Una señora de cierta edad cruza la calle por donde no debe y sin mirar por donde pisa. Entonces pasa lo que pasa, que tropieza con un separador vial de caucho y cae de morros. Literalmente, dijo: "M’he fotut de lloros". Empleó esta forma tan culta y literaria de decirlo porque escribe novelas, en el sentido peyorativo del término. Entre sus más destacadas obras de ficción está la biografía de uno que fue presidente de la Generalitat, pero no es éste ni el momento ni el lugar de elucubrar sobre los mundos de fantasía de la literatura catalana contemporánea. Nos hemos desviado del tema. La cuestión es que la dicha señora se fotografió con el brazo en cabestrillo señalando al separador vial que se había abalanzado sobre ella con tan aviesas intenciones y publicó la estremecedora imagen en las redes sociales, acompañada de un texto descriptivo y el dibujo de un gatito triste. Traduzco el texto mencionado. Dice así: "Me he caído de morros y me he roto la cabeza del húmero". Las puñeteras andróminas de la ciudad", añade, señalando al separador vial.

Esta señora de cierta edad resulta que es la Belén Esteban catalano-procesista y se la considera una de las opiniones más influyentes del país, lo que dice mucho, y nada bueno, del país. Grita en la radio, grita en la televisión y grita en los periódicos, y últimamente grita contra las "andróminas" de los carriles-bici y el color amarillo con que ahora se están señalizando. Ha dejado por escrito hace pocos días (cito) que el amarillo es un color feo, vulgar, chillón, sin estilo ni elegancia, que ensucia todo el entorno, que nos impide contemplar la belleza de la ciudad, etcétera.

Curiosamente, esa misma señora distingue el amarillo procesista de lazos, bufandas, calcetines, pintadas, carteles y demás, que considera guay, del amarillo que recomiendan los expertos en movilidad urbana para señalar los tramos de los carriles de circulación en los que uno ha de prestar la debida atención en vez de cruzar sin mirar y por donde no se debe, que es todas esas cosas horribles que he dicho. El amarillo del engaño, el ensueño y de tufo supremacista, bien. El amarillo que te obliga a pisar con los pies en suelo, mal. ¡Eso explica tantas cosas…!

Una curiosidad: Si observan la imagen que publicó esta mujer que grita, puede que no viera esa "andrómina" porque ese carril todavía no había sido pintado del amarillo de sus amores. Yo ahí lo dejo.

Si nos ponemos a criticar, es bien cierto que el plan de movilidad del Ayuntamiento de Barcelona merece una crítica razonada y razonable desde muchos puntos de vista, una mirada a largo plazo y un acuerdo lo más amplio posible. Que eso no ocurra se debe, en gran parte, a los amigos de esta señora que cruzó la calle por donde no debía y sin mirar dónde pisaba. Los amigos de la señora del traspiés han legislado siempre contra la Barcelona metropolitana, lo menos desde que el presidente de Banca Catalana dejó de robar en el mundo de las finanzas para hacerlo en el de la administración pública.

Pero a mí lo que me ha llamado la atención de todo este affaire es la palabra "andrómina". Creía que era una palabra catalano-pintoresca, como antuvi, àdhuc, car o la posición encíclica de los pronoms febles. Pero no. Resulta que andròmina (en catalán) y "andrómina" (en castellano) son una y una misma cosa, a saber (cito de nuevo) un embuste o un enredo, dicho coloquialmente.

Pues, qué quieren que les diga, por una vez en la vida, la señora del brazo en cabestrillo que tan airada se manifiesta contra los separadores viales porque le producen traspiés tiene razón en mosquearse. Porque la mayoría, la inmensa mayoría de ciudadanos, ya estamos hasta las narices de los embustes y enredos que corren por la ciudad. En el asunto de los carriles-bici como en cualquier otro asunto. Queremos que nuestros líderes se preocupen de los problemas de la gente y no de sus problemas, no nos gusta que nos digan andróminas.

Esto es curioso y lo añado. La señora del traspiés nos viene siempre con muchas andróminas cuando habla de política. Es una dispensadora de andróminas a destajo, obediente a la voz de su amo. Pues menos andróminas y más preocuparse por el bien común, señora.

Mientras tanto, sigo con atención el asunto del cocodrilo del Pisuerga. Es lo más interesante que han traído los periódicos estos días, ¿no les parece? Lamentaría en serio que también fuera una andrómina.

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