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Un circuito por cuatro escenarios gastronómicos que componen un viaje por distintas regiones de Latinoamérica. Una apuesta muntisensorial y culinaria por la que ha apostado Casa Amèrica Catalunya en las IV Jornadas de Gastronomía. Una aventura que se ha podido disfrutar durante un fin de semana en Caixa Fòrum.

El éxito ha superado las expectativas. Todos los pases se agotaron días antes. Un grupo de tres personas pasaba al interior del circuito cada 40 minutos (lo que duraba la visita). Primera parada, la cocina de una casa mexicana tradicional en la que, cada visitante ha tenido un papel: rallar panela, separar el grano de los frijoles o moler grano. Mientras, una guía ‘tematizada’ explicaba los albores de las cocinas mexicanas y les conducía al corazón de las casas, el espacio que aguardaba el olor más intenso del circuito: la molienda del cacao. Ocasión para degustarlo en un cuenco de totumo a oídos de historias familiares y lazos amorosos. Lo que se habla mientras de cocina.

EXOTISMO CARIBEÑO

Y del sorbete de cacao al mercado típico de los países latinoamericanos con los ojos vendados. Los visitantes escuchaban el vaivén de los carros y de las mercancías, la jauría de gentes comprando, regateando, la venta de productos recién llegados a las paradas del mercado. Mientras, otro guía, acerca hinojo y otros ingredientes tradicionales latinoamericanos a la nariz de los visitantes. Les acompañaba unos pasos adelante y les invita a meter las manos en la masa, la masa del maíz para hacer tortillas y del maíz molido. Les acomodaba en una mesa y les deleitaba el paladar con tres toques latinos. El primero, un tubérculo andino; el segundo, un secreto del Pacífico y el tercero, el exotismo caribeño. Los visitantes, aciertan algunos, pero de otros se van con el misterio sin saberlo.

SOMOS MAÍZ

Tras esta cata a ciegas, fuera la venda de los ojos y el mismo guía acerca a los visitantes a una mesita ‘chiquita’ sobre la cual, a modo de ‘santito’, sobre un escritorio en miniatura, asoman unos granos de maíz en una cesta minúscula alumbrada con una lámpara diminuta. Como si de una reliquia adorada se tratase, los visitantes cruzan al último escenario de su viaje gastronómico y como no podía ser de otra manera, se iniciaba con maíz y con maíz se acababa. “Estamos hechos de él”, cuenta la última chica que ofrece un cuenco con crema de este cereal adorado por las primera civilizaciones prehispánicas.

Para despedir el viaje, los visitantes escribían un recuerdo propio sobre su cocina y Casa Amèrica Catalunya les regalaba una postal de una cocina tradicional a modo de cortesía como muestra de intercambio culinario. Un arte y un saber milenario, compartido y (por todos) querido. Con todo este sabor se ha despedido la semana de la gastronomía de Casa Amèrica de Catalunya en Barcelona. 

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