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La Guardia Civil ha detenido a veinte personas y ha desarticulado una organización criminal que se dedicaba principalmente al tráfico estival de cocaína en la costa de Girona y Barcelona, ha informado este miércoles el instituto armado.

El operativo se llevó a cabo el pasado jueves, cuando se procedió a la entrada y registro de 22 inmuebles en los municipios de Vidreres (Girona) y Sant Pol de Mar, Santa Susanna, Pineda de Mar, Calella, Sant Cebrià de Vallalta, Granollers, Canovelles y Cardedeu, en Barcelona. En total, participaron más de 400 efectivos policiales, entre agentes de la Guardia Civil y miembros de las Policías Locales de los municipios mencionados.

MULTIPLICIDAD DE DROGAS

Durante el transcurso de la operación, se intervino cocaína, hachís, marihuana, MDMA, pastillas y gran cantidad de dinero en efectivo, así como balanzas de precisión y elementos de corte para adulterar las sustancias.

La policía también localizó una nave industrial que la organización estaba preparando para instalar una plantación de marihuana con capacidad para unas 3.000 plantas y en la que encontraron maquinaria para la puesta en marcha valorada en más de 20.000 euros.

UN AÑO DE INVESTIGACIÓN

La investigación, dirigida por el titular del Juzgado de Instrucción número tres de Santa Coloma de Farners (Girona), comenzó en septiembre de 2019 para esclarecer si un grupo de personas estaba suministrando sustancias estupefacientes a los consumidores de las zonas de la costa aprovechando la afluencia masiva de visitantes en verano.

Durante las pesquisas, los agentes constataron que existía un individuo en la localidad de Vidreres (Girona) que atendía la demanda de un grupo de consumidores de cocaína y que, periódicamente, se proveía de esta sustancia con un distribuidor de la zona que, a su vez, compraba a un vecino de Sant Cebrià de Vallalta (Barcelona).

ENTRAMADO ORGANIZADO

A raíz de este descubrimiento, se destapó todo un entramado organizado que abastecía de droga a otros camellos y consumidores del sur de Girona y el norte de Barcelona y que estaba liderado por un vecino de Granollers que regentaba un bar, desde donde realizaba su actividad de distribución de drogas, principalmente cocaína.

Durante el confinamiento, el grupo sufrió una caída "espectacular" de las ventas y tanto traficantes como consumidores tuvieron que idear "todo tipo de artimañas" para eludir los controles policiales de movilidad. Para realizar los "pases" quedaban en gasolineras y supermercados en horas de apertura y máxima afluencia de personas para pasar desapercibidos, mientras el precio final de las sustancias iba en aumento por las dificultades de movilidad.

ACTIVIDAD FRENÉTICA

Tras el estado de alarma por la COVID-19 y con la llegada de los primeros veraneantes, los miembros de la organización retomaron su actividad con "verdadero frenesí", abarcando las localidades de Lloret y Blanes (Girona), y Santa Susanna, Pineda de Mar y Calella (Barcelona).

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