La gobernabilidad en España sigue tan incierta como el pasado abril. El país ha girado hacia la derecha, pero el PSOE ha vuelto a ser el partido más votado. En Barcelona, ERC ha repetido victoria por escaso margen respecto a los socialistas, muy distanciados ambos de Podemos, Junts per Catalunya, PP, CUP, Ciudadanos y VOX. La caída de la formación naranja y el ascenso de la ultraderecha, como en el resto del país, son las tendencias más significativas en la capital catalana. En Barcelona, VOX sube, pero menos.

Cada cita electoral tiene su propia peculiaridad. No suele votarse lo mismo en unas generales que en unas autonómicas o en las municipales. En Barcelona, ERC ha encadenado su tercera victoria y los socialistas retroceden ligeramente. En las municipales, el voto a Collboni no fue tan multitudinario. Todo lo contrario sucede con los comunes, entregados al carisma de Ada Colau para tapar sus divisiones y miserias.

Las formaciones de izquierda son mayoritarias en Barcelona. Mucho más dividido está el voto entre partidos independentistas y constitucionalistas apenas un mes después de la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del proceso secesionista.

En tiempos de inestabilidad política, España necesita un gobierno estable y Barcelona debe ocuparse ya de los problemas reales de sus ciudadanos. En plena confusión por los disturbios que se vivieron en la ciudad, Colau coló algunas medidas nada progresistas como una subida masiva de impuestos y tasas municipales en muchos sectores. Sectores como el comercio y la restauración han sido despreciados y maltratados en los últimos meses.

Barcelona necesita nuevas políticas económicas y, sobre todo, mucha firmeza para combatir la inseguridad. Toca ya hablar de Glòries, del tranvía, del futuro del Mobile, de movilidad, de sostenibilidad y de la nueva Barcelona metropolitana. Toca gesticular menos y hacer más política.

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