De nuevo Barcelona habla de lo que no debe hablar, de nuevo ante una nueva cortina de humo de tinte ideológico basada en la movilidad urbana: el último invento colocar bloques de hormigón a 40 centímetros de donde circulan motocicletas, bicicletas y patinetes. En realidad el debate se centra en saber si coger una brocha con pintura blanca, verde, amarilla, azul te permite para decir, “ope legis” que ese espacio ahora es peatonal y por tanto son ampliaciones de aceras que te habilitan a introducir elementos tan dañinos y peligrosos como bloques de hormigón. Pienso que Barcelona no se merece un urbanismo de brocha sino que nuestra idiosincrasia modernista, entre otras cosas, implica un plus de excelencia que nada tiene que ver con lo hecho, más allá, de las responsabilidades penales en las que se pudiera haber incurrido. Ya está la Fiscalia en ello.

Lo primero a tener en cuenta en este contexto es que el colectivo motero lidera un terrible ranking de siniestralidad con más de 7.000 heridos en la ciudad de Barcelona, concentrándose en el barrio del Eixample el espacio de mayor siniestralidad de España y posiblemente de la Unión Europea con más de 3.000 víctimas anuales. Con esos datos, junto a la dinámica motera de Barcelona con casi 300.000 unidades, al gobierno de Colau se le ocurre colocar en la calzada bancos de piedra con el único pretexto de “pacificar” las calles. Esto no es más que una imposición ideológica desprendida de cualquier nivel de ética, y lo afirmo rotundamente habida cuenta de los ingentes recursos que destina el consistorio en pintar las calles cuando tiene a miles de personas durmiendo en los portales y cientos de miles en el umbral de la pobreza.

Tengo que reconocerle cierto mérito al nomenclator que utilizan para sus proyectos: “pacificar, movilidad táctica, reparcelación del espacio público". De verdad, que bonito suena, pero solo es eso, un disfraz que oculta la verdadera voluntad de imponer un modelo estrictamente ideológico basado en la eliminación del vehículo privado y la destrucción de la economía de barrio. Ya afirmé hace unos años que Colau había demostrado cómo se destrozaba un barrio en referencia a la superilla del Poblenou, ahora ya estoy en condiciones de afirmar que este gobierno populista ha hundido la ciudad convirtiéndola en una debacle cívica al conquistar los mayores desequilibrios sociales jamás vistos. Nunca y digo nunca hemos asistido a unos niveles de pobreza tan altos, nunca unas colas de hambre como las vistas en el Raval, nunca una delincuencia tan preocupante, nunca una economía tan tocada con un paro disparado, y ahora Colau nos premia posiblemente con un nuevo récord y es igualar prácticamente el recibo del agua con el de la luz, pero no se preocupen que ya estoy trabajando en ello. Insólito.

Finalmente voy a contestarte, Ada. Me veo en la obligación de hacerlo ante tu misiva que argumenta que estos bloques han venido para quedarse y no se van a retirar. Por un lado, debo decirte que me parece una falta de respeto al colectivo de movilidad vulnerable que hagas prevalecer tu ideología a la seguridad de los conductores, y por otro indicarte que el único que dirá si esos bloques se quedan o no será un Juez y, en última instancia, los barceloneses, que visto lo visto están mayoritariamente en contra de esta movilidad que nos impones y que nada tiene que ver con nuestros usos y costumbres. A estas alturas y con la que se nos viene encima ya tengo claro que no acabarás mandato. Barcelona debe volver cuanto antes a recuperar su normalidad y excelencia y a asumir todos los desafíos que tiene por delante, entre otros importantes, erigirse como la capitalidad de la Unión Europea. Contigo, será imposible. Estamos durmiendo con el enemigo.

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Daniel Vosseler, abogado y Presidente de la plataforma cívica Barcelona Ets Tu.

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