Manuel Valls Galfetti (Barcelona, 1962) ha demostrado en lo que lleva de concejal en el Ayuntamiento de Barcelona que es un político diferente. Leal y dispuesto a pelear bajo unas normas de fair play, detesta el juego sucio y los bajos fondos de la política, unos vicios arraigados en nuestro país. Quizá por ello se muestra tan dolido por la reprobación del último pleno del Ayuntamiento de Barcelona contra Francia por la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el desalojo de un campamento de personas de etnia gitana en 2013. Le dolió, especialmente, que el PSC de Jaume Collboni votara a favor de la declaración institucional propuesta por ERC. Ese texto, que no repercute para nada en la vida de los barceloneses, le ha costado a Collboni la pérdida de un aliado, en lo personal y en lo político, y será él quién tenga que evaluar los costes a largo plazo.   

En esta segunda entrevista con Metrópoli Abierta [ver la primera aquí], Valls desvela algunas claves de su futuro, como el portazo definitivo a un salto a la política catalana. La ventana que sí mantiene abierta Valls es su posible regreso a Francia, una opción que lleva tiempo sonando con fuerza en la prensa española y francesa. 

¿Se siente dolido por la reprobación del pleno del Ayuntamiento a raíz de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) contra Francia, o es un tema olvidado?

No lo puedo olvidar ni lo olvidaré. Sobre todo la firma de Jaume Collboni y del PSC en la declaración institucional, que califica la República Francesa como un ejemplo del peor nacionalismo excluyente en Europa. Ya sé que en política, y sobre todo en Barcelona, las declaraciones pasan como si todo esto no tuviera importancia. Pero es una gran irresponsabilidad haber apoyado esa moción de ERC y, además, sin haber leído o entendido la sentencia del tribunal, que en ningún caso justifica ese ataque a Francia.

Me dolió más el ataque a Francia que el intento de atacarme a mi. El pleno se convirtió en un tribunal inquisitorial al limitar la defensa del acusado a un solo minuto. Al representante de ERC se le permitía hacer pedazos el reglamento con total impunidad. Y eso Colau no supo o no quiso gestionarlo como debiera.

Parece que está dolido por el papel de Jaume Collboni.

Para mí representa una ruptura política y personal con Collboni, que además ha demostrado que no tiene talla de líder. En momentos como ese tiene que saber decir que no.

Unirse a ERC en una declaración que es una mentira para atacar a Valls porque hace un año dio sus votos sin condiciones es una falta de elegancia en política. Yo haré siempre mi trabajo en interés de los barceloneses, colaborando con el gobierno municipal en acuerdos importantes. Pero la visión estrecha y de partido les ha llevado a un comportamiento pésimo. Yo no tengo la piel fina. Estoy acostumbrado a esos ataques, pero atacar a Francia a través de mi persona es una vergüenza.

¿Su divorcio con Jaume Collboni también afectará a su relación con el PSC y el PSOE o es algo más personal con él?

Lo que pasó el viernes es muy grave. Más allá de ser un tema personal con Collboni, es un asunto con el PSC, claramente. Iceta estaba al corriente de esta iniciativa y no pudo hacer nada. La historia socialista es parte de mi familia política, pero esto supone una ruptura política.

¿Se arrepiente o corregiría algunas de las cosas que se hicieron en el desalojo de ese campamento o cree que se hizo todo correctamente?

Es muy extraño que desde España los responsables políticos cuestionen lo que pasó en el país vecino. Cuando empezaron los desalojos, con Sarkozy como presidente de Francia, Zapatero no dijo nada y Rajoy, tampoco. Y cuando Pedro Sánchez venía a visitarme a Francia tampoco me habló del tema. Ser ministro del Interior es una responsabilidad complicada y por eso se tiene que respetar el Estado de Derecho, la separación de poderes y no mentir. Son momentos complicados. No solo respeto las decisiones de todos los tribunales, sino que asumo lo que se hizo por razones de dignidad humana. La sentencia dice claramente que se trataba de ocupaciones ilegales en unos terrenos municipales cuyo Ayuntamiento --comunista, por cierto-- pidió esa intervención. 

