Manuel Valls visitó la redacción de Metrópoli Abierta para ampliar la exposición de sus intenciones como candidato a la alcaldía de Barcelona. Como líder de la plataforma transversal 'Barcelona, capital europea', que presentó recientemente, el ex primer ministro francés ha dado un tono especial a las elecciones municipales, que tendrán lugar el próximo mes de mayo. En esta entrevista, Valls recuerda la Barcelona que conoció de joven, la que vivió estando en Francia y la que ha redescubierto desde que ha decidido habitar en ella y ser su próximo alcalde. Y tiene claro que Barcelona es la gran víctima de la actual inestabilidad política que vive Catalunya

¿Cómo ha sido su aterrizaje en Barcelona?
Lo primero que quisiera decir es que no es un aterrizaje. No es una ruptura porque, como ya he dicho, lo que he hecho es regresar a Barcelona. Nací en Horta y he pasado mucho tiempo en la ciudad, como explicaré en mi libro. No es una ruptura personal; es un cambio personal. En realidad, es como un cambio de domicilio. El mundo se ha acercado. Estamos en Europa, he vivido en Evry y en París; compartimos la misma civilización, la misma cultura, los mismos valores de ciudad, con sus peculiaridades y diferencias.

¿Qué tienen en común París y Barcelona?
Son dos grandes ciudades, casi ciudades-estado, que buscan soluciones concretas, prácticas, precisas, para temas comunes: el cambio climático, la convivencia, la seguridad de la gente, las políticas culturales, la vivienda pública (aquí es muy diferente que en Francia), etc. En el fondo, están en el mismo camino. Barcelona representa también una metrópoli abierta a Europa, al mundo. Es cosmopolita y multicultural.

¿Cómo se ha sentido recibido aquí?
El recibimiento en Barcelona ha sido muy bueno, muy intenso y emocionante. Para mí, particularmente, ha representado muchos cambios, pero también muchas emociones... El regreso de cosas que estaban como 'dormidas' o escondidas en mi vida y que ahora han vuelto a aflorar. Estoy muy contento de estar aquí como barcelonés. También estoy muy animado, porque ahora soy candidato para ser el alcalde de Barcelona.

¿Qué buscaba en Barcelona?
En lo más íntimo, buscaba un nuevo espacio, redescubrir su luz y el Mediterráneo. Siempre me ha faltado, siempre, siempre... Forma parte de lo que soy. Mis vacaciones, siempre que he podido, han sido en el Mediterráneo... Aquí, en Baleares, en el sur de España, en Grecia, en Francia o en Italia. El Mediterráneo es parte de lo que soy.

¿Recuerdos de la niñez?
Desde mi casa de Horta veía el mar. Con las nuevas construcciones, ahora ya no es posible. La Vila Olímpica, el Port Olímpic, las playas son para muchos barceloneses un sitio especial. Lo cierto es que cuando yo era joven, Barcelona no estaba abierta al mar. Recuerdo ir a los restaurantes a pie de agua, por La Barceloneta... La apertura al mar por los Juegos Olímpicos de 1992 fue muy positiva para la ciudad.

Pero ha preferido instalarse en el Eixample, ¿no?
Es otra parte maravillosa de Barcelona. El Eixample es algo único, representa la organización urbanística de Barcelona. El Plan Cerdà significó un proyecto social con mucho empuje.

Valls, muy expresivo en su discurso / HUGO FERNÁNDEZ
Valls, muy expresivo en su discurso / HUGO FERNÁNDEZ

¿Qué más le gusta de Barcelona?
Me gusta todo de ella como ciudad y las diferencias de sus distintos barrios. Cada uno de ellos tiene su qué, su algo especial, que hacen especial a esta ciudad: el Gòtic es un barrio único, también Horta, Nou Barris, con el Passeig Valldaura... Los barrios y la ciudad han cambiado mucho desde que yo la conocí cuando era pequeño. Me encanta la ciudad con sus diferencias: el genio de Gaudí, el Eixample de Cerdà, las vistas desde las terrazas, la ciudad vieja, la nueva que ideó Maragall para los JJOO...

¿Barcelona puede sufrir otro gran cambio?
Esa es una de las cosas que distinguen a Barcelona. Tiene algo que no pueden hacer otras ciudades: reconstruirse. En París, por ejemplo, es muy difícil lo que planificó Haussmann en el siglo XIX. Barcelona, por contra, todavía tiene espacios para cambiar. En Glòries, por ejemplo, aún se pueden construir nuevos edificios. Hablé con el ex alcalde (Joan) Clos sobre la posibilidad de construir nuevas torres en sintonía con la antigua Agbar. En definitiva: en Barcelona aún es posible un renacimiento urbanístico. La ciudad no es estática, no es un museo. Se mueve.

