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Soplan vientos a favor del Partido Popular (PP). El descalabro de Ciutadans a nivel nacional ha dado alas al partido conservador, que en los últimos comicios había obtenido unas cuotas de poder muy inferiores a su peso histórico. Así sucedió en las últimas elecciones catalanas, cuando obtuvo tan sólo cuatro escaños; o en el Ayuntamiento de Barcelona, donde pese a resistir el envite de Vox, lograron dos concejales raspados. Los populares esperan remontar en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya, con las esperanzas puestas en su nuevo líder, Alejandro Fernández

Uno de sus aliados en Barcelona es Óscar Ramírez, concejal del consistorio y presidente del PP en Barcelona. Ramírez repite en el Ayuntamiento, donde estuvo con Alberto Fernández-Díaz en el anterior mandato. El político barcelonés es una de las voces más críticas con la gestión de Ada Colau, a la que acusa de no tener un plan para Barcelona y de frenar su recuperación económica.

Barcelona vuelve a encontrarse en una situación delicada. ¿Es la historia de otro fracaso?

Barcelona vuelve a estar muy tocada por la falta de previsión del Ayuntamiento y la Generalitat. Desgraciadamente, la ciudad no está preparada para la amenaza del coronavirus y hemos caído en los mismos errores de los últimos meses. Las agendas y la actividad económica volverán a paralizarse. 

¿Por qué sufre tanto Barcelona?

Porque se encuentra totalmente olvidada por su alcaldesa y por el gobierno municipal. No se hace nada por favorecer y recuperar la actividad económica en un momento complicado como el de la crisis sanitaria que hemos vivido. Faltan políticas públicas. Colau siempre se ha caracterizado por políticas de turismofobia y ahora nos damos cuenta de que los turistas eran muy importantes para Barcelona porque eran la principal fuente de riqueza. El turismo activa el comercio, la restauración, el sector hotelero. No estamos defendiendo estos sectores y pagaremos las consecuencias. Sí es cierto que hay mucha voluntad y se ha escenificado en el Pacto por Barcelona con todos los grupos de la oposición, pero tenemos que ver cómo se concretan las medidas. Todos los grupos municipales estamos de acuerdo en el qué y hemos sido generosos para lograr un consenso, pero veremos cómo se traduce. 

¿Qué necesita Barcelona?

Barcelona necesita un liderazgo político que no tiene la alcaldesa con sus socios del PSC. Falta una mayor coordinación con la Generalitat y el Gobierno español. Falta implicación en la reactivación económica en una situación complicada después de la crisis del Covid-19. Lo vemos en ejemplos como la ampliación de las terrazas, que en un primer momento se dijo que se haría de forma muy rápida y con celeridad administrativa y burocrática. Los permisos se van retrasando y han optado por ampliar esa medida hasta final de 2021. Han ampliado un año más porque no dan abasto. Ya se les advirtió desde la oposición, y en concreto desde el PP, que no daría resultado porque habría un aluvión de peticiones cuando era urgente y necesario ayudar a los restauradores de Barcelona. En muchos aspectos vemos que no hay liderazgos ni políticas concretas. Podemos hablar de economía pero también de seguridad. Parece que nos hemos relajado ante la situación actual. Tenemos que estar en alerta porque nos podemos encontrar con situaciones muy complicadas después del verano y tener un repunte de la inseguridad. 

El concejal del PP Óscar Ramírez
El concejal del PP Óscar Ramírez en la calle Urgell

¿Hay más dramas?

