La última incoherencia (conocida) de los comunes ha consistido en financiar un manual que, bien usado, ayuda a entender los intríngulis de la okupación y las diferentes maneras de, como decía un amigo argentino, hurtarle tu cuerpo al sistema. En teoría, se trata de un librito destinado a potenciar tus capacidades para la práctica de la picaresca habitacional, permitiéndote retorcer la ley en tu beneficio y, tal vez, defenderte de los inevitables abusos del capital. En resumen, uno de esos opúsculos que se podrían haber editado durante mi ya lejana juventud, cuando el underground y la versión alternativa de la Transición, bajo el sello de Ajoblanco, Star o cualquier otro bastión anti sistema de la época. Lo raro es que semejante texto de ayuda al okupa lo financie quién está obligado, le guste o no, a respetar la ley, que es lo que se espera de cualquier ayuntamiento. Supongo que los problemas de coherencia llegan cuando los que están al frente del consistorio creen firmemente que se puede estar en misa y repicando y que la condición de edil es compatible con la de activista. Es entonces cuando se puede poner en marcha un manual de resistencia al sistema que uno mismo representa y encargárselo a una entidad de la que procedéis tú y una notable cantidad de miembros del partido: el observatorio DESC (Derechos Económicos Sociales y Culturales).

No estamos ante un gran dispendio, pues poco más de 8.000 euros de dinero público se dedicaron al librito de marras, pero lo sangrante del asunto es su falta de coherencia: cualquier administración puede cambiar las cosas que se le antojan injustas (que son un montón en el tema de la vivienda, por cierto), pero hasta que no lo haga, debe vigilar por su cumplimiento y no dar pistas a los insumisos para que hagan de su capa un sayo. Esa misión correspondería, en todo caso, a los equivalentes actuales del underground de los años 70, no al Ayuntamiento de Barcelona, por mucho que sus actuales representantes se crean diferentes a los demás políticos.

De hecho, no lo son tanto. En lo referente al nepotismo, esa lacra tan común en los partidos, brillan con luz propia como agencia de colocación para cónyuges de sus miembros más destacados, así como en la concesión de subvenciones a dedo para agrupaciones amigas, entre las que destaca especialmente el citado DESC. Lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que por ese (supuesto) observatorio social ha pasado lo más granado de los comunes. Ahí va una lista de veteranos del DESC excelentemente colocados en la sociedad contemporánea: Ada Colau, Gerardo Pisarello, Laia Ortiz, Eloi Badia, Jaume Asens, Gala Pin, Vanesa Valiño o Águeda Bañón. La única que no me sonaba era la señora Valiño, pero luego me enteré de que es la parienta de Pisarello: todo encaja. Y, como puede observarse, el DESC es una escuela de prestigio para luego colocarse convenientemente en la administración (la PAH tampoco está nada mal), una especie de ESADE para ciudadanos alternativos con ganas de medrar en la política municipal y hasta nacional (véase el caso del dúo peronista Pisarello & Asens). Puede que la oposición lleve cierto tiempo arrugando la nariz ante el reparto de dinero público entre las asociaciones preferidas de Ada, pero, de momento, el comedero común sigue funcionando a pleno rendimiento. No sé cuál será la próxima publicación financiada por el contribuyente a través del DESC, pero yo agradecería un pequeño manual de instrucciones para poder robarle la luz al vecino sin riesgo a electrocutarme.

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