La puerta del piso de Roberto en la avenida Josep Tarradellas / METRÓPOLI
La puerta del piso de Roberto en la avenida Josep Tarradellas / METRÓPOLI

Roberto, el mujeriego de 76 años fallecido por un incendio en su piso de Sants

Los Mossos d'Esquadra descartan índices de criminalidad en el fuego originado este lunes en la avenida Josep Tarradellas

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Actualizado: 12/05/2022 10:14 h.

Roberto tenía 76 años y vivía solo en su piso del número 61 de la avenida Josep Tarradellas, en el barrio de Sants, desde hacía más de 20 años. Los vecinos lo definen como un hombre solitario y un tanto "arisco", al que, sin embargo, le gustaba montar juergas en su domicilio. Iba acompañado con frecuencia de mujeres, en muchos casos prostitutas, según se desprende del relato de los residentes del inmueble.

El lunes por la tarde, sobre las 18:00 horas, el conserje de la finca vio al inquilino entrar con una joven de unos 30 años que no había visto nunca y un carrito de bebé. Media hora más tarde, la mujer abandonaba el inmueble con el carrito, que según el empleado estaba vacío. Pocos minutos después los vecinos daban la voz de alarma. De la ventana de este vecino –el 3o 3a– salía mucho humo. Los Bomberos de Barcelona recibían el aviso a las 19.16. Tras extinguir el fuego localizaban el cuerpo sin vida de Roberto.

"FUMABA Y BEBÍA MUCHO"

"Cuando lo vi entrar pero no salir ya imaginé que algo malo había sucedido", comenta el conserje, que pide anonimato. "Fumaba y bebía mucho cuando no podía por salud. Siempre pensé que algún día se le caería el puro mientras dormía y acabaría quemado", explica. Consultado por este medio, los Mossos d'Esquadra descartan que el fuego fuera intencionado, aunque mantienen abierta la investigación abierta. 

El número 61 de Josep Tarradellas, donde vivía Roberto / METRÓPOLI
El número 61 de Josep Tarradellas, donde vivía Roberto / METRÓPOLI

Hacía al menos dos décadas que el hombre no trabajaba. Es el mismo tiempo que pasó desde que se separó con su mujer, con quien compartió una vida en Madrid y una empresa de ordenadores. Tenía dos hijos (un hombre y una mujer) y dos nietas por parte de ella. Su familia no le visitaba. "No dejaba quererse", opina el portero. 

TRASIEGO DE MUJERES

Nacido en Asturias, se crió en el número 57 de la misma céntrica avenida, en la primera manzana de edificios que pertenecen al barrio de Sants, colindante con la Nova Esquerra de l'Eixample. El piso donde vivía lo alquilaba desde hacía unos 50 años y se instaló en el tras la separación. El alquiler, de renta antigua, le costaba unos 300 euros mensuales. El fin de la relación con su mujer coincidió con un grave problema de salud por el que fue operado del corazón.

Flaco y bajito, Roberto era "poca cosa". Llevaba una vida algo desordenada y los vecinos recuerdan el trasiego de mujeres que le acompañaban arriba y a bajo, y también de personas que se unían a las fiestas en su piso. Algunos compañeros de juergas, apenas los conocía. "Tenía mala fama", comenta un joven treintañero vestido de ropa de deporte tras entrar en el edificio. Como el conserje, este vecino le había recriminado varias veces el humo de sus puros. "Le daba igual", dice el chico encogiéndose de hombros. "Iba a su aire", coincide otra vecina con la puerta entreabierta.

CHATARRERAS

"Yo creo que era un tipo inteligente porque a pesar de no tener estudios supo crear una empresa y le fue bien. Hablaba muy bien, pero no nunca te hacía caso. Últimamente nunca se ponía la mascarilla porque entraba siempre fumando", sigue el portero, que opina que las mujeres con las que iba "no eran formales". Cuando llegaron cinco dotaciones de bomberos, al conserje le tranquilizaba saber que el hombre no tenía gas ni bombonas de butano.

La segunda ventana negra por el humo del piso de Roberto / METRÓPOLI
La ventana del piso incendiado este lunes en una imagen de este martes / METRÓPOLI

Casi 24 horas después el piso seguía desprendiendo olor a quemado. En la puerta todavía luce un cartel donde se lee "Integrator" que recuperó de la empresa de informática que cerró en Madrid. El hombre también tenía una relación habitual con unas mujeres que se pasean con un carro de chatarra arriba y abajo. Alguna vez les invitaba a un café en el bar de la esquina con la calle Berlín. También entraban en su casa. A los vecinos esto no les gustaba nada, pues las muchachas empezaban a picar a las puertas. Una vecina recuerda que poco antes del incendio, unas muchachas llamaron al interfono erróneamente pidiendo por un tal "papi". Era como ellas llamaban a Roberto.

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