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George Best, el mejor futbolista de toda la historia de Irlanda del Norte, vivió muy deprisa. Las mujeres y el alcohol fueron la perdición del delantero del Manchester United. En América también hubo un futbolista genial devorado por su adicción al alcohol. Fue el peruano Hugo Cholo Sotil (Ica, 1949), considerado el mejor regateador de los años 70 y uno de los grandes socios de Johan Cruyff en el Barça que ganó la Liga en 1974.

Sotil lucía el 10 en la camiseta del Barça. Futbolista de toque exquisito, siempre será recordado por la celebración de la ansiada Liga en Gijón, tras una larga espera de 14 años. El “mamita campeonamos” forma parte de la historia del club. Lo soltó cuando llamó a Perú y su compañero de habitación, Quique Costas, no tardó ni un minuto en propagar su mensaje. Hoy hubiera sido trending topic.

El Barça de Cruyff que ganó la Liga será eternamente recordado por su fútbol de autor y, sobre todo, por su exhibición en el Bernabéu. “Después del 0-5 al Real Madrid, la gente que nos recibió en el aeropuerto lloraba de alegría. Nunca pensé que esa victoria pudiera tener tanta trascendencia”, relató, muchos años después, Sotil. El peruano marcó el quinto gol, de cabeza.

CAÍDA A LOS INFIERNOS

En Barcelona, Sotil vivió el mejor capítulo de su vida, pero también momentos muy duros. El inicio de su declive personal y profesional. Después de un año maravilloso, el Barça fichó a Johan Neeskens, otro holandés, y Sotil no pudo jugar por culpa de los cupos (sólo se permitán dos extranjeros por equipo). En ese año sólo jugó algunos amistosos. Tenía mucho tiempo libre, demasiado, y fue un asiduo de la noche barcelonesa y la bebida. Si rápido fue su ascenso a la gloria, más vertiginosa fue la caída a los infiernos.

Sotil formó parte de la mejor generación de futbolistas peruanos de toda la historia, campeones de América en 1975 y cuartofinalistas en los Mundiales de 1974 y 1978. Después, su vida tuvo muchos pasajes oscuros, malviviendo muchas veces de las limosnas y de algunos homenajes. Si en su infancia trabajó como limpiador de zapatos, vendiendo palomitas de trigo y cargando sacos de 80 kilos en una fábrica de café, de mayor condujo un taxi en una vida muy alejada de los lujos del pasado.

Su amistad con Johan Cruyff fue eterna. Nada le apenó más que el fallecimiento del holandés errante. Unos años antes, Sotil habló de la vida y la muerte. “Cuando me vaya, quiero que me entierren con una camiseta del Barça”, dijo uno de los grandes iconos del fútbol peruano de todos los tiempos y uno de los futbolistas más queridos en el Camp Nou.