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Picasso y Miró fueron pintores contemporáneos fascinados por el arte primitivo amazónico”, cuenta el fraile capuchino, Valentí Serra quien ha presentado la exposición Catazònia en El Museu de Cultures del Món, el cual acoge una selección de yanchames hasta el 24 de junio. Los yanchames son unos murales pintados por la tribu tikuna sobre una fibra vegetal llamada yanchama. En ellos dibujan animales de la selva, escenas de la vida cotidiana y rituales propios de la comunidad “con zumos de frutas, carbón y polvo de tierra. Es un arte totalmente ecológico”, explica el fraile, director del Museo Etnográfico Misional Andino-Amazónico.

Catazònia aproxima, a través de la memoria de los objetos, a la artesanía de los indios tikuna, el grupo indígena más numeroso de la selva amazónica. El conjunto de yanchames son la muestra de arte más genuino de la cultura amazónica, fuentes de inspiración para grandes artistas contemporáneos. Trazados simples que representan los elementos de la naturaleza y cuyo significado se explica en la exposición.

Catazònia cuenta la doble vertiente de la misión evangelizadora de los frailes capuchinos que desde el siglo XV llegaron al extenso territorio selvático colombiano de Putumayo y Caquetá: el del catequismo y el bautismo de las tribus amazónicas como el de la adaptación de las diversas lenguas y formas de pensamiento local. En este sentido, la colección destaca el papel de Marcel.lí de Castellvi y su obra etnolingüista, un testimonio de más de 90 lenguas indígenas de la Amazonia. Un trabajo reconocido por investigadores americanistas, fruto de una labor etnográfica iniciada por los primeros capuchinos que llegaron a la Amazonia impulsada por Fidel de Montclar en los ámbitos de la etnografía, lo folclórico, lo histórico y lo lingüístico.

Los yanchama, estoras rituales / AROA ORTEGA
Los yanchama son estoras rituales, piezas expuestas en la exposición Catazònia / AROA ORTEGA

EL RETO DE LA ACULTURACIÓN

Lo que comenzaban siendo misiones apostólicas de cinco o seis meses, se convirtieron en años. Los grupos pastorales que desembarcaban en Abya Yala, como llaman ellos a su continente, recorrieron el territorio de norte a sur para administrar sacramentos pero, a medida que pasaba el tiempo, fueron convirtiéndose en parte del entorno y la Catazònia demuestra el contacto que hubo y que sigue habiendo entre Catalunya y la Amazonia. Tanto es así, que, gracias a la documentación de estos frailes, se conocen algunos de sus ritos.

Sonajero para el baile ritual de los indios yakuna de la Amazonia colombiana / A.O.
Sonajero para el baile ritual de los indios yakuna de la Amazonia colombiana / A.O.

EL RITO DEL PELAZÓN

El rito destacado en la exposición es el del pelazón, descrito por el capuchino Miguel de Huarte. Este ritual se celebraba cuando una muchacha llegaba a la pubertad. Entonces se la encerraba en una casa hasta pasados unos meses y solo podían visitarla familiares. Llegada la tercera noche de un plenilunio, un grupo de hombres enmascarados con caretas hechas de la corteza del yanchama, se acercaban a la caseta. Uno de ellos sacaba a la joven adornada con plumas, a la cual se le ofrecía una bebida hasta que quedase embriaga, estado necesario para proceder al último paso del rato en el que dos ancianas de la tribu pelaban la cabeza de la joven a base de estirarle el cabello por mechones. Posteriormente, se le embadurnaba la cabeza con hierbas selváticas para evitar que se infectase el cuero cabelludo.

Ésta y otras curiosidades del arte y la vida tikuna pueden verse a partir de este fin de semana en el Museu de les Cultures del Món de la calle de Montcada.