Ahora que ya vive en Barcelona, ¿le saluda la gente cuando va por las calles?
Ya soy conocido en Barcelona, mi nombre y mi cara son reconocibles. La gente sabe quién soy desde que presenté mi candidatura y aparezco en los medios de comunicación. He observado reacciones muy positivas cuando paseo por la ciudad, gente que me felicita y que me dice que me votará; hay personas que 'pasan', y otras que me dicen que me vuelva a Francia. No paso desapercibido, no dejo indiferente (Ríe).

¿Qué más ha percibido?
Veo gente cansada, preocupada, que quiere hablar. Gente que me dice que es independentista, que no es de mi bando, aunque son muy amables y quieren hablar conmigo. Podemos pensar que el procés ha dividido la sociedad barcelonesa y ha fracturado las familias y las amistades. Esto es un hecho: hay una fractura política.

“Las intenciones de Colau eran buenas, pero sus soluciones han fracasado”

¿Qué piensa hacer?
He notado que hay ganas de hablar en la ciudad. Hay un tema fundamental, y lo repetiré, que es el hecho de que Barcelona ha de recuperar optimismo, ilusión, moderación y respeto. Por eso, mi campaña ha empezado recalcando que quiero ser el candidato de la moderación, del respeto y de la recuperación del espacio público. Este mensaje llega bien porque son cosas que preocupan a los ciudadanos.

¿Qué otras preocupaciones le ha transmitido la gente?
Depende de los barrios. Hay la idea muy clara de que Barcelona no está bien regulada, que se ha degradado. Hay dos preguntas con respuesta negativa. Si a la gente le preguntas si Barcelona está mejor desde que Colau es alcaldesa, la respuesta es no; si le preguntas si Barcelona está mejor con el procés, la respuesta también será no.

Manuel Valls, en Metrópoli Abierta / HUGO FERNÁNDEZ
Manuel Valls, en Metrópoli Abierta / HUGO FERNÁNDEZ

¿Se lo dice a Ada Colau?
Con todo respeto, pero sí. Después de todo el debate del procés, con sus declaraciones y manifestaciones sobre la independencia, Barcelona no va mejor. La buena imagen y las empresas se han marchado, la ciudad se ha degradado... Pero Barcelona es una marca global increíble: vienen millones de turistas, es la tercera ciudad más fotografiada por Google, es una ciudad que emociona. Estoy preocupado: BCN se ha degradado con un equipo municipal que se ha estrellado ante la realidad de la vida. Da lo mismo que sea en el Raval, en la Barceloneta, en Nou Barris o en Sants: la seguridad es un problema. Se ha pasado de un sentimiento a una realidad.

“En la calle he notado que no paso desapercibido, que no dejo indiferente”

¿Qué hace falta?
Actuación por parte de la Guàrdia Urbana, porque no hay una dirección clara por parte del Ayuntamiento. Los problemas con los manteros, narcopisos, okupas, inseguridad... Pasa en los barrios, en la Plaza Catalunya o en el Port Olímpic, genera una sensación de inseguridad, de un espacio público que no está regulado. La gente busca liderazgo, seguridad, orden público. Hemos de recuperar y guardar los valores de esta ciudad: la tolerancia, la apertura, el cosmopolitismo, la cultura... Esta degradación y esta falta de regulación son muy negativas. Lo importante ahora son las soluciones.

Volvamos con Colau. ¿Ha hecho alguna cosa bien, algo en lo que pueda coincidir con ella?
Sus intenciones eran buenas, y por eso la gente la votó, pero sus soluciones no han funcionado. Hace cuatro años la crisis económica era muy mala; había casos de corrupcion en los partidos políticos aquí y en España; las políticas sociales, la participación ciudadana. Las políticas de vivienda ha fracasado, porque los precios de los alquileres no han bajado y hay más pobreza. Eso no quiere decir, con respecto a la alcaldesa, que no conserve una proximidad y una simpatía que todo el mundo reconoce. Pero su equipo y ella no han sido capaces de gestionar. Los cambios y decisiones de estas últimas semanas en temas de seguridad y turismo son la demostración de que se han equivocado. Lo que ocurre es que ahora es demasiado tarde y que la gente lo está viendo. Ahora reconocen que la policía es útil. ¡Después de tres años y medio, ya era hora!. Hemos de combinar seguridad y civismo en el espacio público.

