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“Colau es ya la alcaldesa del régimen. Es la alcaldesa 155”. La frase es de Vicent Partal, el editor de Vilaweb, conocido activista independentista, de los que mueven las redes sociales. Y es que la batalla por el sillón de primer munícipe de la capital catalana es feroz. “Realmente es espectacular ver a los grandes representantes del régimen del 78, no sólo políticos, sino también económicos y fácticos, abrazar la candidatura de Barcelona en Comú y proclamando que es la salvación de la ciudad y casi del país. La realpolitik tiene estas cosas”, lanzó Partal en su editorial.

También el filósofo Bernat Dedéu explicaba en un artículo de opinión que “si Ada Colau continúa como alcaldesa de Barcelona, la líder de los comunes, Miquel Iceta y Manuel Valls habrán regalado una extraordinaria lección de realpolitik al independentismo”.

LA ESTRATEGIA DE ERC

El razonamiento independentista es sencillo: “En Sabadell ya se ha anunciado un pacto entre el PSC y los comunes y parece que los socialistas podrían mantener la más que polémica alcaldía de Tarragona gracias a los comunes. Hasta se comenta que el PSC recuperaría la Diputación de Barcelona, la gran máquina de mover dinero”, aseguraba Partal, relacionando el posible pacto de Barcelona a una operación más amplia.

A partir de ahí, la conclusión es que los comunes se han pasado al españolismo con armas y bagaje y la estrategia de ERC de no haber claudicado con las listas únicas ha sido una puñalada trapera al independentismo, debilitándolo y dejándolo en manos de los enemigos. Por eso, lo que pase en Barcelona y su alcaldía es tan importante: si el independentismo pierde la capital catalana, habrá perdido media guerra.

EN ESTADO DE CHOC

Esa tormenta perfecta es presentada por los radicales como una Operación de Estado para evitar que Ernest Maragall gobierne la principal ciudad catalana. Lo que vaticinan los radicales, no obstante,  tiene poco de Operación de Estado, denunciada desde el mismo día de las elecciones por los soberanistas (y reiterada este mismo martes por Meritxell Budó, portavoz del Govern este martes), aunque se le parece. Y todo ello porque “el independentismo, especialmente ERC, está en estado de choc”.

Pero lejos de la trifulca, hasta cierto punto normal, del independentismo contra el unionismo, en estos momentos se produce otra guerra mucho más cruel: el razonamiento da pie a los más soberanistas más radicales a tirar con bala contra Esquerra, a quien acusan de errar en su estrategia apostando por el “ensanchamiento de la base del independentismo”.

ATACAR A ERC

Partal, lo mismo que Dedéu y otros gurús del radicalismo, defiende que el empeño de los republicanos por arrinconar a JxCat propició que los comunes pasasen a encabezar “el españolismo”, una afirmación que peca de ingenua, porque los grandes vencedores en las elecciones generales, europeas y municipales fueron los socialistas, que recuperaron gran parte del terreno perdido.

Para el soberanismo, la gran lección aprendida de los comicios es que ERC es nociva y por su culpa se ha gripado la maquinaria independentista. El mismísimo Dedéu llegó a escribir el pasado domingo que “de momento, el motorista Maragall se tendrá que jubilar anticipadamente y ya veremos si Convergència no les vuelve a robar la cartera en las próximas elecciones catalanas con una candidatura tripresidencial encabezada por Puigdemont, Mas y Torra”. ¿Exageración? No: estrategia de JxCat, doctrina impartida desde Waterloo para visualizar los errores de ERC y blindar la razón asistida de Puigdemont.

Las críticas a Esquerra y a su candidato por Barcelona no son un hecho puntual. En realidad, esconden una estrategia a largo plazo que busca desprestigiar, entre las filas del independentismo, a los republicanos. Y tienen la diana puesta en el adelanto de las elecciones autonómicas. Si Maragall no consigue la alcaldía de Barcelona, los más fanáticos de JxCat tendrán una oportunidad de oro para despedazar a ERC y a su estrategia de convertirse en la fuerza hegemónica del soberanismo, en la nueva Convergència Democràtica. En otras palabras: si el candidato republicano no consigue ser alcalde de Barcelona, habrá comenzado a cavarse su tumba política y comenzará una nueva etapa en la que los más fanáticos de JxCat se autoarrogarán el papel de ser los timoneles del nuevo procés. En otras palabras, propugnarán que el independentismo no puede esperar a ensanchar la base social: es preciso un proceso unilateral que marque el camino a seguir.