Barcelona vive uno de sus peores momentos desde que Ada Colau llegó a la alcaldía, en junio de 2015. Desde hace cinco meses, los botellones y los disturbios han ido al alza y han puesto contra las cuerdas al gobierno de Colau y Jaume Collboni. Lo ocurrido el fin de semana de las fiestas de la Mercè, con multitudinarias fiestas callejeras, destrozos y saqueos, fue un punto de inflexión. La ciudad, además, ha tenido un verano negro de suciedad y plagas. Y el ejecutivo local vive en permanente tensión provocada por las discrepancias por la ampliación del aeropuerto, la instalación del Hermitage en la nueva bocana del Port y ahora por la crisis abierta por el Puerta a puerta, el nuevo sistema de recogida de basura, que ahora se ha paralizado.

La dudosa gestión municipal se ha traducido en un suspenso tras otro de Colau como alcaldesa desde junio de 2019. El barómetro municipal, la encuesta que el propio Ayuntamiento hace cada seis meses para evaluar el estado de la ciudad, ha situado la "gestión política municipal", o lo que es lo mismo la administración de Barcelona por parte del gobierno de Colau, en el segundo aspecto que más preocupa a los barceloneses tras la inseguridad.

UN MANDATO CÓMODO SIN APENAS OPOSICIÓN

Sin embargo, a pesar de lo mal llevada que está Barcelona, la creciente impopularidad de la alcaldesa, las críticas y las diferencias entre comunes y socialistas, Colau gobierna con comodidad. Ha tenido dos años de mandato sin sobresaltos. Ahora, parece, que el resto de partidos empiezan a despertar, aunque las diferencias y los clichés son tantos que son incapaces hasta de ponerse de acuerdo para reprobar a la alcaldesa por el incivismo y el vandalismo y mucho menos para montar una moción de censura, una posibilidad que no ha pasado de los pasillos y que difícilmente llegará a nada a pesar de que la aritmética lo permite, con o sin el PSC, con o sin ERC, aunque uno de los dos partidos sí es necesario. Un veterano concejal municipal dice: "No se puede mezclar el aceite con el agua". Y mientras, la que pierde es Barcelona.

Ada Colau, entre Jaume Collboni y Ernest Maragall tras el acuerdo de presupuestos de 2021 / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Colau, entre Collboni y Maragall tras el acuerdo de presupuestos de 2021 / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Metrópoli ha hablado con expertos en comunicación política y politólogos para analizar por qué la alcaldesa gobierna sin apenas oposición y por qué no se echa a Colau del gobierno. Para Xavier Tomàs, asesor en redes sociales y comunicación política, en la ciudad de Barcelona se produce una doble paradoja. La primera es que "pese a tener valoraciones relativamente cortas, sobre todo por el gran volumen de electores que le dan una nota muy baja en los diferentes barómetros, Colau lleva de alcaldesa prácticamente dos mandatos sin demasiados problemas, y se dirige hacia un tercero", opina el experto.

SIN RIVAL CON PERSPECTIVAS DE GANAR

La segunda paradoja que expone Tomàs, que fue responsable de redes sociales de Xavier Trias cuando fue alcalde de Barcelona, es que la oposición tampoco ha desgastado a la líder de Barcelona en Comú. "Aunque la oposición a su gestión existe, y es muy diversificada, tanto sectorial como territorialmente, a nivel político ha tenido seis años bastante tranquilos en el pleno, y los sondeos muestran un nivel de desgaste sólo moderado y, sobre todo, sin un rival con clarísimas perspectivas de ganar en 2023".

Tomàs afirma que esta situación es provocada por distintos factores, pero sostiene que si se analizan los contextos preelectorales de 2007 a 2011 (Jordi Hereu frente a Xavier Trias) y de 2011 a 2015 (Trias-Colau), "se ve una gran diferencia en la intensidad, medios (recursos destinados a la campaña política) y polarización (alcalde-líder de la oposición) entre aquellos mandatos, desde un punto de vista político y de campaña electoral, y los dos de Colau".

Colau, entre Jordi Hereu y Xavier Trias / EFE
Colau, entre Jordi Hereu y Xavier Trias / EFE

OPOSICIÓN MÁS SOCIAL QUE POLÍTICA

A modo de ejemplo, el experto dice que en el último mandato de alcaldía socialista en el Ayuntamiento de Barcelona -Hereu, entre 2007 y 2011-, el jefe de la oposición de entonces, Trias, lanzó hasta siete anuncios en sólo dos años (la mayoría de ellos con publicidad negativa). Y en el mandato del alcalde convergente, la entonces líder de la PAH, Colau, desarrolló una intensísima agenda (y dedicación en exclusiva a Barcelona) de reuniones, actos, campañas en redes sociales (publicidad) y agenda mediática en los años 2013 y, sobre todo, 2014 y 2015. "Dicho de otra forma, mientras la oposición a Hereu (2011) y a Trias (2015), era tanto política como social, la oposición a Colau, tanto en 2019 como en la actualidad, es mucho más social, que política, en el sentido de recursos destinados a la campaña electoral (especialmente en redes sociales), intensidad de la misma y proyección de una alternativa".

La profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia, Astrid Barrio, opina que el gran problema del Ayuntamiento de Barcelona es que hay "una fragmentación del sistema de partidos que hace difícil contraer mayorías sólidas". En ocasiones, explica Barrio, las formaciones incluso eligen apoyar la opción menos mala. Éste es el caso, por ejemplo, de lo que hizo Manuel Valls en la investidura de Colau. El 15 de junio de 2019, tres ediles de la plataforma de Barcelona pel Canvi-Ciutadans votaron a la alcaldesa para evitar que ERC, un partido independentista, gobernara en el consistorio

MÁS ALLÁ DE LA LÓGICA MUNICIPAL

Esta situación de fragmentación hace prácticamente imposible sacar a la persona que es nombrada alcalde o alcaldesa durante todo un mandato. La moción de censura es ahora una posibilidad que se antoja muy difícil a pesar de que los socialistas suman con el resto de fuerzas de la oposición, incluso sin contar con ERC. Colau solo obtuvo 10 concejales, los mismos que los republicanos, y gobierna en coalición con el PSC, que logró ocho. Si los socialistas se pusieran de acuerdo con JuntsxCat (cinco ediles), Ciutadans (tres), Barcelona pel Canvi (dos), PP (dos) y la regidora no adscrita Marilén Barceló sumarían 21 concejales, cifra suficiente para echar a Colau. Si la moción la presentase Ernest Maragall ​(ERC), la suma todavía es más holgada, con o sin el PSC. Sin embargo, la realidad es otra.  

Pleno de Barcelona en el Saló de Cent / EUROPA PRESS
Pleno de Barcelona en el Saló de Cent / EUROPA PRESS

Barrio añade que en el Ayuntamiento, los partidos "no aplican una lógica estrictamente municipal" para alcanzar acuerdos o votar y tienen en cuenta muchas otras variables más allá de la ciudad, como el tema independentista. La profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia no ve diferencias entre Barcelona pel Canvi, Ciutadans o JuntsxCat en algunas cuestiones de ciudad, como la seguridad, pero ni así estas formaciones se ponen de acuerdo, lo que supone una "lógica perversa" que no tiene en cuenta a la ciudadanía.

Para el profesor de comunicación política de la Universitat Pompeu Fabra y de la Barcelona School of Management, Toni Aira, Colau se ha visto beneficiada por la existencia en el Ayuntamiento de Barcelona de una dinámica muy catalana de bloques, la españolista o la independentista. Ella puede situarse en un término medio y obtener en este fuego cruzado el aval de los partidos constitucionalistas y del PSC. El experto sostiene que si se mantienen estos bloques, Colau se puede ver favorecida porque nada de lo que quieran sacar adelante los independentistas tendrá el visto bueno del otro lado. Lo mismo puede suceder al revés. Aira recuerda que ERC ha pactado los presupuestos con Colau y Collboni, pero ha visto que cuando quiere hacer oposición como JuntsxCat "tiene a PSC, Ciutadans o PP delante, para los que Colau es un mal menor".

SIN ALTERNATIVA EN LA OPOSICIÓN 

Aira echa la vista atrás y recuerda que cuando Colau se presentó por primera vez a las elecciones, en 2015, los comunes supieron sintetizar en ella "una causa". "Colau supo captar toda la ola de los movimientos indignados y de toda la crisis financiera. Lanzó la idea de ellos o nosotros. Ellos [los de Trias] eran los que gobernaban. Colau hablaba de la mafia o la casta. Y en Barcelona hubo una ola que se llevó por delante, aunque fuera por los pelos, al gobierno de Trias". Según Aira, para gobernar una ciudad como Barcelona hace falta tener detrás detrás una estructura o una causa y es ideal si se tienen las dos cosas. "Colau, en 2015, tenía las dos cosas. Tenía detrás la estructura de ICV, que era muy potente y había tenido mucho poder en Barcelona, y una causa: Colau encarnaba a aquellos que querían desplazar a los que identificaban como los culpables de la crisis", subraya Aira. 

El abogado Daniel Vosseler quiere ser candidato a la alcaldía / METRÓPOLI - DAVID GORMAN
El abogado Daniel Vosseler quiere ser candidato a la alcaldía / METRÓPOLI - DAVID GORMAN

La gran suerte que tiene ahora la alcaldesa es que no hay nadie en el otro lado -es decir, en la oposición- que sea una alternativa clara. "No hay un liderazgo lo suficientemente potente que se contraponga al de Colau y que tenga alguna causa que no sea la de ser antiColau. El ser antiColau o el "no" a Colau puede servir para desgastar a la líder de Barcelona en Comú. Sirve para poner en evidencia sus errores y contradicciones, pero ser el anti no acostumbra a hacer a uno ganador en unas elecciones. En clave local se pide proximidad y practicidad a lo que se vota. Se necesita ofrecer alguna cosa en positivo y potente que sea una alternativa. Una de las grandes suertes que tiene Colau es que todavía no hay nadie en la oposición que se contraponga a ella y que contraponga un modelo que pueda intentar desplazar su propuesta".

¿UNA CANDIDATURA DE LA SOCIEDAD CIVIL?

Si en la oposición no existe un candidato o candidata que pueda sacar de la alcaldía a Colau, ¿se da esta posibilidad fuera del Ayuntamiento? Por ahora, solo el abogado Daniel Vosseler, declarado antiColau, ha dicho que presentará a las elecciones de 2023 al frente de Barcelona ets Tu. En 2019 lo intentó como plataforma, pero no pasó el corte de las firmas. La impopularidad de Colau ha hecho surgir también el movimiento Barcelona es Imparable, que aglutina a más de un centenar de entidades de la ciudad. Por ahora, Barcelona es Imparable ha hecho público un manifiesto en el que dice que Barcelona debe volver a ser un referente mundial y hace un llamamiento a superar la Barcelona del no. Las entidades tienen previsto concentrarse el 21 de octubre en la plaza de Sant Jaume. Al frente está Gerard Esteva, presidente de la Unió de Federacions Esportives de Catalunya (UFEC). Por ahora, a un año y medio de los comicios, Esteva no ha anunciado su intención de presentarse. 

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