A Óscar González Barco le gustan las motos, los coches, las pachangas futboleras con los colegas y la música flamenca. Nunca ha sido muy aficionado al deporte. La velocidad, en cambio, siempre le ha enganchado. Su hermana, Conchi González, recuerda entre risas el apego juvenil a su monopatín. En la calle Magallanes de Santa Coloma de Gramenet, solía deslizarse sobre cuatro ruedas a una velocidad de vértigo. 

Óscar desapareció el 29 de julio de 2018. Es el último día que lo vieron sus compañeros de piso, una familia con una hija. No tenían ninguna queja. La convivencia era buena, cuenta su hermana. Él pagaba el alquiler puntualmente a finales de mes después de cobrar su pensión de 700 euros que recibía por la enfermedad que padecía.  

Tras un mes sin saber nada, la familia llamó a otra hermana. Cuando las dos hermanas vieron que el dinero de la pensión seguía en la cuenta saltaron las alarmas. Denunciaron el caso de desaparición a los Mossos d'Esquadra, que siguen buscándolo. Llama semanalmente a un investigador. La respuesta es siempre la misma. No hay sospechosos y siguen indagando sobre las pistas que arrojen un poco de luz sobre la desaparición de este hombre nacido hace 40 años.

MÚLTIPLES VERSIONES

"No entiendo como puede desaparecer una persona sobre la faz de la tierra", dice incrédula. Ha escuchado múltiples versiones. Que si se fue con una chica y no quiere saber nada de su familia. Que está escondido por algo que hizo. Pero ninguna historia le cuadra. Desde que los padres de esta familia de cuatro hijos fallecieran, en 2016 la madre y en 2018 el padre, Óscar y Conchi estaban más unidos.

Entre 2013 y 2014 le diagnosticaron esquizofrenia y dejó de trabajar. Pero siguió haciendo chapuzas y algún trabajo para algunos amigos. Un cuarto de baño aquí, una cocina allá. La última vez que Conchi lo vio fue el 20 de julio de 2018 y regresaba de casa de hacer un pequeño trabajo en casa de un amigo. 

 

foto familia desaparecida
Conchi y familiares y amigos con carteles de Óscar

Desde hacía unos años "tonteaba" con la cocaína. Era consumidor esporádico, relata la hermana. Empezaron las "malas amistades" en una rutina con mucha calle en Santa Coloma y Badalona. "Ahí le empezamos a perder un poco", recuerda.

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

En dos años, la pandemia ha sido la única que ha frenado a Conchi. Durante este tiempo las preguntas nunca han cesado. Antiguos amigos, conocidos, cualquiera. Algunos le responden con la mirada fija, otros apartan sus ojos. Ella alberga la esperanza de que en algún momento alguien cometa un error, una contradicción y, así, desenmascarar el secreto detrás de su desaparición.

Acostarse y levantarse con la misma pregunta. "¿Dónde está?". Su hermana cree que está muerto. "Me duele mucho en el alma, pero mi hermano no desaparece de la noche a la mañana". Para su hermana, que su medicación estuviera en la habitación el día que desapareció incrementa las sospechas de una posible muerte violenta.

"Mi hermano era una persona muy amable, buena gente, amigo de sus amigos. Ha ayudado a mucha gente necesitada en su momento. El problema que ha tenido es que nunca supo decir 'no'", sigue. "Siempre le decía que se tatuara la palabra 'no'. Así, si dudaba bastaría con mirar el dibujo", explica. En su torso, luce un rosario y en las muñecas los nombres Flora y Alberto, sus padres.

ESPERANZA TRUNCADA

El pasado verano, Conchi viajó esperanzada hasta Valencia acompañada de amigas de AFADES (Associació Families de Dessapareguts de Barcelona). Un reportaje emitido en TVE sobre el fenómeno del chabolismo mostraba una cara muy parecida a la de Óscar. Pero finalmente se trató de un hombre marroquí y viejo conocido de la Policía Nacional. Los miembros de AFADES, y también con QSD Globlal, la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas) son su otra familia.

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Fotografía de Óscar de la fundación QSD Global 

El desahogo con ellos y el diazepam que toma para dormir le ayudan a sobrellevar la enorme incertidumbre, la prisión que supone no tener respuestas. Uno de sus apoyos es la madre de Caroline del Valle, desaparecida hace cinco años en una noche de fiesta en la Zona Hermètica de Sabadell cuando tenía 14 años.

SIN OLVIDO

El 23 de diciembre de 2018, Conchi empezó a concentrarse delante del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet. Es una protesta silenciosa que le ayuda a mantener la esperanza y que el Covid-19 también ha desbaratado.

El próximo domingo volverá a la plaza de la Vila con su pancarta y la camiseta con su rostro. "Si no quiero olvidarlo, tampoco quiero que Santa Coloma lo olvide", argumenta. El 29 de julio se cumplirán dos años de su desaparición.

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