Sí. En políticas de viviendas también nos encontramos con un drama importante porque mucha gente no podrá pagar el alquiler. No hay una política de vivienda. En Barcelona hay más de 80 solares vacíos en los que se podrían iniciar una serie de acciones, en lugar de amenazar a grandes tenedores con expropiaciones y sanciones. Trasladan la responsabilidad de la administración pública frente a una nula política de vivienda a los particulares y privados, con las medidas de destinar el 30% de las promociones a vivienda social. El Ayuntamiento debe tener una política de vivienda propia. A nivel social sí es cierto que se están ampliando partidas para hacer frente a las necesidades básicas de alimentación y primeros servicios sociales. En este momento ya tenemos claro a qué nos enfrentamos y debemos tener un plan de contingencias para posibles rebrotes y poder atender asistir a personas mayores, a sintecho o personas con problemas de drogodependencia.

¿Teme que en octubre y noviembre la situación empeore?

Esperemos que no, pero dependerá de las medidas que se lleven a cabo. Si se produce una reclusión domiciliaria como la que hemos sufrido en los pasados meses eso se traducirá en un parón de la economía y en cierre de empresas. No nos lo podemos permitir. Sí que es cierto que por delante de todo está la seguridad sanitaria para proteger a la ciudadanía. Entre una medida y la otra hay fases intermedias. Hemos de ir previendo la situación. La reclusión debe afectar a las personas que están contagiadas o enfermas. No tiene sentido encerrar a la gente que está sana y puede ir a trabajar. Esto solo se consigue por una vía que es la de los tests y las pruebas masivas para controlar quién está enfermo y quién está sano. Llamar al parón de la economía es fatídico y muy malo para Barcelona, para nuestra sociedad y para la economía. La empresa que baja la persiana difícilmente podrá levantarla.

El PSC se ha apuntado dos tantos: en el acuerdo de las terrazas y en los nuevos presupuestos. ¿Cómo casa con la ideología de los comunes este tipo de acuerdos?

La ampliación de las terrazas tiene dos patas. Una de ellas corresponde al punto de vista tributario, de fiscalidad, que se gestiona desde el área de promoción económica que está liderada por el PSC de Jaume Collboni. Ahí nos pusimos rápidamente de acuerdo con la bonificación del 75% y la conmutación durante el periodo del estado de alarma. La segunda pata es la ocupación del espacio público, que está en mano de los comunes y de la segunda teniente de alcalde, Janet Sanz. Ahí sí surgieron algunos problemas por lo recelosos que son los comunes con la saturación y ocupación del espacio público y, concretamente, con la actividad económica. Nos pusimos a trabajar de la mano del Gremi de Restauració y del resto de entidades. Ya advertimos de que las concesiones debían ser inmediatas. No puede ser que los restauradores pidan las licencias y deban esperar tres o cuatro meses a ver si se las conceden. Se habló inicialmente de un plazo de 24 horas pero no quisieron incorporarlo en la ordenanza y después hablamos de 15 días. La realidad es otra. Desgraciadamente, algún establecimiento de restauración recibirá la autorización de ampliar o incorporar una terraza cuando haya cerrado la persiana porque no habrá podido sufragar los gastos económicos. En la discusión de los presupuestos estuvieron presentes los dos socios de gobierno y se han tomado diferentes medidas en el ámbito cultural, a un fondo social, a las actuaciones en el espacio público, a iniciativas de promoción económica, etcétera. Aquí sí ha habido una coordinación entre los dos socios de gobierno.

¿Qué políticas de movilidad necesita Barcelona?

Barcelona tiene que promocionar el transporte público. No necesita la política de persecución del vehículo privado que se está haciendo ahora. También debe apostar por los nuevos emprendedores y las nuevas formas de movilidad. Hablo de vehículos de movilidad personal y de las diferentes flotas o empresas de vehículos compartidos de bicicletas y patinetes. Todos queremos mejorar la calidad del aire, pero las medidas se tienen que aplicar de forma progresiva. No nos vamos a acostar un día con vehículos diésel y al día siguiente nos levantaremos con una flota eléctrica. En la actual crisis sanitaria prefieren la movilidad privada. No quieren transporte público, que además está saturado en las horas punta, ni vehículos compartidos. En Barcelona solo se promociona la movilidad a pie o en bicicleta, pero hay mucha población envejecida. Lo que tampoco pueden hacer es cargarse todas las plazas de aparcamiento para las motos en el centro. Fomentan que haya una nula actividad económica y provocarán que la gente vaya a las grandes superficies del extrarradio de Barcelona a comprar. Deberían facilitar que el ciudadano se desplace como quiera y luego ya se aplicarán medidas correctoras.

