Empezamos un año que promete ser frenético. No porque haya un proyecto del modelo de ciudad del futuro sino porque la “Bachelona” será todo un socavón. Obras por doquier para hacer efectivo ese urbanismo táctico que es tanto como pegarse un tiro en el pie, menos para los adjudicatarios que nos deben convencer de sus bondades que arreglarán su cuenta de resultados y para los “bobos” como definía en este diario Manel Manchón siguiendo la terminología francesa, a esos burgueses bohemios que se apuntan a todo lo que suene a progresista, aunque ese progresismo solo sea pose y supuesta modernidad. Es la nueva gauche divine que ya no aspira a caviar sino al huerto ecológico en la Gran Vía.

Será frenético porque aflorarán más que nunca las discrepancias con ese modelo de ciudad empobrecida que Colau nos vende como la panacea. No tendremos Hermitage, aunque el ministro Iceta haya puesto el dedo en la llaga, ya veremos si Primavera Sound y lo fiaremos todo al Mobile, covid mediante, porque ya no tenemos ni Nissan. Aquí seguiremos a la espera de saber si hay alternativa. Nos contarán que vamos bien económicamente, y tendrán razón, pero el alma se cae a los pies porque no se resiste la comparación con Madrid que nos triplica en todos los indicadores.

A este sombrío panorama sumen la tensión política con todos los actores lanzados al frenesí electoral, porque ganar Barcelona es más que una victoria. Para los comunes y socialistas, de cara a definir quién tiene el liderazgo en la izquierda, para los independentistas para definir quién tiene la batuta y para la derecha para ver quién es la referencia en Cataluña: Casado o Abascal. Como consecuencia de todo esto, podremos asistir a un baile con cambios de pareja. No será raro ver a comunes y republicanos dándose arrumacos ni que socialistas y junteros reivindiquen la centralidad. Quizá, por estas razones de fondo, veamos cómo el gobierno municipal salta por los aires a un año de las elecciones.

Dicen que esto sería demoledor para el PSC. No pienso lo mismo. Quizá Collboni sin el lastre del gobierno de la Barcelona triste y desmotivadora, pueda aglutinar el liderazgo del hartazgo y representar el cambio que la ciudad necesita. Colau, como se vio en el barómetro dopado, puede perder porque su gestión es ampliamente rechazada. Hay oposición pero no alternativa, y Collboni puede representarla porque ni Maragall, ni Artadi, lo pueden hacer, y menos los experimentos con gaseosa que algunos están poniendo en marcha. Algunos, ciertamente, esotéricos y otros con las patas muy cortas como Valents o Centrem

El coctel no invita al optimismo, pero la esperanza es lo último que se pierde. De momento, el gobierno sigue ahí y en las próximas semanas los candidatos esbozarán sus proyectos. Al menos eso se espera. Proyectos que vayan más allá de las buenas palabras o de entelequias alambicadas. Cosas concretas sería lo deseable. Conociendo a la alcaldesa, no esperen nada más allá de alguna ocurrencia que aumente este socavón endémico en el que ha convertido a Barcelona. De Maragall y Artadi un remake de sus exposiciones de este año, realizadas con boato para poner de los nervios al adversario a batir. ¿Y Collboni? Ahí está la clave. Si el candidato socialista pone el diapasón por encima puede abrir el camino a la alcaldía. No hace falta que sea estridente. Simplemente que explique algunos de sus proyectos concretos --esos que se están fraguando en la cocina socialista y de los que se sabe poco-- sería suficiente porque el nivel está donde está. No descarten alguna sorpresa llamativa, porque de lo que se trata es de volver a poner a Barcelona en el mapa mundial para recuperar imagen y turismo, mal que le pese a Ada Colau, porque Barcelona sin turismo es una ciudad muerta. Solo hace falta que se den un paseo por el centro, por las Ramblas, por el Gótico, por la Ribera, por Rambla de Cataluña. Tiendas cerradas, tristeza y suciedad. El que vuelva a poner en el mapa a Barcelona ganará y podremos poner fin a la etapa de los comunes que la han dejado a la altura de la nimiedad y la insignificancia. No olviden que Colau no está en fuera de juego. Sus “bobos” están ahí y activos. El año promete ser frenético. Habrá que ver cual es el frenesí final. Los candidatos se la juegan más pronto que tarde.

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