No se puede cargar todo el peso en la comunidad educativa. Hay muchas cosas que tenemos que traer aprendidas de casa, como los hábitos, los valores... En definitiva, la base que conforma al individuo. Desgraciadamente en la educación viaria, tenemos muchos malos hábitos que provienen de que nunca nos han educado y se actúa demasiadas veces usando la ley del más fuerte y no la del respeto o el sentido común.

Uno de los errores principales de la mala educación viaria de la mayoría de la población se debe a que, en lugar de educarnos para conducir un vehículo, nos hacen memorizar unas normas, a veces incomprensibles, con el objetivo de sacar un examen y una vez tenemos el ansiado “carné”, si te he visto no me acuerdo. Es imposible retener toda esa información durante mucho tiempo y nos amoldamos a las cuatro reglas principales, a lo que nos recuerdan de vez en cuando en los medios de comunicación por alguna que otra modificación o polémica.

Por tanto, es muy importante de una vez por todas cortar por lo sano con esta dinámica y empezar desde cero a educar a los futuros conductores, y de aquí el papel primordial de los centros escolares en esta educación.

Antes de las campañas publicitarias y hasta de las institucionales, el reciclaje llegó a las escuelas, principalmente, por la iniciativa particular de algunos educadores o de asociaciones ecologistas que impartían talleres en el aula. Pronto fue difícil ver un aula, comedor escolar o pasillo, que no tuviera sus recipientes para separar los residuos y los alumnos se convertían en expertos recicladores, que invadían los hogares exigiendo una buena conducta también en casa. Es indudable que esta educación consiguió reeducar a unos progenitores educados en valores muy diferentes en relación al reciclaje.

Actualmente, con sus más y sus menos, el proceso del reciclaje de residuos está normalizado e implementado en la sociedad, y muchas veces su buena práctica depende más de los medios que proporcione la población donde residas que del comportamiento personal, ya que tenemos generaciones de adultos que tienen suficiente información gracias a la educación que recibieron para que, si quieren, puedan actuar de forma correcta respecto al reciclaje.

La persistencia de esas criaturas, que si en casa veían que tirabas un papel o un plástico junto al residuo orgánico, mientras en la escuela de forma natural les habían educado en los métodos de separación, ponían el grito en el cielo, como si no entendieran que dos más dos son cuatro y te recordaban el mal que le haces al planeta si no reciclas.

Si en la escuela desde los inicios de su enseñanza los alumnos recibieran una correcta educación viaria, serían unos transmisores perfectos para reeducar a sus progenitores y evitar graves accidentes o la muerte.

Sería fantástico que esos pequeños pasajeros de tu vehículo, a los que debes proteger, te recordaran algunas normas que la prisa, las preocupaciones, o simplemente no recordar ese lejano temario del carné de conducir han generado, en ti, una conducta particular incorrecta en tu forma de circular.

La educación viaria en las escuelas ha estado históricamente protagonizada por alguna visita esporádica de un agente de la circulación, un policía, en otros tiempos con su pistola reglamentaria incluida en el aula, para explicar a los peques las normas que tienen que cumplir para evitar ser atropellados por los vehículos de motor, incidiendo esos consejos siempre en la opción pasiva y defensiva, transmitiendo un mensaje claro y específico. Si te atropellan algo malo habrás hecho, difícilmente se incluía el parámetro de la infracción o la conducta irresponsable del conductor.

En las criaturas menores estas clases llamadas normalmente de seguridad vial, generaban un complejo de inferioridad ante el poderoso y peligroso vehículo, en los más mayores, cercanos a la edad de conseguir la licencia de ciclomotor, unas ganas increíbles de pasar a ser el agresor y dejar de ser la víctima.

En la Coordinadora Catalana d’Usuaris de la Bicicleta hemos tenido diversos integrantes que por su profesión como educadores han elaborado y desarrollado proyectos de educación viaria que han impartido en sus clases, utilizando la bicicleta como vehículo de iniciación, todo siempre a base de su esfuerzo personal.

La cooperativa BiciClot se ha especializado en este tipo de actividades y ha llegado a muchas escuelas. Algunos policías locales también han conseguido cambiar la dinámica del agente de la autoridad, que viene a clase a “regañarte” por tu conducta ante los vehículos de motor.

El Servei Català de Trànsit ha elaborado juegos para intentar llegar al público adolescente y prepararlos para su incorporación a la conducción.

Estas nuevas iniciativas tienen el mismo común denominador, están consideradas en la escuela como actividades de relleno y se contratan de forma esporádica y normalmente sin continuidad.

En Alemania las criaturas reciben una formación en seguridad viaria basada en el uso normalizado de la bicicleta. Al final de su escolarización reciben una capacitación basada en la educación continuada que les permite acceder de forma más ventajosa a la posibilidad de adquirir el permiso de conducción de vehículos de motor.

La educación viaria debería ser una enseñanza obligatoria en las escuelas, evitaríamos muchos accidentes, sobre todo de los jóvenes que, con muy poca formación, consiguen el permiso de conducir y se lanzan a la carretera precipitadamente, sin ser conscientes del riesgo que conlleva el tipo de máquina que llevan entre sus manos.

Educación infantil (de los 0 a los 6 años)

Integrar la educación vial dentro de las diferentes actividades, juegos, reflexiones de cómo se llega a la escuela, etc.

Educación primaria (de los 6 a los 12 años)

Se incluirá dentro del temario de las diversas materias la educación vial. En esta etapa se tendría que educar en el uso de los transportes públicos como mejor opción, y empezar la formación vial como conductor responsable. Excepto en casos determinados, tiene que ser obligatorio aprender a ir en bicicleta.

Educación Secundaria Obligatoria (de los 12 a los 16 años)

Creación de un crédito de síntesis obligatorio dedicado a la educación vial. Una buena puntuación en esta materia daría beneficio en el momento de optar a sacarse la licencia para ciclomotor o motocicletas de pequeña cilindrada.

Bachillerato (de los 16 a los 18 años)

Crear o incentivar los trabajos de investigación sobre la educación vial, con la motivación de tener beneficios en el momento de optar al carné de conductor de automóviles.

Ciclos Formativos

Incorporar trabajos de investigación o actividades para incluir la educación vial.

Universidad

Magisterio, o cualquier posible posgrado o estudio que permita impartir clases en una escuela, instituto... Tendría que crear un módulo de formación en educación vial, sin el cual no se podría impartir la docencia.

La Coordinadora Catalana d’Usuaris de la Bicicleta propone la educación viaria obligatoria en todos los ámbitos de la educación, no solamente en las primeras etapas del ciclo educativo y con criterios de respeto a los actores más débiles, destinado a educar el comportamiento como conductor y no sólo a evidenciar los peligros de ser peatón o ciclista.

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