Manos de un enfermo de párkinson / EP
Manos de un enfermo de párkinson / EP

Nuevas técnicas quirúrgicas alivian los síntomas del párkinson y reemplazan a los fármacos

La implantación de electrodos en zonas concretas del cerebro es un tratamiento dirigido a pacientes que no pueden controlar los síntomas con medicamentos

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Periodista
Actualizado: 14/09/2022 09:36 h.

La enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa que afecta al movimiento. En España, la sufren cerca de 150.000 personas y cada año se diagnostican unos 10.000 nuevos casos. Esto la convierte en la segunda enfermedad del sistema nervioso más frecuente tras el Alzheimer.

Al tratarse de una enfermedad que se agrava con el tiempo, muchos pacientes rechazan los tratamientos farmacológicos convencionales o experimentan efectos secundarios difícilmente tolerables. Para ellos existe la alternativa de la estimulación cerebral profunda, que consiste en la implantación de electrodos dentro de ciertas áreas del cerebro bajo anestesia completa del paciente.

MEJOR PARA EL PACIENTE

Esta técnica comprende la implantación de electrodos para transmitir señales eléctricas a las áreas del cerebro que controlan el movimiento. En la mayoría de los centros esta operación se realiza con el paciente despierto, debido a las dificultades que hasta ahora existían para identificar de forma correcta la ubicación de los electrodos. Gracias a ella, ahora es posible intervenir con el paciente totalmente anestesiado.

"Mediante esta técnica el paciente no sufre ni en el preoperatorio ni en el intraoperatorio y nos permite darle de alta mucho más tempranamente sin muchos de los efectos desagradables de la abstinencia a su medicación y sin sufrimiento operatorio, ya que estos se operan bajo anestesia general”, destaca el doctor Pedro Roldán, el especialista en Neurocirugía que ha implantado la nueva técnica con anestesia general en el Hospital El Pilar.

MENOR TIEMPO QUIRÚRGICO

En este nuevo abordaje de la estimulación cerebral profunda se lleva a cabo una resonancia magnética cerebral, realizada bajo anestesia general para evitar temblores del paciente que puedan afectar a la imagen, y una tomografía computarizada craneal con contraste. El objetivo de ambas pruebas de imagen es permitir al cirujano la planificación precisa para la colocación de los electrodos.

El día de la operación, el paciente vuelve a ser anestesiado de forma completa y se le colocan los electrodos según lo planificado. Una vez que se ha llevado a cabo la intervención se realiza un escáner de verificación, por si fuera preciso el reposicionamiento de alguno de los electrodos en el mismo acto quirúrgico. Cuando se ha verificado la correcta colocación se procede a la implantación y conexión al neurogenerador de impulsos.

¿CÓMO SE APLICA?

Todo ello se realiza con incisiones en la piel muy pequeñas y siguiendo un riguroso control estético. Gracias a ello, según el doctor Roldán “es posible hacer todo el procedimiento en una sola sesión de aproximadamente 3 horas, disminuyendo en un 40% el tiempo quirúrgico habitual. 

“Con esta técnica, un proceso hospitalario que antes nos llevaba de media entre siete y ocho días ahora es posible hacerlo en entre dos y tres días”, valora el doctor Pedro Roldán

El neurólogo destaca igualmente que el material implantado es de última generación: "Contamos con electrodos direccionales y neurogeneradores recargables de vanguardia que permiten disminuir, aún más si cabe, los posibles efectos adversos de la terapia, así como alargar significativamente la vida útil del dispositivo".

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