Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y Eloi Badia, el concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica, han hecho bandera de sus críticas a los servicios funerarios de Barcelona. Su discurso, populista, ha silenciado hechos contrastados, como la crisis que se desató en Cementiris de Barcelona (CBSA), de titularidad municipal, tras el hundimiento de 144 nichos en Montjuïc. Mientras promediaba dos millones de euros anuales de beneficios, la empresa descuidó el mantenimiento de sus instalaciones, desvió las ganancias a tapar agujeros y solo bonificó un 2% de sus servicios. “Eloi Badia, el presidente de Cementiris, tiene una gran capacidad para tergiversar la realidad”, desliza Luz Guilarte, presidenta del Grupo Municipal de Ciutadans en el Ayuntamiento de Barcelona.

Los servicios funerarios empezaron a liberalizarse en España a partir de 1996. Dos años después, Mémora compró el 49% de Serveis Funeraris de Barcelona (SFB) y el Ayuntamiento se quedó con el 51% restante. En 2011, el operador privado adquirió un segundo paquete (un 36% del capital) por 63,8 millones de euros y controló, desde entonces, el 85% de las acciones de SFB. Un año antes, en 2010, Mémora había facturado 150 millones de euros y trasladó su sede a Barcelona.

TENSIONES ENTRE OPERADORES

Esta segunda operación contempló también el desembolso de 18,6 millones de euros por parte del Ayuntamiento para controlar el 100% de Cementiris de Barcelona. Hasta 2011, el 49% del capital estaba en manos de Mémora.

Las tensiones entre los dos operadores, el público y el privado, se intensificaron desde la victoria de Ada Colau en las elecciones municipales de 2015 y, sobre todo, desde el nombramiento de Eloi Badia como presidente de Cementiris de Barcelona. Pese a formar parte del consejo de administración de SFB y asumir, año tras año, sus tarifas, los ataques del concejal a Mémora han sido constantes con el objetivo de construir un nuevo tanatorio público. En la capital catalana hay otro operador privado: Áltima.

LA SÍNDICA CUESTIONA LA GESTIÓN DE CBSA

En febrero de 2020, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó la venta del 15% de sus acciones en Serveis Funeraris de Barcelona después de que Badia conspirara para encontrar irregularidades en las facturas de SFB. Sin embargo, ni el Ayuntamiento de Barcelona ni la síndica de greuges, Maria Assumpció Vilà, recibieron denuncia alguna. La síndica, en cambio, sí criticó la falta de transparencia en la facturación de algunos servicios de CBSA. Aseguró en un informe que había encontrado “irregularidades en la prestación de los servicios funerarios por parte de Cementiris de Barcelona”.

Vilà, anteriormente, ya había afeado la conducta de Badia y del entonces director general de Cementiris de Barcelona, Jordi Valmaña, por su gestión del derrumbe de los 144 nichos en el Cementerio de Montjuïc. Los hechos ocurrieron el 15 de septiembre de 2017. Otro camposanto que tiene tumbas en mal estado es el de Poblenou.

IRREGULARIDADES EN MONTJUÏC

Cementiris de Barcelona, según fuentes de la investigación, cometió varias irregularidades tras el hundimiento de las sepulturas. La empresa municipal ignoró las grietas detectadas dos días antes, no avisó al forense ni a los bomberos tras el derrumbe y mezcló restos de cadáveres. Los responsables de CBSA también abrieron tumbas de fallecidos dos años antes del incidente, sin comunicación previa al juez ni a las familias. “No avisamos a los bomberos porque no lo consideramos oportuno”, deslizó Valmaña.

El cementerio de Montjuïc, tras el derrumbe de 2017
Estado de las sepulturas del Cementerio de Montjuïc tras el derrumbe de 144 nichos

El hundimiento de 2017 no era el primero que sufría el Cementerio de Montjuïc. El 13 de octubre de 2005, el mismo camposanto sufrió un derrumbe de 50 nichos. En aquella ocasión, los féretros quedaron a la vista, pero no los cadáveres.

VALMAÑA, UN DIRECTOR OSCURO

Badia y Valmaña esquivaron cualquier responsabilidad y se disculparon con la boca pequeña ante las familias afectadas. Colau optó por el silencio. “La alcaldesa, que es tan activa en Twitter, no ha dicho nada. ¿Dónde está Colau en la crisis de Cementiris?”, preguntó Sònia Recasens, entonces concejala portavoz adjunta del PDeCAT. Guilarte, de Ciutadans, añade: “Colau es incapaz de pedir una disculpa”. El malestar de ambas es compartido por las familias afectadas. “Todavía estamos pendientes de recibir alguna indemnización. Han jugado con el dolor de muchas personas”, lamenta Cristina García.

El hundimiento de Montjuïc constató la falta de mantenimiento de los cementerios municipales y la gestión de sus responsables. El incidente fue el principio del fin de Valmaña, el eterno director de CBSA, a quienes sus colaboradores califican como “una persona oscura, nada transparente y muy reservada”. “Su capacidad de resistencia fue increíble. Independentista, fue el director de Cementiris con el PSC, con Convergència y con los comunes. Su gestión fue muy opaca”, añade otra fuente del sector.

