Al final, conseguiremos acostumbrarnos a esa nueva normalidad a que obliga el coronavirus. Si antes del verano creíamos que sería el escenario de nuestra vida cuando el Covid-19 se replegara, ahora vemos que lo será mientras convivimos con el virus, y Dios sabe por cuánto tiempo.

El primer día de la entrada en vigor de las nuevas medidas para frenar la expansión de los contagios en Cataluña, el viernes pasado, se presentó en Barcelona el barómetro sobre el futuro de la automoción, el Auto Mobility Trends, una iniciativa de Coche Global y de la consultora YGroup.

La vida sigue y la economía no puede parar. El sector de la automoción emplea a 143.000 trabajadores y mueve unos 23.000 millones de euros al año, en torno al 10% del PIB de Cataluña. El sector, compuesto por unas 11.000 empresas, gira alrededor de dos grandes marcas, Seat y Nissan.

Esos datos explican perfectamente por qué las restricciones de aforo y el resto de medidas de seguridad no impidieron que se hiciera la presentación del barómetro y que fuera un éxito, con la asistencia de los pesos pesados del sector. Desde la ministra de Industria, Reyes Maroto, al presidente de Seat, Wayne Griffiths, pasando por el CEO de Ficosa Panasonic, Xavier Pujol, las organizaciones feriales y por la plana mayor de las patronales de la fabricación y la distribución.

Los datos que se dieron a conocer son interesantes porque anuncian por dónde van los planes de las empresas. El Gobierno también aprovechó para explicar en qué va a emplear los recursos de apoyo al sector, aunque el acto en sí tuvo su propio valor. Las empresas y sus trabajadores –participaron sindicalistas-- tratan de mantener la actividad, pese a las dificultades del momento, haciendo compatible el trabajo con la profilaxis contra la pandemia.

La sala de la flamante Casa Seat en el cruce de Paseo de Gràcia con Diagonal que acogió la presentación del Auto Mobility Trends tiene capacidad para un centenar de personas, pero el aforo se redujo a la mitad. Gente distanciada, con mascarillas, gel hidroalcohólico en las manos y con el control de temperatura en la entrada.

Nadie echó en falta al conseller de Empresa, y tampoco al de Treball. Pero no deja de sorprender que a la Generalitat le importe menos el sector del automóvil –143.000 trabajadores-- que el enfrentamiento que alimenta con el Gobierno central. La Generalitat actúa como si la presencia de Maroto en Cataluña fuese una invasión de competencias o, peor aún, como una invasión, a secas. Sin la respuesta que se merece una ocupación, claro; nada más allá de la performance de la mala educación.

Esa gesticulación huera no ha impedido, claro está, que apenas 48 horas después el presidente del Govern en funciones se dirigiera a Madrid para pedir dinero con el que tapar el agujero que ha provocado en el sector de la restauración con sus meditadas restricciones. También es verdad que, ¿total que aporta la colaboración de los independentistas? Carme Chacón, la anterior responsable de Empresa, ni siquiera consiguió línea telefónica con Nissan cuando la multinacional decidió echar la persiana en Barcelona.

Ninguno de los asistentes a la presentación del Auto Mobility Trends aludió tampoco a la ausencia del Ayuntamiento de Barcelona ni de su alcaldesa. Probablemente sí se acordaron de ella al salir a la Diagonal y encontrarse el lateral cerrado a los automóviles y también vacío de peatones.

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