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Ante la previsión de próximas elecciones en Cataluña, partidos políticos, organizaciones, plataformas y asociaciones diversas han comenzado a moverse para situarse en la casilla de salida. Especialmente importante es el segmento nacionalista, donde se dirime la defunción del propio proceso independentista si el bloque soberanista no gana las elecciones. Y es en este sector donde más movimientos hay: diversas organizaciones catalanistas están convergiendo para crear una gran fuerza de centro y centro derecha con el fin de restar votos al independentismo (atrayendo a los votantes que no están de acuerdo con la unilateralidad y la polarización) y provocar un vuelco electoral que acabe con la crispación.

Ese movimiento ha provocado que fuerzas como la Lliga Democràtica y Lliures planeen fusionarse en un congreso a finales del próximo mes de marzo, mientras mantienen conversaciones con otras fuerzas, como Convergents (del exconsejero Germà Gordó), Units per Avançar (de Ramon Espadaler, que ha recogido la esencia de Unió Democràtica) o dirigentes críticos del PDeCAT, de Ciudadanos y del PP.

RENIEGAN DE ÉL

En esta estrategia se situaba, hasta no hace mucho tiempo, el concejal Manuel Valls, que integra el grupo de Barcelona pel Canvi en el consistorio barcelonés. Valls llegó como cabeza de lista de Ciudadanos, pero pronto rompió amarras con el partido naranja y siguió su propio camino, desgajándose del grupo municipal junto a su mano derecha, Eva Parera. Algunos de los que impulsan el nuevo proyecto se incorporaron, en un primer momento, a sus filas, pero ahora reniegan de él y tratan de alejarse de su influencia, provocando que el concejal que llegó como gran esperanza blanca en 2017 se quede ahora más solo que la una.

Valls tenía diseñada una estrategia cuya meta era la recomposición de una gran fuerza constitucionalista que se enfrentase al bloque independentista. Su primer paso era acceder al Ayuntamiento de Barcelona y, desde allí, dar el salto a la Generalitat para poder optar, en un futuro, a integrarse en la política nacional.

UNA ESTRATEGIA DIFERENTE

Pero nada le está saliendo como había previsto. Todo estaba milimetrado y todo ha saltado por los aires. En la gran creación de la centroderecha catalanista “no está ni se le espera”, según cuenta a Metrópoli Abierta uno de sus impulsores. Esta fuente explica que “hay que mirar las cosas desde otro prisma. Valls llegó en la lógica de un constitucionalismo duro, pero se ha demostrado que ese bloque no suma. En estos momentos, hemos de pensar en cambiar el chip y en comprender que la cuestión no está en echar al independentismo, sino en hacer otras mayorías”.

Esas mayorías exigen, aseguran, abandonar la línea dura que propugna Valls y aliarse con el nacionalismo moderado. “Se trata del nacionalismo que, como hizo Convergència i Unió en su momento, no jugaba a los extremismos y apostaba por influir en el Gobierno de España. Tenemos que tender puentes con ese nacionalismo para recuperar para ese segmento los votos que se fueron hacia el radicalismo independentista, porque muchos ciudadanos votan JxCat o ERC porque no tienen nadie más a quien votar en el sector nacionalista”, arguyen las fuentes citadas.

MARCADO EN EL AYUNTAMIENTO

El ex primer ministro francés quedó marcado con su actuación en el Ayuntamiento barcelonés, según esta fuente. “Su equipo no es fácil. Y su trato personal, tampoco. Además, se ha demostrado que no cumple los pactos. En estos momentos, nadie quiere saber nada con él”.

De hecho, cerradas las puertas en Ciudadanos, en el PP tampoco se cuenta con él, según confiesa a este diario un alto cargo popular. “Valls es Valls. No hemos tenido contactos con él o con su equipo y no entra dentro de nuestros planes tenerlo como aliado en unas elecciones próximas”, añade ese dirigente. Y los socialistas le consideran un político ajeno a sus planteamientos. “Nosotros estamos servidos. Tenemos un muy buen equipo en Cataluña y no esperamos que tenga cabida en nuestro proyecto. Y, por lo que sabemos, en el PSOE tampoco cuentan con él”, ironiza por su parte un alto cargo socialista.

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