Lo que dice muy bien la sentencia es que el procedimiento no fue perfecto. Aún así, había un protocolo social muy importante. Algunas familias se realojaron en vivienda social, otras regresaron de forma voluntaria a sus países, y otras fueron expulsadas porque estaban en una situación irregular. Yo no me arrepiento de nada. Se pueden hacer las cosas mejor, pero aprovechar una sentencia que habla solo de este tema para tratar de ensuciar el honor de alguien que siempre ha sido un servidor público como yo es insoportable.

Manuel Valls responde a las preguntas de 'Metrópoli Abierta' / MA

¿Dónde se ve usted dentro de cuatro años: en Francia, en España...?

Yo he hecho un cambio al volver a Barcelona, la ciudad en la que había nacido con mi familia. Estoy muy feliz aquí. Mi madre y mis hijos viven en las afueras de París. Por mi pasado en Francia participo en foros internacionales y debates, pero mi base hoy está en Barcelona. Dentro de cuatro años no lo sé. Yo aspiro a una vida equilibrada, siempre activa, pero esto no pasa por ser candidato o nuevas responsabilidades. Quiero que mi experiencia como hombre de gobierno sea lo más útil posible en todos los niveles.

Ahora que lleva un año como concejal, ¿cómo valora la política barcelonesa en comparación con Francia?

Aquí hay dos cosas que me parecen graves y que son parte de la crisis política que vivimos: un protagonismo excesivo de los partidos y, por otra parte, el papel de los medios de comunicación.

Tenemos un sistema de partidos heredado de la Transición muy cerrado que impide a hombres y mujeres expresarse libremente. Es lo que sucedió en el pleno del viernes. Algunas personas del PSC no estaban de acuerdo con lo que pasaba pero no lo podían expresar. Además, aquí los partidos se reparten los puestos de trabajo, lo que deriva en una falta total de neutralidad en la administración.

La otra cuestión, y no es un tema solo español pero sí está muy presente en Cataluña, son los medios de comunicación. La polarización política la acentúan ciertos medios, y la vinculación de éstos con la política es muy potente. Que sea en los públicos me parece casi normal, pero es insoportable en TV3 y también en TVE. Pero es que además sucede lo mismo con algunos medios privados.

Usted se ha mostrado muy crítico con la relación entre el Gobierno de Ada Colau y las empresas de Jaume Roures.

Denunciamos la relación particular del grupo Mediapro con el Ayuntamiento de Barcelona y vamos a continuar preguntando sobre la vinculación del grupo con el gobierno municipal. Es contrario a las normas éticas del gobierno.

Valls consulta sus apuntes mientras contesta para 'Metrópoli Abierta' / MA

Los gobiernos de Colau se han caracterizado por hacer un uso un tanto abusivo de los contratos menores a dedo. ¿Le sorprende el uso de esta figura?

Sí, claro, de los contratos de personas y de contratos menores a dedo. Existe, pero para ser justos, no pasa únicamente en Barcelona y en España. Se acusa mucho a Francia de ser jacobina, pero ahí hay una mayor independencia de la administración y más capacidad de control sobre el Estado.

Aquí hay gente que habla de democracia participativa, de los vecinos, del control ciudadano, y luego se comportan bajo las reglas de la vieja política. En eso son contrarios a la ética y a lo que piden los ciudadanos. Se lo digo a Colau, Collboni y Grande-Marlaska: cuando no hay transparencia, cuando no hay separación de poderes, cuando se usa la administración o los medios por sus intereses personales, se debilita a la democracia.

Se ha especulado mucho sobre un posible salto de su partido, Barcelona pel Canvi, a la política catalana. ¿Se ve como presidenciable a la Generalitat?

Encuentro muy bien que Eva Parera, Fernando Carrera y otros vayan trabajando en Barcelona y Cataluña preparando el futuro. Pero la idea de que yo sea candidato a unas elecciones en Cataluña no está entre mis planes. No veo en unas elecciones catalanas una candidatura propia de Barcelona pel Canvi. Sería dividir un poco más el constitucionalismo. ¿Cuál sería el propósito? En cambio, sí que tenemos que ayudar a que el constitucionalismo, con su visión de Catalunya integrada en España y Europa, sea siempre posible. 

¿Cree que este proyecto puede tener recorrido en Barcelona?

Es muy temprano todavía. Nuestro mensaje es siempre muy útil sobre la economía, la cultura, la movilidad, la gran Barcelona, la relación con Madrid, el constitucionalismo y Europa. Este mensaje es el central. Solos no podemos ganar ni ser eficaces.

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