La restauración es uno de los sectores más castigados por la crisis del coronavirus. Y uno de los más combativos con las políticas económicas y urbanísticas del Ayuntamiento de Barcelona. Dos meses después de que el gobierno de Ada Colau y Jaume Collboni rebajara las “abusivas tasas de las terrazas” y se comprometiera a dar nuevas licencias y ampliar las actuales, el escenario es mucho más crítico del que dibujó el Gremi de Restauració. Su director general, Roger Pallarols, lamenta la lentitud de la administración local y, sobre todo, el elevado índice de negativas a un sector herido de muerte. Pallarols también pide que se alargue el fin de los ERTE para evitar una destrucción masiva de negocios en la restauración barcelonesa que, en el mejor de los casos, prevé una lenta recuperación a partir de Semana Santa de 2021.

- Pregunta: ¿Qué radiografía podemos hacer hoy, en pleno verano, de la restauración en Barcelona?

- Respuesta: La situación no puede ser más crítica porque el golpe de la Covid-19 es de una dureza extrema. Estamos en un escenario de lucha por la supervivencia, conscientes de que la destrucción empresarial que vivirá la ciudad no tendrá precedentes. Muchos bares y restaurantes han cerrado y muchos otros tienen previsto bajar las persianas porque ni tan siquiera los meses de verano están siendo tranquilos. Somos un sector tocado de muerte, con graves dudas de viabilidad y en pleno decrecimiento del tejido empresarial y de la ocupación.

- ¿Esperaban una recuperación tan débil en pleno verano?

- Ya lo avisamos. No se tenía que confundir la reapertura de los negocios con la recuperación y el tiempo nos está dando la razón. Vivimos un agujero negro durante la época del confinamiento y sufrimos un funcionamiento muy deficiente durante el proceso de desescalada hasta la nueva normalidad. Ahora nos encontramos con el peor de los pronósticos, con los graves rebrotes de julio y agosto, dos meses que esperábamos de cierta tranquilidad. Los rebrotes añaden mayor incertidumbre a la viabilidad de muchos negocios.

- ¿Tienen cifras que retraten la situación crítica que vive la restauración?

 - Según una encuesta que hemos anunciado recientemente, el 40 % de los locales de la restauración se plantea el cierre. El porcentaje es superior al 25 % que hicimos cuando se inició la desescalada. Al mismo tiempo, el 60 % de los locales de restauración manifiesta claramente que deberá despedir personal para que su empresa sea viable. La restauración aporta riqueza y ocupación que no son sustituidas por otros sectores productivos. Esto provocará un empobrecimiento de Barcelona en los próximos meses y años. La recuperación será lenta y costosa.

- ¿La destrucción de puestos de trabajo será más visible en octubre?

- Ya se ha hecho visible. La última encuesta de ocupación refleja una importante destrucción de empleo. Vivimos bajo la sombra de los ERTE, que atenúan el golpe. Si la fecha de finalización de los ERTE no se alarga más allá del 30 de septiembre, hasta que se recupere el consumo, el volumen de destrucción será gravísimo y no tendrá fin. Con los actuales niveles de consumo tan débiles, tanto en el consumo interno como en el externo, es impensable mantener los buenos números que la restauración aportaba al conjunto de Barcelona.

- ¿Qué medidas precisa la restauración para salir de la UCI?

- Este sector, como cualquier otro, necesita la superación de la pandemia sanitaria. La solución para frenar la Covid-19 no es tan rápida e inmediata como desearíamos y la pandemia es mucho más grave de lo que pensábamos en marzo. El actual escenario aventura una crisis económica larga y profunda, con muchas dudas sobre la viabilidad de las empresas. Por eso, necesitamos que los ERTE de fuerza mayor se alarguen en el tiempo hasta que se reactive el consumo, que en el mejor de los casos ocurrirá en Semana Santa de 2021. También necesitamos una intervención en el mercado del alquiler porque no podemos asumir los precios anteriores al Covid-19. Constatamos que la cadena de solidaridad que pidió el presidente Sánchez no funciona. Los propietarios de los inmuebles no asumen su responsabilidad y en la mayoría de los casos se niegan a pactar. O pactan aplazamientos. Es decir, no asumen su parte de la crisis. La renegociación inmobiliaria se producirá. La impondrá el mercado. La única diferencia entre la impuesta por el mercado y la que se produciría por imposición de un gobierno estatal o autonómico es que podemos ahorrar la muerte de muchísimas empresas.

