La vida de Conchita Postigo (67 años) cambió el pasado 4 de septiembre. Sobre las seis de la mañana, durante su paseo diario por la montaña de Montjuïc, dos ladrones la atacaron por detrás, la asfixiaron y le propinaron una salvaje paliza. El botín: dos móviles, unos auriculares y sus zapatillas deportivas. La agresión le causó secuelas físicas, pero sobretodo psicológicas. Traumatizada aún por el ataque, le da miedo salir de casa. Cuando lo hace, esta vecina de La Marina del Port camina con pavor a que alguien la aborde en cualquier momento. 

"Tuve la sensación de que mi vida terminaba. Ese desespero de no poder respirar, de que tu vida se va...", cuenta esta mujer sentada en un banco de los Jardines de Cal Sèbio, cerca del lugar del atraco, en la Zona Franca. Esa mañana, diez minutos después de salir de casa, "dos fieras" se le echaron encima y la estrangularon con la técnica del mataleón, que consiste en asfixiar a una persona hasta perder el conocimiento. "Entré en un sueño muy dulce y profundo, pero al cabo de unos segundos volví a despertar".

GOLPES CONTRA EL SUELO

El robo tuvo lugar en la calle Foc, una avenida ancha y empinada que serpentea por la montaña barcelonesa. A Conchita la tiraron al suelo y la golpearon en numerosas ocasiones en la cara con un grado de violencia que pocas veces se da en robos con violencia e intimidación. Cuando abrió los ojos, los atacantes seguían ahogándola. Los cortes y los morados en la frente, ojos y pómulos que se ven en una imagen que se tomó ella misma dos días después describen la agresividad de los ladrones.

Conchita Postigo, en los jardines de Cal Sèbol este miércoles / GUILLEM ANDRÉS
Conchita Postigo, este miércoles en los ​Jardines de Cal Sèbio / GUILLEM ANDRÉS

"Mi cara era un mapa, hijo. ¡Parecía un monstruo!", recuerda. Las contusiones en la cara apenas le dejaban ver los ojos. Tras robarle, cuenta que seguían ahogándola. "La segunda vez iban a matarme. Ya tenían lo que querían. ¿Qué sentido tenía que siguieran ahogándome?", se pregunta. Al fin, escuchó que uno de los asaltantes decía "déjala ya" y el infierno terminó. Su frente aun está marcada por el asfalto de la acera, lo que le hace pensar que los atacantes le cogieron de la cabeza y la golpearon contra el suelo.

12 HORAS EN EL HOSPITAL

Una ambulancia llevó a la mujer al Hospital Clínic donde fue atendida durante 12 horas. Allí le cosieron tres puntos en la ceja y los médicos descartaron daños cerebrales. Durante los primeros días las costillas le dolían al respirar. Hoy la espalda le sigue doliendo cuando está de pie.

Conchita siente que le han quitado la libertad, en su caso de ejercer su largo paseo matutino de dos horas. Cuando consigue superar el terror que le provoca salir a la calle y cruzar el umbral de la puerta, un gesto instintivo la empuja a mirar detrás. "Por si viene alguien", dice. Camina con "100 ojos" y ha solicitado atención psicológica para superar el trauma.

OLEADA DE ROBOS

Durante los últimos dos meses se han producido otros robos con altas dosis de agresividad en La Marina del Port. El martes al mediodía cuatro individuos con cascos de moto atracaron con una navaja un comercio y golpearon al trabajador que atendía a los clientes. Los vecinos denuncian que sufren una oleada de robos con una violencia nunca antes vista. Hace unas semanas un hombre sufrió un ataque con un machete. El pasado miércoles, más de 100 vecinos apoyados por todas las asociaciones vecinales del distrito de Sants-Montjuïc se concentraron para denunciar la inseguridad.

La calle Foc donde Conchita fue atacada por dos individuos / GOOGLE MAPS
La calle Foc donde Conchita fue atacada por dos individuos / GOOGLE MAPS

Los dos individuos que asaltaron a Conchita, un chico de 21 años de nacionalidad española y otro de 19 de nacionalidad marroquí, huyeron corriendo del lugar. Cuando ella se levantó, tambaleándose, vio un coche patrulla de los Mossos d'Esquadra y lo paró como pudo haciéndole una seña. Los agentes, que al principio la confundieron con una persona con exceso de embriaguez, quedaron "estupefactos" al ver el rostro de la mujer. 

PRISIÓN PROVISIONAL

Un testigo, conductor de autobús, trasladó a los agentes el lugar por donde habían huido. Tras montar un dispositivo para localizar a los delincuentes, un agente detectó que una tapa de un contenedor de la basura se movía. En el interior se escondían los ladrones, que fueron detenidos en el acto y un juez ordenó prisión provisional para los dos. Ella sospecha que hay un tercer involucrado, ya que sus dos dispositivos móviles nunca aparecieron.

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