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Javier Querol Carrillo murió en extrañas circunstancias entre el 11 y el 14 de abril en su apartamento en la ciudad filipina de Lapulapu. La policía encontró su cuerpo en un sofá enfrente del televisor. Su postura no era natural y tenía aparentes signos de violencia. Alertados por el mal olor que desprendía la habitación, los vecinos llamaron a los agentes, que acudieron a su casa el día 14. Por el estado del cadáver, era evidente que este barcelonés de 53 años había muerto muchas horas antes.

Antes de instalarse, Javier ya había visitado en varias ocasiones el país asiático. En diciembre de 2019, tras nueve años en Madrid, decidió cruzar medio planeta y empezar una nueva vida en esta ciudad de 408.000 habitantes. Omar del Azar aun recuerda la última vez que lo vio cuando él y su mujer celebraron una cena de despedida con su amigo en la capital española. Hace unos días recibió en su teléfono la imagen de su cuerpo sin vida que acompaña este artículo. "No lo reconocí de inmediato. La pude ver unos segundos. Después la borré del móvil", comenta en conversación telefónica desde Gijón.

El cuerpo sin vida de Javier Querol / METRÓPOLI ABIERTA
El cuerpo sin vida de Javier Querol / METRÓPOLI ABIERTA

EXTERIORES ACOMPAÑA A LA FAMILIA

La policía forense encontró sus objetos personales en perfecto estado: dos portátiles, una tableta electrónica, un disco duro y dos móviles, entre otros. Omar reconoce perfectamente la mochila de su amigo. Estos días ha intentado, sin éxito, contactar con su familia. Cuando le comunicaron su muerte, acudió a la Policía Nacional para denunciar lo ocurrido. "Hablé con un superior y me dijeron que lo comunicaría al organismo pertinente. Me dijeron que la embajada tiene la obligación de localizar a la familia".

Un portavoz del Ministerio de Exteriores señalaba este lunes a Metrópoli Abierta que están en contacto con la familia y que realizan un "seguimiento" del caso. El viernes, fuentes del mismo departamento expresaban que "por ley de protección de datos" no podían facilitar información.

El SOCO, la policía científica de Filipinas, encontró el cuerpo de Javier en estado de descomposición. Para el médico forense Lluís Borràs, el charco de sangre en el suelo podría indicar que se trata de una muerte violenta aunque señala que, en ocasiones, hay personas que fallecen por causas naturales y que también sangran. "Aparentemente no se aprecia ninguna herida, pero habría que ver el otro lado del cuerpo", observa Borràs, que calcula que el hombre llevaba "varios días muerto" cuando lo encontraron.

TÍMIDO

Javier era una persona tímida. Omar recuerda que en el banco de Madrid donde trabajaban tan solo trabó amistad con él y su mujer. "Le costaba confiar en la gente", explica. Sufría depresión y en España visitaba a un psicólogo con frecuencia. Jeayeany, que le alquiló su apartamento durante su primera etapa en Lapulapu, comenta que tenía un comportamiento un poco extraño y que se quejaba habitualmente por ruidos puntuales que hacían los vecinos y, también, por otras muchas cosas. 

Los objetos personales de Javier en su apartamento / METRÓPOLI ABIERTA
Los objetos personales de Javier en su apartamento / METRÓPOLI ABIERTA

 

Su amigo cree que no tenía problemas de dinero. Cuando la entidad financiera para la que trabajaba lo despidió sin motivos aparentes, recurrió a los tribunales y ganó una buena suma de dinero tras ganar el caso. Además, recientemente había acumulado otras cantidades invirtiendo en criptomonedas.

FOTOGRAFÍA

En Filipinas, Javier desarrolló uno de sus hobbies, la fotografía, capturando imágenes de chicas jóvenes. Publicaba parte de su material en su perfil de Facebook con la firma vkt.models, un proyecto que inició alrededores de 2015. 

En noviembre de 2020 dejó el apartamento de Jeayeany, por el que pagaba unos 750 dólares al mes, y se mudó a otro piso del mismo condominio, un complejo residencial conocido como Kiener Hills Condominium, en el barrio de Pusok. Cuando su antigua casera vio en el informativo que las autoridades buscaban a la familia para realizar la autopsia llamó a la policía para ofrecer su ayuda y contarle lo que sabía de él. "Me siento muy mal porque no se si sus seres queridos saben lo que ha pasado. Deberían enterrarlo en España y no aquí", comenta. Cuando preguntó a la policía por las circunstancias de la muerte de su antiguo arrendatario, los agentes se negaron a darle más información argumentando que la mujer no pertenece a la familia.

 

Agentes de la policía científica de Filipinas en el edificio donde vivía Javier / METRÓPOLI ABIERTA 
Agentes de la policía científica de Filipinas en el edificio donde vivía Javier / METRÓPOLI ABIERTA

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