“Un gran reto es convertir a BCN en la primera ciudad ecológica del mundo”

¿Qué es lo primero que habría que hacer, según usted?
En una ciudad como Barcelona se tiene que hablar del balance y de nuevos proyectos de futuro. Para mí, algo muy importante es la gestión, saber gestionar la ciudad. Y dejarse de enemistarse con todo el mundo. No hay enemigos; el turismo y las empresas no son tus enemigos. A los refugiados tenemos que acogerlos, pero una ciudad también necesita elites culturales, emprendedores jóvenes, start-ups, etcétera. También necesitamos que las clases medias, muy tocadas por la crisis, se recuperen y puedan quedarse en Barcelona. Lo alquileres han subido un 25%, tanto como la okupación y la droga. La gente está muy preocupada con el regreso de la droga a Barcelona. El crack, la cocaína, la heroína. Es un problema muy grave de salud pública y seguridad.

En las elecciones municipales del próximo mayo cómo se votará, ¿en clave de ciudad o en clave catalanista/identitaria?
Se tiene que votar en clave ciudad, aunque está claro que los dos factores estarán presentes en la campaña electoral. Barcelona es la marca. El mundo conoce Barcelona por sus millones de turistas, la Sagrada Familia, los JJOO, el Barça, el nuevo humanismo. La marca Barcelona es más potente que Catalunya. Es una marca que representa a Catalunya, España y Europa. No hay muchas ciudades en el mundo que tengan ese potencial. La gran preocupación han de ser los problemas del día a día. Hemos de definir qué ciudad queremos. Esta es, para mí, la mejor respuesta posible a la gestión de Ada Colau y al debate identitario, al debate del procés. Barcelona ha de ser una gran ciudad, abierta, europea, mediterránea, capital del sur de Europa y la otra gran capital de España. Este es el debate o el proyecto. El otro proyecto, el de otros, es el de Barcelona como capital de una hipotética república catalana.

“En BCN aún es posible un renacimiento urbanístico, porque no es una ciudad-museo”

¿No cree, entonces, en la equidistania?
En este tema, mi postura no puede ser de equidistancia, de neutralidad. No, no puede ser. Respeto a todo el mundo, porque quiero moderación. Pero hemos de hablar de los problemas de los barceloneses, no de otras cosas. La alcaldesa es ambigüa, no se sabe dónde está. Y últimamente, un poco más. Repito: en estos temas no se puede ser ambiguo. El alcalde de Barcelona ha de ofrecer valores y ha de saber dónde quiere situar Barcelona. Yo la quiero situar en este mundo global. Los grandes retos del mundo se juegan en la ciudad.


Otro expresivo gesto de Valls / HUGO FERNÁNDEZ
Otro expresivo gesto de Valls / HUGO FERNÁNDEZ

¿Cuáles son los principales retos de BCN?
El reto número uno es que sea una ciudad segura. A partir de ahí, otro desafío es convertirla en la primera ciudad ecológica en el mundo: movilidad, urbanismo, construcción, contaminación... Siempre dentro de Europa. Mi plataforma representa un cambio, una generosidad y un optimismo que nos diferencian de Ada Colau y de los independentistas.

¿Sigue pensando en una plataforma transversal?
Sí. Será esto. Yo creo que Barcelona es una solución al 'cul de sac', al empate técnico motivado por el debate identitario. La gente ha de hablar. Hemos de salir de la lógica de los partidos. Barcelona no es una cuestión de partidos políticos. Por eso yo quiero una plataforma transvesal, una plataforma en la que haya gente de Ciudadanos, gente de izquierdas, de derechas, catalanistas, sabiendo que todos somos catalanes. Este es el reto para ganar Barcelona. Buscamos a todos los que piensan que Barcelona debe ser una gran capital europea, innovadora, con la cultura en el centro de muchas cosas y que necesita ser bien gestionada y una ciudad segura... Quiero que la gente se apunte a esta plataforma. Y puedo proponer este proyecto con mi liderazgo.

“Barcelona ha de recuperar optimismo, ilusión, moderación y respeto”

¿Algo más?
Necesitamos salir de las trincheras. Hemos de sumar. Basta ya de divisiones, de trincheras y de guerras ideológicas. La ideología negativa de Ada Colau contra las empresas, contra el turismo, contra la cultura, no tiene nada que ver con lo que es Barcelona. Antes hablábamos de un museo Hermitage en la ciudad. Yo ahora mismo voy a visitar la exposición Picasso-Picabia en la Fundación Mapfre. La cooperación público-privada, en este aspecto, debe ser una idea a seguir, en lugar de cuestionarla.Con la cultura no puede haber ideología.