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El futuro del Zoo de Barcelona es, cada día, más incierto. Al abandono del gobierno que lideran Ada Colau y Jaume Collboni se suma ahora el cierre de dos zonas: el bar-restaurante La Granja y el Aquarama, la antigua casa de la orca Ulises.

El Ayuntamiento de Barcelona también quiere cargarse el delfinario, uno de los espacios más visitados.

Adrià Casinos, profesor emérito de Zoología y miembro del patronato del Zoo de Barcelona, es pesimista sobre el futuro de la instalación. Empleados del zoo le explicaron que la muerte de un delfín, el pasado noviembre por una infección vírica, pudo estar causada por el deficiente estado del delfinario, que lleva años sin apenas inversiones.

VALOR CULTURAL Y PEDAGÓGICO

Los trabajadores del Zoo viven momentos de incertidumbre y desasosiego, a la espera de una reunión con su director. El derribo de dos instalaciones es un mal presagio.

El Zoo de Barcelona, durante décadas, ha sido una de las instalaciones más visitadas de la ciudad por su valor cultural y pedagógico. La posibilidad de ver un elefante o un cocodrilo puede perderse a corto plazo en plena discusión entre partidarios y animalistas.

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