BENEFICIOS ANUALES

Cementiris de Barcelona promedió dos millones de euros anuales de beneficios, una cantidad que Alberto Fernández Díaz, expresidente del grupo municipal del PP, lamentó que “no se invirtiera en obras de mantenimiento de sus instalaciones. “El hundimiento de las sepulturas de Montjuïc se podía haber evitado”, insiste Fernández Díaz, quien califica de “hipócrita” a Colau: “La alcaldesa practica un doble discurso. Mientras reclama entierros low cost en Barcelona, obtiene high beneficios y fiscalidad con Cementiris. Barcelona es la ciudad más cara para vivir y para morir”.

jordi valmaña
Jordi Valmaña, ex director general de Cementiris de Barcelona, en el Cementerio de Montjuïc

“El hundimiento de Montjuïc se debió a una dejadez absoluta de las instalaciones de Cementiris de Barcelona. Hubo avisos previos pero no se tomaron medidas. Desgraciadamente, hay mucha improvisación. Es inconcebible que pasara en una sociedad avanzada”, expone Guilarte.

Los argumentos de Fernández Díaz y Guilarte son asumidos por expertos del sector. “Durante muchos años, los beneficios de CBSA se han repartido como dividendos al Ayuntamiento de Barcelona. Y el consistorio ha exprimido estos beneficios para tapar agujeros y financiar otros temas”, explica una persona conocedora de las cuentas de la empresa municipal. El PP, muy crítico con la gestión de Valmaña, presentó una denuncia por el reparto de los beneficios de la empresa municipal, que a partir de entonces destinó “el 100% de sus beneficios a reservas”.

GASTOS DE MANTENIMIENTO

Cementiris de Barcelona, según otro informe de la síndica de greuges, gastó 10,2 millones de euros en trabajos de mantenimiento en el Cementerio de Montjuïc, entre 2006 y 2016. En ese mismo periodo, la empresa municipal ingresó más de 21 millones de euros por las tasas de 152.774 sepulturas.

Valmaña, muy comedido con los trabajos de mantenimiento de los cementerios municipales, se mostró mucho más generoso con las nuevas oficinas de CBSA y con algunos gastos de representación. Metrópoli Abierta tuvo acceso a siete tíckets de comida, de 2017, del entonces director. El más barato, por una comida para dos personas en la Taberna Alkazar de Valencia, costaba 94,80 euros. El más caro ascendía a 214,95 euros y fue el importe de una ágape de cinco personas en el restaurante Agua del Port Olímpic, uno de los preferidos de Valmaña. Los siete tíckets sumaban 913,7 euros y el coste medio por persona y restaurante era de 48 euros.

SERVICIOS BONIFICADOS

Badia nunca cuestionó los gastos de Valmaña mientras torpedeaba la gestión de Serveis Funeraris de Barcelona y Áltima, el operador privado que gestiona el tanatorio de la Ronda de Dalt. El presidente de CBSA también ha silenciado sistemáticamente que solo el 2% de los servicios de la empresa municipal están bonificados o son gratuitos, un porcentaje inferior al de sus competidores.

Cementiris de Barcelona, según datos oficiales de la misma empresa, gestionó 16.141 servicios en 2017 y solo 329 fueron bonificados o gratuitos. En 2018, la compañía municipal prestó 15.470 servicios y solo 385 estuvieron exentos de pago o fueron bonificados.

EL AYUNTAMIENTO COBRA LAS TASAS

En plena crisis por la pandemia del coronavirus, el pasado 23 de marzo, el Ayuntamiento cobró las tasas de cementerios a los barceloneses. El precio de los tributos de 2020 se ha duplicado respecto a 2019.

Eloi Badia, nuevo concejal de Emergencia Climática de Barcelona / AYUNTAMIENTO
Eloi Badia, presidente de Cementiris de Barcelona, en un acto público

El precio de un servicio que en 2019 era de 16,89 euros ha subido hasta los 32,23 euros de este año. Otro ciudadano que hace un año pagó 132,27 euros, recientemente ha abonado 253,46 euros por idéntico concepto. El importe de las tasas varía en función del número de nichos o compartimentos que tenga una familia.

COLAPSO POR EL CORONAVIRUS

Badia, no obstante, presionó días después para que la Generalitat aprobara un decreto que rebajara el precio de los servicios funerarios durante la propagación del coronavirus. El concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica pidió una reducción en los importes de los servicios que prestan Mémora y Áltima, pero mantuvo los precios de los entierros, gestionados por CBSA.

El nerviosismo de Badia responde al colapso sufrido por los cementerios de Barcelona por la pandemia del coronavirus. En su comparecencia del 27 de marzo, el concejal anunció que el Ayuntamiento de Barcelona pondrá en funcionamiento un quinto horno crematorio por el colapso que sufren las actuales instalaciones municipales.

LOS FIASCOS DE BADIA

La actual saturación se ha agravado porque, en mayo de 2019, la Generalitat exigió el cierre del crematorio de Collserola por razones medioambientales. En dicha instalación se incineraban unos 4.000 cuerpos diarios y su cierre debía ser compensado con la apertura de un tanatorio-crematorio en Sant Adrià del Besòs, que gestionará Áltima. En Barcelona, Cementiris tiene el monopolio de la cremación.

En los días más complicados, el Ayuntamiento de Barcelona ha recurrido a los bomberos para reforzar el personal de Cementiris. Dos años y medio antes, sus responsables ignoraron al mismo cuerpo cuando se detectaron las primeras grietas en Montjuïc y en las horas siguientes al hundimiento de 144 nichos en Montjuïc. Este capítulo, probablemente, es el más bochornoso de la controvertida historia de Cementiris de Barcelona y uno de los grandes fiascos de Badia, que también se estrelló con la remunicipalización del agua y predica las bondades del ecologismo mientras circula con uno de los coches más contaminantes de Barcelona.

Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.