El gobierno de Ada Colau nos presentó, pocos días antes de las fiestas de la Mercè, su operativo de seguridad. Se quedó en unas buenas intenciones porque el dispositivo no funcionó y el caos, el vandalismo y el incivismo se convirtieron en los protagonistas em nuestra ciudad. Y esto no era nuevo, ya lo comprobamos con las fiestas de Gràcia y de Sants. En la vida y en la política no es bueno repetir errores, y en Barcelona vienen siendo muchos que se reiteran demasiadas veces, no sólo en seguridad sino en otros muchos ámbitos. Errores, por cierto, que serían evitables.

Aquello que no funciona son las decisiones políticas. Los agentes de los diferentes cuerpos de seguridad de nuestra ciudad son profesionales preparados y valientes y merecen todo nuestro apoyo y respeto.

Ante un supuesto operativo de seguridad, nos encontramos imágenes de un botellón de 40.000 personas, que en medio de una pandemia es un riesgo para la salud y que acabó con comportamientos violentos. ¡Qué paradojas de los que gobiernan la Generalitat y el Ayuntamiento! Se permite un botellón de 40.000 personas, pero el ocio nocturno no puede abrir en su totalidad. ¿Y quién asume las responsabilidades? Nadie. ¿Y quién sufre las consecuencias? Los vecinos que noche tras noche soportan sus molestias, así como los comerciantes que vieron cómo les saqueaban y destruían sus negocios.

Vayamos, pues, a las excusas de los que gobiernan en el Ayuntamiento: “Esto ocurre en otras ciudades…” Pues estaría bien que se fijaran en lo que se hace bien en otras ciudades y no consolarse con esa justificación absurda y pueril. Probablemente, no se han enterado de lo que significa asumir responsabilidades. Y otra excusa: “Los jóvenes necesitan divertirse”; sólo nos faltaba la psicología populista. Claro que necesitan divertirse, todo el mundo, pero nadie puede olvidar que estamos en una pandemia y que hay una Ordenanza de civismo que se debe cumplir. ¿O es que no se pueden divertir respetando las normas? No se debe llamar diversión cuando es un riesgo para la salud propia y la de los demás. No se debe llamar diversión si saquean comercios o destrozan mobiliario. Es incivismo, vandalismo y delincuencia. Es imprescindible no caer en esa psicología populista que solo muestra ausencia de valores. Sin valores no se avanza, se retrocede.

Si el Ayuntamiento no ha estado a la altura, la Generalitat tampoco. Que nadie se olvide que tiene responsabilidades en garantizar el orden público y que debe actuar cuando hay altercados. Además, un gobierno debe condenar siempre la violencia y aún estamos esperando esa condena de la que se olvidan muchos políticos independentistas ante la violencia de los radicales en reiteradas ocasiones delante de la comisaría de la Policía Nacional. ¡Eso también es violencia, se debe condenar y mostrar el apoyo a los agentes! ¿Cómo pedir que se cumplan las normas si quien gobierna no condena sin excusas la violencia de los radicales?

Lo que está ocurriendo en Barcelona estos días es culpa de estas dos administraciones que no han tomado el mando de lo que debe ser una buena gestión. Cuando el populismo y el independentismo se unen, nada bueno puedo salir. En definitiva, como decía en un artículo anterior la regidora y diputada Eva Parera, en Barcelona hace falta ley y orden.

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