¿El futuro de las motos pasa por mantener el modelo tradicional o ir a un modelo de pago para aparcar?

La moto no es una excepción de la persecución que sufre el vehículo privado. Yo soy motero y está claro que el hábito de ir puerta a puerta terminó hace mucho tiempo. Ahora, para ir al Ayuntamiento, tengo que aparcar en la plaza Palau porque no hay más plazas habilitadas. Me parece bien que se liberen plazas de las aceras para no perjudicar a los peatones, pero debe buscarse una alternativa. Barcelona tiene 300.000 motos circulando cada día y la solución no es la que dijo la concejal de seguridad, Rosa Alarcón, que apostaba por estacionamientos en los parkings subterráneos. En B:SM solo hay 400 plazas y mal repartidas. Esa no es la solución. Si Barcelona no está congestionada es gracias a las motos y los vehículos de dos ruedas. El futuro pasa por los vehículos compartidos y más operadores de motocicleta eléctrica a nivel metropolitana. No tiene sentido que debes cambiar de moto al cruzar una acera que separa Barcelona de L’Hospitalet.

El concejal del PP Óscar Ramírez sentado en su moto
El concejal del PP Óscar Ramírez sentado en su moto

¿El tranvía por la Diagonal ahora es una solución?

Ni ahora ni antes. Nunca ha sido una solución. En este momento todavía tiene menos sentido. Estamos hablando de una inversión de 400 millones de euros para un trayecto inferior a los 5 kilómetros que se puede cubrir con una línea que ya está trazada de la red octogonal del bus, la B30. Es una línea de vehículos articulados de gran capacidad y eléctricos. En función de la demanda puedes poner más o menos convoyes y cambiar la frecuencia de paso. Las políticas públicas han de ser resilientes para adaptarse a la nueva situación.

La inseguridad fue la gran preocupación de los barceloneses en los últimos barómetros del Ayuntamiento. ¿Barcelona es más segura hoy que hace un año?

Yo creo que no. Los niveles de inseguridad están latentes. En el momento que se levantó el confinamiento vimos algunas imágenes como las de un turista al que le arrancaban el reloj de las manos y una mujer fue asesinada con arma blanca. También hay agresiones en el metro de Barcelona y vemos cómo los menas campan a sus anchas por la ciudad. Al no tener casi turistas, el fenómeno de los hurtos y los robos son menos visibles, pero la inseguridad sigue ahí. Nos vamos a encontrar un problema añadido y es que cambien los hechos delictivos y volvamos a los robos con fuerza. Los narcopisos siguen existiendo en el Raval. La inseguridad está camuflada por la situación de la pandemia. Hay que estar muy alerta porque es un problema que nos preocupa mucho y podemos tener otro repunte. A medida que se producen etapas de la desescalada y llegan los turistas, podemos recuperar una “normalidad” que no debería ser normal. Los manteros, por ejemplo, vuelven a salir a la calle.

Cataluña es la comunidad de España con más okupaciones y Barcelona, el centro neurálgico. ¿Tiene solución o es una batalla perdida?

Tenemos una alcaldesa con un pasado okupa. Hay un reportaje de una televisión francesa en el que Colau sale reventando una puerta y sus compañeros se descuelgan por el patio de luces para entrar en el piso. Y luego está su vinculación con la PAH. Es preocupante. Las competencias son las que son. El PP, en el Parlament de Cataluña, ha presentado un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto de vivienda de la Generalitat de Cataluña porque legitima el fenómeno de la ocupación frente a lo que ellos consideran grandes tenedores. No hablamos aquí de fondos buitres sino de gente que con sus ahorros han comprado una propiedad. Se tiene que defender el derecho de la propiedad privada. A nivel nacional también defendemos una ley para que se puedan desocupar pisos de forma exprés en 24 o 48 horas para recuperar la posesión. 