El primer teniente de alcalde, Jaume Collboni, y el director del Gremi de Restauració, Roger Pallarols, en un fotomontaje / METRÓPOLI ABIERTA
Jaume Collboni, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, y Roger Pallarols, en un fotomontaje

- ¿Cómo son las relaciones con el Ayuntamiento de Barcelona?

- Es una relación intermitente. No tiene la fluidez o la continuidad que debería tener en el día a día de una crisis. Es evidente que el Ayuntamiento ha tomado dos decisiones pedidas, durante dos meses y medio, por el Gremi de Restauració que ha tenido efectos positivos. Por un lado está la corrección de la tasa de terrazas que motivó la primera bronca entre la restauración y el consistorio al imponernos una tasa que quintuplicaba la de Madrid. No tenía sentido a principios de año y mucho menos con la pandemia. Esta reducción ha generado recursos para la supervivencia de las empresas, pero debemos pactar las tasas hasta 2022 o 2023 para dar certezas a un sector muy tocado. Todavía no se ha negociado su duración y vamos tarde. No se trata de alargar el decreto de urgencia sino de pactar una modificación de la ordenanza fiscal para crear un nuevo escenario estable.

Por otro lado está el decreto urbanístico para la ampliación y aprobación de nuevas terrazas. Nosotros no lo aprobamos pero no se entiende sin la demanda del Gremi de Restauració. Este decreto permite que centenares de bares y restaurantes tengan unas mesas y sillas en la calle que antes no tenían. Muchos trabajadores, hoy, se benefician de una nueva licencia o de una ampliación de la que ya tenían.

- Pero ustedes han criticado la lentitud en la concesión de nuevos permisos y muchas negativas por parte del Ayuntamiento.

- El decreto genera problemas. Aunque el Ayuntamiento ha multiplicado los recursos humanos, se ha encontrado con un aluvión de solicitudes que no puede gestionar en los 15 días que se comprometió. El problema no es que se hayan alargado un poco las dos semanas, sino que llevamos ya dos meses y las terrazas son necesarias en temporada alta. La lentitud del Ayuntamiento es preocupante porque provoca angustia a muchos restauradores. Los retrasos pueden comprometer la continuidad de muchas negocios, la recuperación del personal de los ERTE, el inicio de otras actividades relacionadas con la restauración. Nosotros pedimos una aprobación automática que luego refrendara o anulara la administración.

- ¿Por qué se deniegan tantos permisos?

- Al margen de la lentitud nos encontramos con el problema de una excesiva denegación de licencias. No puede ser que una medida presentada como mecanismo de apoyo excepcional para salvar un sector clave tenga un 40 % de desestimaciones en Barcelona, sobre todo cuando los motivos son tan pintorescos como espacios de excesiva afluencia y espacios con excesivos ruidos que no se ajustan a la realidad que vivimos. En Ciutat Vella y Gràcia, el volumen de negativas es más elevado: alrededor del 80 % de las peticiones. En ningún lugar el decreto decía que no beneficiaría a restauradores que estuvieran en determinadas zonas de Barcelona. Ciutat Vella vive mucho del turismo y tiene una debilidad extrema. La zona Premium de Barcelona ha pasado a ser la zona débil de la ciudad con un riesgo de desertización preocupante que puede dejar el centro sin actividad económica y empresarial, sin capacidad para ejercer de motor de la economía de la ciudad. Esto provoca que algunos restauradores se sientan, con razón, decepcionados y engañados. En su día se explicó que en las calles estrechas se colocarían barriles o barras si no cabían sillas y mesas, como ocurre en el Eixample.

- El gobierno municipal no parece muy preocupado con el alto índice de negativas a los restauradores.

