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Los salvadoreños de Barcelona pueden celebrar junto a los barceloneses que lo deseen la conmemoración del martirio y la muerte del beato Óscar Romero en la parroquia románica de Santa Anna a las 20:00 horas de la tarde. El sábado 24 de marzo se celebrará una misa especial junto a la figura de Óscar Amulfo Romero Galdámez. Una talla del Romero realizada en barro en tierra latinoamericana. Esta iglesia está vinculada a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén desde el siglo XII, fue declarada monumento nacional en el año 18811​ y Bien de Interés Nacional.

La relación del mártir salvadoreño con esta iglesia es una palia, la tela que cubría el cáliz en el momento que el beato recibió el disparo que se supuso la muerte en mitad de una Eucaristía. Así como a Mons. Óscar Romero se le consideraba el ‘portavoz de quienes no tenían voz’, esta iglesia ha sido la primera de Barcelona que ha abierto sus puertas a las personas sin techo para que puedan dormir en ella, como si de un hospital de campaña se tratase. Santa Anna permanece abierta durante las 24 horas del día. "La comunidad latina de Barcelona se reúne cada año el día que mataron a ÓScar para recordar su opción por los pobres", exlica el rector de la parroquia, Peio Sánchez. 

El mártir salvadoreño en la capilla se la Virgen de Montserrat de Santa Anna / A.O.
El mártir salvadoreño Óscar Romero en la capilla de la Virgen de Montserrat de Santa Anna / A.O. 

El beato Óscar Romero, pendiente de canonizar, conocido como el padre de los pobres, elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y de América Central, nombrado Arzobispo de San Salvador en 1977. Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país en guerra y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror. La violencia de la guerra incrementaba y habían asesinado a algunos miembros de la iglesia católica como Luis Torres, Alfonso Navarro y Rafael Palacios, entre otros. A final de 1979, Monseñor Romero sabía el inminente peligro que acechaba contra su vida. El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, considerada como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: "en nombre de Dios y de este pueblo sufrido, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión”. El 24 de marzo de 1980 fue asesinado de un disparo y cinco días más tarde, fue enterrado. Su funeral fue una manifestación popular que acompañó al féretro durante las calles. En 1994, su sucesor en la archidiócesis de San Salvador, Mons Arturo Rivera y Damas, inició el proceso de beatificación de Óscar Romero. En 2015, Damas se dirigió al Papa Francisco y el cardenal Ángel Amato, Prefecto de los Santos, autorizó el decreto de martirio de Óscar Romero, reconociendo así que su asesinato fue por odio a la fe y su beatificación.