Corre por la calle una campaña publicitaria del Ayuntamiento de Barcelona que dice: «Barcelona té poder» («Barcelona tiene poder») y «Ens en sortirem» («De ésta saldremos», digo yo, aunque la traducción oficial del Ayuntamiento es «Saldremos adelante»… cuestión de gustos). Y por las redes sociales, el video promocional, que lejos de obsequiarnos con la rumba olímpica nos mete ruido de palmas y ya está.

Vale, bien, plas, plas, las palmas, y un poder que no veas. Sobre el diseño gráfico… Bueno, aquí hay división de opiniones. Que a mí me parezca feo carece de importancia, no es significativo. Tampoco me gustan los pepinillos en vinagre y hay gente que los devora. Lo que me tiene intrigado es para qué sirve.

Fíjense qué pregunta más sencilla: ¿para qué sirve?

La respuesta, en cambio, daría para un largo debate, que quisiera orillar. Supongo que querían darnos ánimos, como el rey Jorge cuando, disimulando su tartamudeo, acertó a decir a la nación en peligro: «Mantengan la calma y apechuguen» («Keep calm and carry on», en su versión original). Fue un gran discurso, hicieron una película y todo. Pero, por favor, vale ya. Guárdense la épica para las novelas de caballerías y no quieran vendernos la moto.

Creo sinceramente que nuestro gobierno municipal tiene un serio problema de comunicación. Lo tiene desde hace años. Parte del problema es el infantilismo de algunos líderes. La alcaldesa Colauma Thurman en Instagram, con pose de película, es un ejemplo. ¡Claro que es muy libre de hacerse una fotografía en plan adolescente tonta! Pero que luego no se queje si la gente se ríe. El cargo trae esas cosas consigo.

Otra parte del problema es la falta de criterio y de madurez de parte del gobierno municipal. Las declaraciones de Janet Sanz son el ejemplo más reciente. Semejante torpeza nos lleva a proponer diversas hipótesis: a) no sabía lo que se decía o b) lo sabía. ¿Cuál de ambas opciones es más preocupante? Juzguen ustedes mismos.

Los socios del PSC imagino que más de una vez se habrán dado a la bebida ante tal o cual declaración colauera. A ustedes les gustará o no les gustará el PSC y su proyecto para Barcelona, pero tendrán que reconocerme que el partido tiene mucha experiencia en la gestión municipal y que el Ayuntamiento de Barcelona sea como es, en lo bueno y en lo malo, ha sido en gran medida por la labor de los socialistas durante tantos años al frente de esta institución. Quizá por eso sean más conscientes de las servidumbres de la comunicación institucional y no meten tanto la pata.

A ver, que una buena comunicación institucional no es fácil. Esto, que quede claro. Pero la falta de madurez y de criterio lo complica todo un poco. Y peor me lo ponen si tienen un vecino como el del otro lado de la plaza de Sant Jaume.

Ay, madre, qué vecino. Es un tipo que está chiflado y no lo están menos sus adláteres. No tiene más obsesión en la cabeza que hacer ruido y enmerdarlo todo con profusión de banderas y discursos cargados de patetismo, porque eso atrae a su público y vende. Es tal el follón de la cacharrería que cualquier palabra sensata que salga del Ayuntamiento de Barcelona está más vendida que un flan en la puerta de un colegio.

Trump, Bolsonaro, Salvini, los brexiters, Vox, etcétera, siguen el mismo patrón de comunicación que los escandalosos vecinos de enfrente, y persiguen objetivos similares. Y no veo yo, aquí y ahora, un discurso y una comunicación capaz de plantarles cara.

Por eso, viendo que nadie se pone las pilas, cuando leo que Barcelona tiene poder y que de ésta saldremos, añado yo, para mis adentros, que saldremos, sí, pero corriendo.

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