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Como cada año por estas fechas, y antes de presentar el proyecto de los presupuestos municipales, se inician las negociaciones para la aprobación de las ordenanzas fiscales, que suponen la principal vía de ingresos para las arcas del Ayuntamiento de Barcelona. Un perfecto mecanismo que esquila al ciudadano friéndole a tasas, tributos y gravámenes de todo tipo, siempre debidamente justificado y motivado por las necesidades del momento, que casualmente siempre son superiores a las de ejercicios anteriores.

Pero no caigamos en el engaño de que dicha “planificación” no responde a componentes programáticos ni sesgos ideológicos, porque en lo económico cada equipo de gobierno municipal también imprime su particular modelo de ciudad. Y el gobierno de Ada Colau presenta una propuesta que se caracteriza por un aumento generalizado de la fiscalidad en Barcelona, cuando ya sufrimos una de las presiones fiscales más importantes de todo el territorio español, prevé incrementar la recaudación y el presupuesto municipal en un 9,5% alcanzando la cifra de los 2.900 millones de euros.

Eso sí, la gran “exprimidora” de Colau está “justificada” por la aplicación de  medidas de emergencia climática y para conseguir un espacio público de calidad. Lo que traducido “en román paladino” supone un incremento generalizado del coste de los veladores (que en algunas calles multiplicarán por cuatro la tasa de las terrazas), una subida media del IBI de 5,46%, la eliminación de bonificaciones del impuesto a vehículos, el pago de la zona azul y verde en función de la etiqueta ambiental eliminando la gratuidad en la franja horaria del mediodía, la subida del servicio de grúa municipal un 17% (ya era el más caro de España) y el incremento de casi el doble en la tasa de alcantarillado que viene en el recibo del agua. Eso por no hablar de la novedosa tasa turística.

¿No os parece una gran contradicción? Que quien escudándose en la bandera de la emergencia climática y quien quiere aplicar la prohibición a determinados vehículos “contaminantes” a partir de 2020 con las Zonas de Bajas Emisiones, proponga medidas recaudatorias con la diana puesta en el vehículo privado, sin una alternativa real de transporte público o sostenible, en una situación en la que las familias con menos recursos no podrán sustituir su vehículo? Y porque aún estamos muy lejos de esa transición y de la electrificación del parque móvil. ¿A cuántas personas conoces que tengan un vehículo eléctrico? Con estas medidas hemos pasado del “quien contamina paga” al “paga para contaminar” y por esto la exprimidora fiscal que propone Colau es una gran contradicción frente a la que debería ser la verdadera respuesta a la contaminación atmosférica y al modelo de movilidad. Por no hablar de la injerencia y limitación que tales medidas suponen para nuestra libertad.

Otro apartado se merecen las supuestas medidas justificadas en la mejora de un espacio público de calidad, pues no encuentro por ejemplo la correlación entre calidad y multiplicar por cuatro la tasa de terrazas de cualquier bar donde acostumbro a tomar el aperitivo de los domingos.

Modelos de ciudad contrapuestos y que se reflejan también en las políticas de fiscalidad a las que nos tienen acostumbrados los gobiernos de izquierda y populistas, como el del tándem Colau-Collboni en Barcelona,  con un aumento generalizado de impuestos, incremento del gasto, del endeudamiento y del déficit, y todo a costa de los contribuyentes presentes y futuros. Una auténtica “exprimidora”, el último que apague la luz.