Las okupaciones siguen generando muchas tensiones en Barcelona.

Desde Barcelona siempre se ha alentado y promocionado la ocupación con Colau como alcaldesa y hay un efecto llamada. ¿Cómo puede ser que con el dinero de todos los barceloneses estén promocionando talleres juveniles para alentar y enseñar cómo se tiene que ocupar una propiedad privada? Me parece lamentable. Es un acto delictivo, sin lugar a dudas. En el caso de la comisión de urbanismo discutíamos el caso de Vallvidrera. Un privado compra una propiedad privada para construir un hotel-boutique de no más de 20 habitaciones y se la ocupan. Tienen una condena judicial que los condena y otra que les obliga a desalojarlos. Pero Colau dice que no, nosotros lo expropiamos. Expropian a un privado para que sigan los ocupantes. Al final, estos mensajes son muy perniciosos porque estimulan la ocupación. Esta gente tiene derechos de todo tipo porque se pueden empadronar hasta debajo de una cueva.

¿Por qué se diluye el efecto Batlle?

Batlle empezó muy bien. Llegó con muchas ganas. Veníamos de un mandato sin un concejal de seguridad, materia que asumió la propia alcaldesa. Colau se llegó a personar en casos contra la Guardia Urbana. Se dudó de esa legitimidad. Se cargó las unidades antidisturbios de la policía. Tuvimos mucha confrontación entre la Guardia Urbana y el Gobierno de Colau. Veníamos de una época que la relación estaba muy deteriorada. La llegada de Batlle se vio como una solución. Generó muchas esperanzas. A partir de ahí todo se ha quedado en palabras. Seguimos con los mismos problemas, sin los recursos materiales necesarios para los agentes, como las táser. 

Uno de los sectores más afectados por la crisis sanitaria es el turismo. ¿Cómo cree que afectará a la ciudad?

Barcelona se mueve por el turismo y por el sector servicios. Ahora nos vamos a dar más cuenta que nunca de la importancia de este sector, a pesar de que algunos se vanagloriaban de que los turistas eran una plaga de langostas que atacaban a Barcelona. Hemos de apostar por ello, y que sea un turismo de calidad. Hay que olvidarse de los sesgos ideológicos que tienen algunos políticos como Colau, que pide acabar con el turismo. ¡Pero si la ciudad vive de eso! Barcelona es una gran capital del turismo, y hay que potenciar aún más la marca Barcelona. 

¿Vía libre al crecimiento del puerto y aeropuerto de Barcelona?

Hemos llegado a un punto de saturación, tanto en el puerto como en el aeropuerto. Pero si realmente tenemos visitantes, ¿será por algo no? Así que lo mejor será intentar acogerlos a todos. Igualmente, también hay que apostar porque el Aeropuerto de El Prat sea un gran hub a nivel intercontinental. Aún falta que esas grandes rutas internacionales pasen por Barcelona. Eso abriría nuevas posiblidades para tener visitantes de calidad. 

Respecto a las elecciones catalanas: ¿ve viable una coalición con Ciutadans como se ha hecho en el País Vasco?

Ir en coalición o no como en el País Vasco es una decisión que debe tomar la dirección nacional del partido. En Cataluña desconozco cuál será la fórmula. Lo que sí está claro es que el escenario es mucho más favorable que en la última contienda electoral. Las últimas encuestas nos otorgan el doble de escaños en el Parlament. Además, en estos momentos tenemos al mejor líder del centro derecha liberal y del constitucionalismo de Cataluña. Con Alejandro Fernández tenemos garantizado un gran resultado electoral. 

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