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T.F.L mataba en Barcelona y regresaba a su colina en Sant Cugat del Vallès, donde vivía en su vieja caravana blanca en el barrio de Les Planes. Hizo el sangriento recorrido, como mínimo, en tres ocasiones, asesinando a tres personas mientras dormían en la calle. Es lo que creen los Mossos d'Esquadra y este jueves ratificó el juez de Instrucción nº5 de Rubí, Sergio Gómez Borge, al decretar prisión provisional y sin fianza para este presunto asesino en serie de indigentes.

El desorden e incoherencia de su ropa y un comportamiento errático, que se desprende de las declaraciones de los vecinos, darían sentido a las palabras que lanzó el intendente y jefe del área de investigación criminal de Barcelona, Joan Carles Granja, el martes, poco después de su detención. "No descartamos que tenga alguna dificultad mental", señaló. El investigado tiene 35 años y es brasileño. 

GAFAS DE SOL Y GORRA DEL BARÇA

El 16 de abril, el día del segundo asesinato, el homicida vestía unos pantalones cortos grises por encima de unos largos negros, un chaleco naranja reflectante colgando de una mochila, una gorra azul y unas gafas de sol. Seguramente un atuendo esperpéntico para alguien que, supuestamente, no quiere ser descubierto tras terminar con la vida de alguien. El auto de la magistrada detalla, además, que tras el crimen se quitó las gafas por lo que las cámaras de videovigilancia de la calle "permitieron ver su rostro con más claridad". 

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Un agente de la policía científica de los mossos, en primer plano, durante el registro de la caravana este martes / G.A

Dos días después, concretamente 36 horas después, el detenido volvía a actuar. Siempre el mismo tipo de perfil (un indigente) y en la misma circunstancia (mientras dormía). De nuevo, la mochila y, esta vez, con una gorra roja y un pañuelo en el cuello. Cuando se encontró enfrente de su víctima, sacó un palo de madera de 70 centímetros de la mochila y propinó seis golpes brutales contra la cabeza del hombre.

PALO DE MADERA

En los dos primeros crímenes utilizó un palo de madera que abandonaba siempre en el lugar de los hechos. En el último asesinato, el 28 de abril, se valió de una barra de hierro. Siempre atacaba a sus víctimas "de manera sorpresiva y violenta, sin posibilidades de defensa para ellas puesto que se encontraban dormidas y parece no haberse hallado signos de actos defensivos", escribe el juez.

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Restos de chatarra, con una escalera de piscina, que la grúa ha dejado en el lugar de la caravana en Sant Cugat / M.A

Durante su declaración, el detenido ha negado los hechos, aunque "no dio explicación razonable de lo sucedido" ni justificó su presencia en el lugar de los hechos. En su último trayecto de la estación de Ferrocarriles de la Generalitat hacia Barcelona, un mosso fuera de servicio lo siguió con cautela alertado por su "extraña actitud". El agente se fijó que el hombre cargaba una barra de hierro escondido en la manga derecha de su chaqueta y un destornillador en la izquierda.

RESTOS DE SANGRE

El martes, una decena de miembros de la policía científica y de homicidios registraban la caravana junto al detenido. Mientras, sobre sus cabezas, volaba un helicóptero de la policía autonómica. Entre la gran cantidad de chatarra y objetos, encontraron numerosas prendas de ropa que se correspondían con las usadas durante los crímenes. Algunas ropas tenían restos biológicos, posiblemente sangre que deberá ser objeto de análisis y cotejo de ADN. También había un patinete de color plateado. 

Este jueves, sobre las ocho de la tarde, una grúa se llevaba la caravana del asesino hacia un depósito. En la acera quedaban restos de los extraños objetos que T.F.L traía en la caravana: bigas de madera, un canasto, un bidón y una escalera de piscina.

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Imagen trasera de la caravana / GUILLEM ANDRÉS

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