- Estamos ante una tendencia que se debe corregir inmediatamente por justicia y responsabilidad. Lloraremos las consecuencias de un centro desertizado y muerto económicamente. El actual no lo reconocemos. En los mismos sitios que se rechazan las aperturas de nuevas terrazas hay botellones, como el del pasado sábado, que no aportan ningún valor positivo. Las personas que firman las licencias tienen una enorme responsabilidad. Decir sí a una ampliación o una nueva terraza es un acto de apoyo a la viabilidad de una empresa y decir no es todo lo contrario. En la mayoría de los casos se trata de empresas arruinadas que buscan un mecanismo de supervivencia. Es economía de guerra.

- ¿Qué hace más daño a la restauración: las actuales restricciones en los aforos o las declaraciones disuasorias de algunas administraciones que recomiendan a la gente que se quede en sus casas?

- Las recomendaciones de no salir de casa. Al restaurador se le dice que abra, que pague el alquiler y a los proveedores, que rescate trabajadores, y al mismo tiempo se pide a los clientes que no vayan a los restaurantes y, una semana después, limitan los horarios de bares y restaurantes. Desincentivan el consumo. Fueron declaraciones muy desafortunadas e injustas. Del viernes 17 al sábado 18 de julio se anularon el 70 % de las reservas. No tenemos constancia de que haya rebrote en el sector de la restauración, donde la mayoría ha aplicado todas las medidas de precaución para prevenir contagios. Barcelona, Cataluña y España no se pueden permitir el coste de la factura que supondría paralizar otra vez la economía.

Varias personas sentadas en una terraza / EUROPA PRESS
Personas sentadas en una terraza de Barcelona / ARCHIVO

- ¿Cómo se motiva a la gente para que recupere los hábitos anteriores a la pandemia?

- La clave está en convivir con este vecino incómodo que es el Covid-19 y que, desafortunadamente, ha decidido quedarse durante una temporada mientras la ciencia no encuentre la manera de combatirlo definitivamente. No podemos permitir que el Covid-19 gane más batallas. Se ha llevado muchas vidas, ha dejado secuelas importantes en muchas personas, pero también castiga la economía de las familias. Que el brote sorprendiera a las administraciones en marzo fue normal, pero que ahora estemos tan poco preparados requiere una explicación. Con las restricciones están reconociendo la incapacidad de este país para combatir una pandemia sanitaria. Se tienen que combatir los mensajes confusos y los recortes en los horarios, y suerte que han recapacitado tras la sentencia del TSJC. Pedimos claridad y recursos, como rastreadores y pruebas diagnósticas, a las administraciones. No se puede criminalizar a todo un sector que mayoritariamente lo está haciendo bien. Si hay algún restaurador que no cumple con los aforos o con las medidas sanitarias que marca la legislación, que sea sancionado para corregir sus actitudes.

- ¿La restauración paga algunas actitudes incívicas de personas que quieren prolongar sus fiestas?

- Hubo un rebrote del botellón cuando todos los bares y restaurantes de Barcelona estaban cerrados. Estas concentraciones multiplican los riesgos de contagio y provocan inviabilidad de la economía legal, muy tocada por el impacto del Covid-19. Tenemos que ayudar a sectores que lo están haciendo bien, no criminalizarlos. Recientemente, los barceloneses han expresado su tristeza por la actual imagen de la Rambla. Ahora nos damos cuenta de lo importante que es la industria turística, y la restauración, en Barcelona. Con los barceloneses no es suficiente para mantener el nivel de riqueza que tenía la ciudad. La conciliación de todos los poderes públicos es fundamental en esta etapa de reconstrucción de las economías que ejercen de motor en Barcelona y en el conjunto de España.

- ¿Sería preferible incidir en campañas de sensibilización al sector sobre una buena higiene antes que alertar de posibles nuevas restricciones?

- Seguro. La concienciación es amplia. La restauración ha mostrado una adaptación muy rápida a la necesidad de incorporar medidas de protección. No es una novedad porque en la restauración trabajamos con alimentos, las personas más vulnerables son los mismos trabajadores y se han reducido los aforos para cumplir con las medidas de distanciamiento social. Las terrazas son necesarias porque el consumidor las exige. La caída del PIB es histórica y no se explica sin el cierre del la restauración, que representa el 9 %.

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