En las fachadas de algunos edificios municipales hay pancartas con un lema que reza: Ens en sortirem(Saldremos de ésta). Lo primero que llama la atención es de donde se ha tomado prestada la consigna: una canción de un grupo pop, dedicada a exaltar el supuesto referéndum del 1 de octubre de 2017. Cada uno tiene sus fuentes. Hay quien mira hacia Homero o Platón o Cervantes o Carner y hay quien prefiere la Inquisición o tiene como referencia a Julio Iglesias. Cabe, claro, que los responsables municipales no se hayan dado cuenta. Cabe. Pero también cabe que se cumpla aquel dicho de que la cabra tira al monte y que algunos comunes sintonicen con la CUP y sus aledaños. La CUP es esa formación muleta de la derecha catalana y, si hace falta, la española. Recuérdese que su futura cabeza de lista, Dolors Sabater, logró que Albiol se convirtiera en alcalde de Badalona.

Sea lo que sea, el lema, además de falso, es muy desconsiderado con los que se van a quedar por el camino y mucho más con los que ya se han quedado, que no son pocos. Las últimas cifras oficiales apuntan a los 10.000 fallecidos en Cataluña. Ellos, seguro, diga lo que diga el consistorio, no saldrán de ésta.

El equipo de publicistas de Ada Colau se ha sumado a la moda del mensaje positivo de raíz religiosa. Hay que repetir que todo va bien, aunque las cosas vayan fatal, a ver si se contagia al personal de un optimismo que no parece demasiado justificado. De modo que “saldremos de ésta”. Pero vale la pena recordar que los costes de la pandemia no son los mismos en los barrios altos que en los barrios con rentas mínimas e incluso inferiores y con viviendas con ventilaciones insuficientes y escasas piezas que den al exterior. De modo que los que salgan, saldrán de modo diferente. Del mismo modo que de la crisis económica de 2008 unos salieron con las cuentas corrientes más saneadas y otros salieron con los salarios rebajados o apuntados al paro. Hablarles a ellos de lo bien que irá todo es como venderles una parcela en el cielo: tratar de reconfortarles con un bien hipotético del paraíso futuro frente a una penuria perfectamente actual.

Hace ya algunos años se celebró un homenaje al filósofo danés Soren Kierkegaard. Se titulaba “Kierkegaard vivo”. Participó en él Jean Paul Sartre que no dejó de ironizar sobre el título: si Kierkegaard estuviera vivo, dijo, el simposio en su honor no se hubiera titulado así. Se decía que estaba vivo sólo porque estaba muerto. Vale también para el mensaje municipal: “Saldremos de ésta” quiere decir que muchos no saldrán de ésta o lo harán con los pies por delante. Del mismo modo que nadie salió ileso del supuesto referéndum del 1 de octubre. Pero mientras que un grupo musical puede lanzar ese mensaje a sus simpatizantes, del mismo modo que otros juran amores eternos y absolutos, los políticos deberían ceñirse al principio de realismo y no engañar.

Pero este consistorio es especialista en promesas huecas. Basta con ver lo que está haciendo en las calles. Se supone que libera un carril del tráfico para entregárselo a los peatones y así lo anuncia. Pero no es cierto en absoluto. Valgan como ejemplo no pocos tramos de Consell de Cent, donde el carril pintado de amarillo aparece una y otra vez ocupado por coches y furgonetas parados (tampoco tienen otro sitio), mientras que la acera es ocupada sistemáticamente por motos, de modo que los peatones no sólo no han ganado espacio: lo han perdido al quedarse sin amplios trechos de acera.

Eso sí, pueden estar tranquilos porque “saldremos de ésta”. Después de todo, no hay mal que cien años dure, de modo que un día u otro la ciencia dominará al virus y se acabará el petróleo y se reducirá así el número de vehículos. Eso sí, muchos de los que hoy quieren pasear por Barcelona no lo verán. Unos habrán caído por la pandemia y otros porque el tiempo pasa para la gente de modo inexorable, aunque las administraciones no quieran darse cuenta de ello. Y una cosa está clara: después de la muerte no está el paraíso pintado de amarillo. Hasta que alguien demuestre lo contrario, no hay nada. Y de ahí seguro que no se sale.

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