Luis Garcia de Santiago (37 años) percibió que era el momento y no vaciló. Eran las 19.23 horas en la cárcel de Brians II (Sant Esteve Sesrovires) del pasado 13 de octubre cuando el preso atacó a otro por la espalda. Una cuchillada en el cuello y otras 29 en pecho, tórax, abdomen y cabeza ponían fin a la vida de a Z.A.M, condenado por prostituir a menores. "No sabía cuando iba a actuar. Solo sabía que el demonio se apoderaba de mí cada vez que lo veía andar", explica el recluso en declaraciones a Metrópoli Abierta.

Garcia, vecino de Viladecans, ha pasado media vida en la cárcel. Su historia está marcada por las idas y venidas de la prisión. Su padre, al que no conoció hasta que tuvo 14 años, era toxicómano y cumplía una larga condena por blanquear dinero. Con 20 años moría su madre y con 22 su progenitor, de sobredosis en un parque. Cuando tenía 29 falleció su abuela, que ejerció de figura maternal durante muchos años. También perdió a una de sus sobrinas, tan solo nueve horas después de nacer.

'PENSÉ EN MI SOBRINA'

En una conversación facilitada por su hermana Silvia García de Santiago (36 años), Luis confiesa de nuevo el crimen –ya lo hizo en sede judicial– y justifica un asesinato que podría alejarlo para siempre de una vida en libertad. Los delitos del proxeneta, condenado por violar a menores, según Silvia, le atormentaban. "Los niños son el bien más preciado de la humanidad. Tienen un alma cargada de sueños y esperanzas que nadie tiene derecho a interrumpir", relata.

Tras asestarle decenas de puñaladas en el patio del módulo 3 de la prisión, el hombre le dijo a los vigilantes: "Este es un proxeneta, un violador de niños. Tranquilos, que ya está muerto". Los guardias se lo llevaron entre los aplausos y vítores del resto de presos. El juzgado número cuatro de Martorell ordenó prisión provisional por un delito de asesinato con alevosía y ahora se enfrenta a una nueva pena de entre 20 y 25 años. El horizonte de una vida libre se sitúa en 2050. "Pensé en esas niñas", dice en alusión a las menores prostituidas por la víctima. "Pensé en mi sobrina. En que algo tan atroz no merece ningún tipo de perdón", zanja.

CASTIGO PENITENCIARIO

Fuentes del departamento de Justicia señalan que el preso se encuentra en aislamiento en régimen cerrado, un castigo que de media se prolonga seis días. El 5% de los internos superan los 14 días de encierro. Se trata de una medida que da respuesta a conductas muy graves y se comunica siempre al juez de vigilancia penitenciaria. El DERT (Departament Especial de Règim Tancat) limita las comunicaciones y visitas, y se aplica a internos de gran peligrosidad que pongan en riesgo la seguridad y la vida de las personas de la cárcel.

Luis García y su hermana Silvia Garcia fundidos en un abrazo / CEDIDA
Luis García y su hermana Silvia García en 2011 / CEDIDA

A Garcia no le importa morir en la cárcel. Empezó a delinquir –robando– a los 18 años, aunque su primera "fechoría" la cometió con nueve años en una excursión del colegio a Olesa de Montserrat cuando en una tienda de recuerdos se metió un cristo de madera en los calzoncillos. Una década más tarde iniciaba su etapa de atracador con pistola y navaja, con la cocaína como inseparable compañera. No lo atrapaban. "Siempre tenía suerte. Tenía una ilusión de que una estrella me iluminaba y que no me abandonaba", contaba en 2003 en un programa de Teletaxi Televisió conducido por Justo Molinero.

"JUSTICIA MORAL"

La tarde del 13 de octubre a Garcia le movió el objetivo de hacer cumplir "la verdadera justicia moral". En 2013, explica Silvia, ya intentó matar a un violador en La Modelo. "Métanme en el pozo más oscuro que tengan porque no voy a aguantar más injusticias", avisó a los responsables penitenciarios. "Nos han destrozado la vida. Si en la primera condena hubiera tenido algo de ayuda desde dentro, podría haberse reinsertado. Éramos niños normales", denuncia la hermana.

Los dos hermanos estudiaron en un colegio privado. Tuvieron una juventud más o menos "normal". Silvia critica duramente el sistema penitenciario catalán que no ha sabido, dice, rehabilitar a su hermano. "Es imposible cumplir 25 años de cárcel y tener un comportamiento bueno. Cuando me preguntan que qué sé de mi hermano les digo que respondan ellos. Entró en prisión siendo un niño y salió hecho una bestia. La reinserción no existe", sostiene resignada. Las "barbaries" que le ha tocado vivir en la cárcel, sigue, "lo han convertido en otra persona".

 

De Santiago en una de las prisiones en las que ha estado interno / CEDIDA
De Santiago fotografiado en la casa de su hermana / CEDIDA

En 2011 salía de una larga condena de ocho años por robo. Cuatro meses después mataba a tiros a su tío. Los ásperos rencores familiares, alimentados por unas deudas económicas, fueron el detonante de un crimen que había planeado desde que abandonó su celda. Ahora, a la condena por ese crimen deberá sumar el cometido entre rejas.

EL MONJE SHAOLIN

García pasa gran parte del tiempo leyendo y escribiendo. En la cárcel lo conocen como el monje shaolin. Uno de sus libros de cabecera es El Arte de la Guerra de Tzu Sun, que aplica en sus actos como el asesinato del pasado martes. También lee a Nietzsche, Papinni y Hesse, entre otros. En uno de sus poemas escribe: "Horadé mi alma de insaciable devorar, vórtices de oscuridad. A nado cruzo turbias aguas de oscuros sueño. [...] Arde mi suma trascendencia en la pira de los inquisidores".

Durante el asesinato, en la cabeza de García sonaba The sound of Silence (Simon and Garfunkel). Sospechaba que Z.A.M repetiría su actividad criminal como proxeneta en la calle. "Esperé el descuido de todos para abalanzarme sobre esa escoria humana y arrebatarle el alma, igual que había hecho él con las menores". Considera que "la falta de justicia" le "condenó" a cometer el asesinato. A pesar de su relato, no quiere que nadie tome ejemplo de su acción. 

Garcia con un amigo hecho en la cárcel / CEDIDA
García con un amigo hecho en la cárcel / CEDIDA

Su hermana dice que habría actuado de igual manera en la calle. Que no puede tolerar a las personas que hacen daño a los más débiles. "Dentro lo saben. Se hartó de decirlo". En La Modelo pidió que lo mantuvieran alejado del hombre que intentó matar. Con este historial Silvia cree que la presencia de la víctima era como un "caramelo" para su hermano.

SIN CARIÑO

Con tan solo 21 años, Garcia confesaba no tener razones para conducir su vida hacía un buen destino. "He fracasado tanto en la vida, me he llevado tantos desengaños, me he marginado tanto que me sería difícil cambiar, ver la vida de otra manera". En el reportaje televisivo de 2003 denunciaba el "rechazo" recibido por parte de la sociedad. Que quizás de ahí viene su "rebeldía" y "lucha" contra ella. En la cárcel de Trinidad fue testigo de la violencia entre presos, del abuso de los viejos presos hacia los nuevos, las amenazas a otros internos y la familia, etc.

Luis y Silvia hablan por teléfono con frecuencia. Su hermana cree que la muerte de su abuela, la última persona que le daba amor, le marcó profundamente. "No recibir cariño de casi nadie", dice, es una de las razones que explican su poca ilusión por vivir. "Imagino que busca el final de su vida. Siempre me dice que esté preparada para todo".

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