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El Ayuntamiento de Barcelona y el Puerto han anunciado este viernes un acuerdo de reordenación que permitirá ganar áreas para el uso vecinal, concentrando y limitando el número de terminales de cruceros y barcos. De este modo, las terminales marítimas internacionales pasarán a ser siete en lugar de los ocho actuales y estarán ubicadas todas en el muelle Adossat, por etapas, con planes de finalizar el proyecto en 2022.

Según han explicado en rueda de prensa la alcaldesa Ada Colau y el presidente del puerto Sixte Cambra, la terminal de ferris de Drassanes, que actualmente utiliza la compañía Baleària, también se trasladará al muelle Adossat. El objetivo de las actividades en la terminal Drassanes permitirá retirar las vallas ubicadas entre el Portal de la Pau y el World Trade Center y configurar un nuevo espacio libre junto al mar.

El Ayuntamiento y el Puerto han acordado modificar el Plan Especial de la Nova Bocana para aumentar el espacio público en esta zona en 14.000 metros cuadrados adicionales, en la zona de la futura Marina Vela, donde se generarán dos tramos de paseo público que equivalen en extensión a la Rambla de Barcelona.

El Puerto de Barcelona es el cuarto a nivel mundial en número de cruceristas tras alcanzar la cifra de 2,6 millones al año y, al concentrarse esta actividad en un espacio concreto, se liberarán zonas que se abrirán para usos ciudadanos. "Se trata de tener un puerto integrado en la ciudad y que los vecinos puedan sentir que lo recuperan y lo disfrutan al máximo", ha explicado la alcaldesa.

EVITAR LA CONGESTIÓN DE CRUCERISTAS

En paralelo, llevará a cabo un evaluación de la movilidad con origen o destino al muelle Adossat que servirá para elaborar un plan de gestión sostenible de la movilidad terrestre de los cruceristas, que evite la congestión viaria en la plaza de les Drassanes y la saturación de la Rambla.

Y además de esta gran reordenación física, el Puerto encargará un informe sobre el sistema de control de las emisiones de los barcos, los protocolos y los resultados obtenidos, y un estudio específico del impacto de la contaminación en el puerto a largo plazo, que tendrá en cuenta sobre todo las partículas en suspensión y el impacto en los barrios de la zona.

Una vez disponga de los resultados, el puerto se ha comprometido a redactar un plan por etapas para reducir la contaminación generada por el tráfico de cruceros. En todo este ámbito, el uso comercial se limitará al 20 % y la restauración al 15 % del techo total.