula Baldrich, fue motivo suficiente para retirar la acreditación de este medio.

Baldrich aplaudió la presencia de otros cantantes en la edición de este año, pero nuestro Gabi Soprano se sintió atacado, insultado, por cuestionar la contratación de un artista que vive de la provocación. El veto a Metrópoli Abierta estaba cantado, aunque la cobertura del mismo evento recibió grandes elogios en las ediciones anteriores por la calidad de sus artículos.

En 30 años de profesión, muchas veces he escuchado quejas e insultos subidos de tono con algún artículo que ha molestado a su protagonista, algunos con una carga crítica mucho más profunda, pero nunca había imaginado un veto semejante. Ni políticos ni futbolistas de élite como Leo Messi jamás han reaccionado con la rabia y la prepotencia de un personaje tan desagradable y nocivo.

Gabi Ruiz, como explicó perfectamente el periodista Nando Cruz, otra de sus víctimas, en su trilogía Primavera Sound, el cortijo del indie, solo contempla la sumisión en su negocio. Muchos callan por miedo. Nadie denuncia las precarias condiciones laborales de sus trabajadores, reclutados mayoritariamente en las universidades, y mucho menos los 300.000 euros en subvenciones que recibe de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. En tiempos de crisis y zozobra, el dictador de la música recibe un trato preferencial.

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